LA PLACENTERA IDEA DE CAROLINA (parte 2)

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LA PLACENTERA IDEA DE CAROLINA (parte 2)

(Continuación)

 

Victoria se echó a reír y respondió:

—Con suavidad, eh.

Armando estaba excitado al máximo. Su polla se mantenía erguida mientras se acercaba a la cama. Victoria tenía unas delicadas tetitas muy tiesas y esféricas por completo, de pezones rosados. Allí sentada, el acaracolado vello púbico rubio visible, bajo el cual rezumaba el flujo que su erotismo desbordado hacía manar gota a gota, espeso y translúcido, denotaba la tensión sexual con un rubor sexual que encendía sus mejillas. El miembro masculino estaba tan tieso que al acercarse al lecho prácticamente ni se balanceaba.

Victoria observó con deleite aquella verga que su hermana ya había disfrutado y se moría de ganas de acariciarla, apretarla entre los dedos de su mano, deslizar el prepucio, oler el mástil de carne con las venillas azuladas y gruesas como cordones, besar el capullo enrojecido por la tensión, pasar la punta de la lengua por él y meterlo entre sus hambrientos labios horizontales..., hasta que el oscuro vello púbico masculino se apretara contra su nariz y las pelotas grandes, rugosas y duras del amigo de su hermana mayor se estrellaran contra su mentón.

Carolina regresó con cuatro cinturones y con ayuda de Armando sujetó con suavidad a su hermana a la cabecera y pies de la cama. Carolina se retiró unos pasos y pasó a ser voyeur del disfrute de Victoria y Armando..., aunque ella misma llevaba un rato de sensaciones libidinosas recompensantes.

Armando besó los labios de Victoria. Sus labios se apoderaron de los de ella; su lengua penetró en la cavidad caliente; las salivas mutuas se intercambiaron; Victoria sujetó la lengua de el con la suya acaracolada y la mordió ansiosa. Armando dejó caer un reguero de saliva en la boca de ella, que tragó sonoramente. Después fue descendiendo por el cuello hasta besar las cúspides endurecidas y tersas de las mamas, que introdujo apretando las esferas carnosas casi completamente en su boca. Jugó a apretar los pezones consecutivamente en suaves e inofensivos mordisquitos.

Ella jadeaba con ritmo creciente. Entonces, Armando, dando muestra de su experiencia de amante, sobó los dos senos al mismo tiempo, apretando, soltando, haciendo círculos con la carne, pellizcando los pezones rosados hasta que se encendieron con un suave tono rojizo. Los volvió a saborear y dejó caer un par de chorrillos de saliva cálida y espumosa, y jugueteó con ellos. Mientras, los labios vaginales de Victoria se empapaban de fluido vaginal.

Carolina observaba la escena presa de la lujuria ardiente. Se metió la mano por dentro de la falda y comprobó que su propio coño estaba tan chorreante como el de su hermana. Palpó el interior del conducto y se acarició el clítoris endurecido; volvió a introducir el dedo en el coñito, hasta lo más profundo, que no pudo meterlo más. Lo extrajo lleno de flujos, lo llevó a su nariz y de allí a la boca, donde se saboreó a sí misma. El índice se hundió por tercera vez y echando a un lado el tanga comenzó a manosear la dura bolita carnosa.

Victoria jadeaba intermitente-mente, siguiendo las artes manipuladoras y bucales de Armando. Cuando éste besó el irregular orificio del ombligo gimió, y a continuación se agitó, estirando los miembros atados, elevando el pubis y ronroneando como un satisfecho gatito.

Él acarició los rizos rubios del felpudo y, a la vez que besaba el suave manto velludo, dibujó con sus dedos los labios vaginales, el corte entre ellos; los apretó y recorrió el espacio entre la raja y el orificio trasero de Vicky, quien exhaló un sorprendido vahído. Él con experiencia hizo caricias delicadas en el anillo pequeño y cerrado del culo; el ojete cedió levemente. Se chupó el dedo y lo dirigió de nuevo al huequecito, que tras unos sabios círculos del índice, se dejó penetrar.

Armando jugó a follar despacito la cuevecita prieta. Victoria gemía y jadeaba disfrutando la inesperada y delicada penetración anal. A continuación, él se inclinó ante el coño y abrió la famélica carne completamente mojada. Los pétalos se abrieron entregados a aquellos dedos certeros.

Carolina, con una fuerte calentura ante lo que veía con fruición, se desprendió completamente del tanga para manipular cómodamente su fruto erecto. Ante sí, arrodillado frente al chocho anhelante de su hermana, tenía a Armando, echado de bruces sobre el humectante chocho y aquellos labios dilatados por el deseo de ser penetrados. La vista del trasero del hombre, en medio del cual se vislumbraban los grandes testículos colgando la enardeció todavía más, y sus dedos frotaban el capullito violado de arriba abajo.

Al tiempo que Armando iniciaba un cunnilingus en Victoria, ella se aproximó a él por detrás y encontró los huevos del hombre. Sin dejar de restregarse el coño, gozando del placer que su excitadísimo clítoris, empezó a sobar los hinchados testículos cargados de esperma. Armando giró un instante la cabeza y los dos cruzaron una vidriosa mirada ardiente.

Victoria gemía entre los lametones de la lengua experta del hombre, que alternaba el chupeteo y las lamidas con potentes penetraciones de su lengua, haciendo las delicias de Vicky, que se retorcía entre las ataduras.

Carolina subió el antebrazo hasta alcanzar la polla. Al hacerlo rozó la lengua y la carne abierta, babeante de fluido vaginal que empapaba la entrada de la vagina de su hermana y ensalivada por los lametones de Armando. Sus dedos se impregnaron del aquel copioso y doble líquido de la pasión. Desenfrenada, comenzó a masajear su propia boquita de entrada, sedosa por su propio flujo, la acercó a su boca y luego dejó resbalar una cortina de saliva en la palma, volvió a agarrar la polla y comenzó a masajear el duro falo erecto y el glande. Él gimió, confundiendo sus sonidos con los de Victoria.

Carolina continuó hasta que notó las pequeñas sacudidas del miembro, que anticipaban el clímax, y lo soltó, cuando ella misma alcanzó el clímax. Entre gemidos incesantes se frotó el higo abierto y lleno de fluido vaginal hasta que estalló en un fuerte orgasmo.

Por su parte, Victoria, que no podía ver a su hermana pero adivinó que no pudo resistir la lujuria y se estaba pajeando como espectadora, reclamó:

—¡Fóllame, fóllame ya!

(Continuará…)


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