Mi amiga Rosario me visita para que hospede a su hijo en mi casa
Por roberto8
Enviado el 05/02/2026, clasificado en Adultos / eróticos
212 visitas
Me llamo Carmela, estoy divorciada, tengo 43 años y trabajo y vivo en Toledo.
Soy de piel morena, mido 1,80, pelo largo castaño, ojos marrones, tetas medianas y culo algo prominente, redondo pero bien formado. Me conservo relativamente bien, según los comentarios de mis amigas.
Hoy he recibido la visita de una antigua amiga de mi niñez y juventud, Rosario, de la que hace ya muchos años que no tenemos contacto, desde que se casó y se fue a vivir en un pequeño pueblo, lejos de esta ciudad, hace ya 25 años.
Al abrir la puerta me quedé muda y desconcertada, por lo inesperado de la visita. Reaccioné dándole un fuerte abrazo y un par de besos en las mejillas, yo me puse muy contenta y notaba que ella también, aunque estaba algo distante.
Le ofrecí un café y nos sentamos en el sofá para ponernos al día de nuestras vidas.
Ella es de piel clara, mide 1,70, pelo claro corto, ojos azules, delgada, tetas pequeñas en punta y culo paradito.
Fui a darle un beso en la boca y se retiró un poco.
- Las cosas ya no son como antes, estoy casada y tengo una familia, me dijo.
- ¿Y qué problema hay para expresar nuestro cariño?, le contesté.
- Parece que ya no recuerdas la relación que tuvimos, que juntas nos iniciamos en el sexo aún adolescentes. Que muchas noches dormíamos y disfrutábamos juntas en pelotas, no creo que lo hayas olvidado.
- No, me contestó, pero ahora estoy en otra onda diferente. Mi marido quiere que yo le sea fiel todo el tiempo.
La miré fija a los ojos y mientras le acariciaba el pelo le dije que no me creía que ya no sintiera nada por mí, a pesar de los años transcurridos.
-Yo te aprecio bastante, pero no como en nuestra juventud, que ya pasó, ni como tu querrías, me dijo.
-Me aprecias bastante, pues muy bien. ¿Y que te trae por aquí?, le pregunté en tono bastante seco.
-Pues tengo un hijo de 18 años, se llama Raúl, que este año viene a estudiar a esta ciudad y no encuentra alojamiento, pues están escasos y los pocos que hay los precios están por las nubes. Ahora se está quedando en un hostal.
Quería pedirte si podrías alojarlo en tu casa de lunes a viernes durante el curso. A cambio como pago yo te traería cada semana frutas, verduras, huevos y algún pollo de mi finca.
-Por supuesto que sí, aunque tu a mí me aprecies yo a ti te quiero y considero de la familia. Y yo por mi familia lo doy todo.
-Me tengo que ir, para no llegar muy tarde al pueblo, me dijo.
La acompañé hasta la puerta de la calle, pero estaba cayendo una tromba de agua.
-Así no te puedes ir, es un peligro conducir con esta tormenta.
Te puedes quedar en casa esta noche y mañana temprano regresas a tu pueblo.
Lo dudó, pero al final aceptó. Subimos de nuevo a casa y le ofrecí darse un baño antes de ir a la cama.
Rosario entró al baño y al momento entré yo con las toallas y un albornoz para ella. Estaba desnuda y en la ducha. Yo, ni corta ni perezosa me desnudé y entré también a la ducha, quedándose ella un poco descolocada, pues no se lo esperaba.
-¿Me dejas que te enjabone la espalda? le pregunté. Ella asintió.
Comencé con la espalda, seguí con sus piernas y finalicé con sus glúteos, que lo hice más lentamente. Yo estaba disfrutando de las caricias a su culo, con ganas de taladrar ese agujerito con mis dedos y pasarle la lengua para saborearlo, pero no me atreví.
Luego ella me pidió si podía enjabonarme a mí. Lo estoy deseando le contesté.
Enjabonó mi espalda, mis piernas y cuando tenía las manos en mi culo le dije que lo enjabonara bien todo. Comprobé que ella estaba empezando a disfrutar, incluso uno de sus dedos se le escapó hacia mi agujerito, lo que hizo que yo soltara una exclamación de agrado y ella se frenara. Le dije que no importaba, que continuara, estuvo un momento más y finalizó.
- Ya no puedo aguantar más, donde hubo siempre queda, me dijo y se levantó y acercó a darme un beso en los labios.
Nos abrazamos fuerte sin despegar nuestros labios durante varios minutos mientras el agua de la ducha caía sobre nosotras. Nuestros pechos en punta, apretados unos contra otros y nuestros pubis que también se rozaban.
-Esto debería ser besos bajo la lluvia, le dije riendo
Cerró la ducha y llevó su boca a una de mis tetas y comenzó a chuparla mientras con su mano amasaba la otra.
-Una vez me dijiste que estarías chupando mis tetas hasta que saliera leche. Pero cuando la tuve no estabas.
-Pero lo que si te puedo ofrecer es un poco de crema.
Acto seguido agarré su cabeza y la empujé hasta mi pubis. Arrodillada en el suelo chupaba mi vagina sin parar, su lengua llegaba a mi clítoris que sabía activar a las mil maravillas.
-¡Dios santo! si, siii me corro!
Luego nos secamos una a la otra y pusimos los albornoces.
-Vamos a la cocina a comer algo antes de acostarnos le dije.
Comimos como dos enamoradas, mirándonos y acariciándonos sin parar.
La agarré de la mano para ir al dormitorio.
-Esta noche dormiremos juntas y desnudas como en nuestra juventud, le dije.
-Por supuesto, que buen plan, dijo.
-Ahora me toca a mi complacerte, no sé si lo haré también como tú, le dije.
La empujé sobre la cama y le abrí las piernas, para dejar su coño bien a la vista.
Comencé a comerme su vulva, introduciendo mi lengua por todos sus pliegues, y mis dedos acompañaban para estimularla aún más.
-Que caliente me pones, ya había olvidado estas sensaciones, que bien sentir tus labios y lengua en mi más íntimo secreto, dijo, al momento gritaba que se corría.
Me dijo que yo hoy la había rejuvenecido 25 años.
-Yo también tengo 18 años ahora, y nos reímos las dos.
- Has revitalizado mi cuerpo, que sensualmente estaba bastante dormido, pues mi marido hace años que no lo atiende como corresponde, me dijo.
-Estaré cada semana ansiosa de que llegue el viernes, para venir a traerte la cesta de frutas y verduras, recoger a mi hijo,... y estar un rato contigo a solas, besándonos y queriéndonos.
Nos abrazamos para dormir, sintiendo su aliento en mi cara, con una de sus manos acariciando mi culo y otra agarrada a mis tetas.
A las 7 de la mañana me desperté y tenía la boca de Rosario, en uno de mis pechos. Se había dormido chupándolo.
-Ven conmigo quiero que hagamos un 69, antes de irme, me dijo al despertarse.
-Lo estoy deseando, le contesté, y me tiré a sobre ella a comerme su coño y ella el mío.
Nos corrimos casi a la vez, que seguro algún vecino oyó, pues no nos cortamos a gritar al llegar al orgasmo.
Tras desayunar nos despedimos hasta la próxima semana y me dio el teléfono de su hijo, que vendría al día siguiente.
Continuará.
Comentarios
COMENTAR









¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales