Nuestras etapas como matrimonio swinger 2

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
76 visitas

Marcar como relato favorito

Ya viviendo en los USA empezamos a ver qué podíamos hacer para mantener la vida sexual tan activa que teníamos, no sólo como pareja sino cogiendo con otras personas. Desde el inicio vimos que no sería tan fácil siendo nuevos en la comunidad, así que se nos ocurrió ir a porno shops... y allí, además de juguetes y videos, encontramos periódicos (no había internet en ese entonces) con anuncios de personas y parejas buscando sexo... y escribimos (por correo ordinario y a PO Boxes) a los anuncios que nos interesaron y que mostraban fotografías de gente atractiva (en blanco y negro y de pésima calidad por la impresión del periódico... y eran fotos en 35mm o Polaroid... no había cámaras digitales). Algunos nos respondieron y otros no... y así iniciamos intercambios de mensajes y cartas y de fotos desnudos (sin mostrar la cara) ... era muy excitante ir al buzón y ver si había respuestas. La mayoría de personas no fueron de nuestro agrado o eran hombres casados y que sus esposas no sabían de su deseo por coger con alguien más o no deseaba hacerlo... y odiamos que nos quisieran "engañar" o dar excusas tontas o puras mentiras para "justificar" que sus esposas no cogerían y que no sabían de sus gustos o de que nos escribían.

Y ante la frustración de recibir solo respuestas y propuestas de mentirosos, encontramos algo muy excitante, diferente y que nos gustó mucho... los glory holes en las tiendas porno. La primera vez que entramos en esas pequeñas cabinas que tienen hoyos para meter la verga y que apestan a sexo rancio... fue muy excitante... y más cuando salió la primera verga (nunca la olvidaremos) ... recta, circuncidada, rosada, de tamaño muy normal y olía a jabón. Mi esposa no perdió tiempo tocándola y acariciándola y pronto empezó a sacar precum y ella jugó embadurnándolo en sus dedos, oliéndolo y poco a poco lamiendo esa verga, hasta que se la metió hasta adentro y le dio una mamada deliciosa... y también la lamía por los lados como si fuera un helado. Y por supuesto que también la compartió conmigo (ella sabe que me vuelve loco mamar vergas... y cuando son "nuevas" mejor... y en este caso era todavía más excitante porque era de un completo desconocido). Y mi mujer no sólo mamó esa verga sino también se la metió entre la panocha... se desnudó y dejó que el desconocido metiera su mano por el hoyo y la tocara toda... se notaba que era una mano de un hombre joven, blanco, de piel suave, uñas bien cuidadas... y le agarró las tetas, y le metió varios dedos entre la panocha y también uno dentro del culo... y cuando la verga volvió a aparecer en el hoyo, mi mujer, desnuda, se puso de espaldas a la pared, retrocedió y se dobló un poco... y la verga quedó justo en su panocha y ella se la fue metiendo poco a poco... era la primera verga de un desconocido (después siguieron bastantes más) y la disfrutó como nunca... mi mujer estaba loca sintiendo esa verga y sabiendo que era de un hombre que no conocíamos... ni le habíamos visto la cara... era algo surrealista. Y yo, por supuesto que también gozaba como loco. Cuando el hombre empezó a gemir y gritar y a meter muy duro y rápido su verga, mi mujer se la sacó, se hincó y se puso a mamar y a pajear la verga... y en segundos tuvo la cara y la boca llena de semen... muy blanco... muy caliente... muy oloroso... y en una cantidad que nunca antes habíamos visto (sólo en películas porno) ... soltaba chorros, literalmente. Y mi mujer se saboreaba y se regaba el semen por toda la cara... y después yo se la chupé y también disfruté del primer semen de un desconocido. Y es que tanto yo como los amigos de nuestro grupo swinger no "disparamos" el semen, sino que nos sale lento, como ríos de lava saliendo del volcán. Por supuesto que yo no aguanté y lamiendo el semen del desconocido de la boca y cara de mi mujer, la terminé de desnudar y le metí la verga en la panocha y quizá en unos 5 segundos yo también le solté mi semen... y después le mamé la panocha tragando todo mi semen que le salía. Ella se vistió, pero no se puso la ropa interior... ella olía a semen, a mujer recién cogida... y cuando salimos todavía le temblaban las piernas y se notaban sus pechos desnudos y sin brasier, bajo su blusa... y al pasar por el cajero, nos dijo que esperaba que lo hubiéramos disfrutado... y eso nos hizo pensar que fue él a quien le mamamos la verga y se la metió a mi esposa... nunca lo supimos... no quisimos preguntarle para no quitar el "hechizo" y el encanto de esa primera vez. Y esa verga la volvimos a encontrar muchas veces más en las semanas siguientes.

Y así nos volvimos adictos a los glory holes... por lo menos íbamos una vez a la semana, y probábamos nuevas vergas... una, dos, tres o más cada vez. Dependía de la suerte cuántos hombres había en ese momento en la porno shop. Pero deseábamos más... un país diferente, una vida diferente... y empezamos a ir a cines porno. Y la pasamos muy bien, aunque algunas veces no fue muy agradable y tuvimos experiencias negativas.

En esos cines de mala muerte, oliendo a sexo viejo y rancio (de las pajas que se hacían allí) el 99.99% de quienes van son hombres... viejos... muy pocos jóvenes (nosotros éramos siempre los más jóvenes, así que allí probó mi mujer su primera verga con un hombre maduro) ... casi todos casados, pero ocultándose de sus esposas. Sólo una vez pudimos conocer y coger allí con otra pareja... madura, de unos 20 años más que nosotros.

Cuando íbamos, escogíamos el lugar que nos diera más seguridad... todos los que estaban allí ya tenían las vergas de fuera y se pajeaban... y cuando nos veían (porque la oscuridad no es total) se sorprendían... y empezaban a merodear a nuestro alrededor, calculando las posibilidades de hacer algo con nosotros... o por lo menos vernos coger o ver a mi mujer desnuda. Era muy molesto que la mayoría eran desagradables, no sólo en su físico sino también en su educación y por eso los rechazábamos... pero casi siempre tuvimos suerte de encontrar a alguien que sí nos agradara sin importar su edad y como la mayoría eran bastante más viejos que nosotros, se sentían muy afortunados de poder ver, tocar, chupar, oler... a una mujer joven y bella como mi mujer... y todos también dejaron que yo les mamara las vergas... y ellos a mí... casi todos los de los cines eran bisexuales. Mi mujer iba vestida de forma que le pudieran meter mano inmediatamente... quedarse semidesnuda con el vestido abierto completamente y sin calzón ni brasier... y que la sobaran y chuparan libremente... y sólo si ella quería y se sentía segura, dejaba que le metieran la verga o ella se sentaba encima del otro y la verga le entraba en la panocha.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed