Nuestras etapas como matrimonio swinger 3

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En los cines porno ya sabíamos que había una especie de "rutina". Una penumbra que dejaba ver todo lo que pasaba y quiénes estaban. Generalmente entrábamos y mi mujer se reía o hablaba y eso hacía que todos los que allí estaban (que casi nunca eran más de 4 o 5, quizá por la hora en que nos gustaba ir) volteaban a ver y cuando veían que éramos una pareja, seguro sabían que podrían ver a mi mujer desnuda... y quizá hacerle algo como tocarla, olerla o chuparla... o que ella les hiciera una paja... y si tenían mucha suerte, entonces meterle la verga. Así que sabiendo que ya teníamos su atención íbamos a la última fila y escogíamos asientos que nos dieran cierta "privacidad" pero al mismo tiempo fueran accesibles para que los demás llegaran a sentarse a nuestro lado... y que también nos dieran facilidad para salir si así lo decidíamos.

No faltaban los que empezaban a caminar por el cine para vernos... y se acercaban poco a poco. La mayoría con la verga afuera de los pantalones... vergas duras o totalmente aguadas... pero ricas de ver. Sabíamos que muchos eran exhibicionistas además de mirones. Algunos se sentaban en la fila trasera y se inclinaban para vernos. Otros en la fila delantera y volteaban descaradamente a ver a mi mujer. Y sólo los más atrevidos se sentaban cerca de nosotros y poco a poco se cambiaban de asiento para quedar al lado de mi esposa... si no nos parecían adecuados o a mi mujer no le gustaban, o les decíamos claramente que no queríamos nada con ellos... o diplomáticamente nos levantábamos y nos cambiábamos de fila o de asientos... o nos íbamos del cine. Pero si a mi mujer le agradaban, ella me apretaba el muslo dos veces y esa era la señal para empezar la acción. Generalmente era yo quien le abría el vestido a mi mujer y dejaba a la vista sus tetas... y se las magreaba y pellizcaba... viendo directamente a los ojos del hombre que estaba a su lado. La mayoría no necesitaba más invitación y empezaban a tocarle los pechos y a pellizcar sus pezones y hasta a chuparlos... y ella llevaba su mano a la verga del hombre y la empezaba a sobar... y a llenarse los dedos con su olor y su precum... y me los ponía en la nariz o en la boca para que yo chupara ese precum y le llenara los dedos con mi saliva para lubricar aún más la verga del otro.

Algunos eran más lentos, aunque mi mujer ya tuviera las tetas al aire. Primero presionaban su rodilla contra la pierna de mi mujer y si no eran rechazados, incrementaban la presión... y poco a poco llevaban una mano a la pierna de mi esposa y se la acariciaban, subiendo cada vez más por su muslo... en ese momento era ella o yo quien terminaba de abrir completamente el vestido y se podía ver la panocha peluda de mi mujer. Los hombres generalmente llegaban a su panocha y le empezaban a meter los dedos... y ese era el momento en que mi mujer decidía qué tanto dejaría que el hombre le hiciera o ella a él... si el hombre era brusco y sólo buscaba su propio placer, o lo hacía muy duro y la lastimaba, ella lo hacía parar y le pedíamos que se fuera. Si el hombre también buscaba complacerla a ella, entonces dependiendo qué tan caliente se ponía mi mujer, le haría una paja... una mamada... o ella se sentaría encima del hombre y ella guiaría su verga dentro de su panocha... o de su culo. Lo importante para mi esposa era cómo la trataba el hombre, qué tan limpio era, qué tan educado... y el tamaño, forma, color, etc. de su verga no importaba. Total lo excitante para nosotros era coger con un desconocido. Y esa era la morbosidad. Sentir, ver, degustar, oler, tocar, chupar o meterse una verga nueva y desconocida... y que seguramente nunca más volveríamos a ver. Porque aunque muchos hombres nos pidieron volver a vernos o que les diéramos el número de teléfono, nunca cogimos con ellos más que una vez. Era parte de esa "travesura" sexual. Y sí, mi esposa muchas veces salió de esos cines estilando semen de su panocha, culo y boca... y con olor a verga, huevos y culos de otros hombres... porque mi esposa también le chupaba el culo y los huevos... y después compartía conmigo todos los olores y sabores de esos cuerpos. A veces se la cogía sólo uno, a veces 2 o 3 más.

Muchas veces mientras otro se cogía a mi mujer más de alguno se sentaba a mi lado y me agarraba la verga... y me la mamaba... o yo a él (como también muchas veces mamé la verga del que se cogió a mi esposa y me encantaba sentir el olor y el sabor de la panocha de ella mezclados con el de la verga del hombre). Lamentablemente nunca llevamos cuenta de cuántas vergas conocimos en esos cines, pero tiempo después calculamos que serían una veintena en los cines... y en los glory holes como 15. Lo que sí confirmamos con todas esas vergas, es que nos gustan más las de tamaño normal o pequeñas. Que preferimos vergas sin circuncidar y si son de color oscuro, mucho mejor... y fue en uno de los glory holes que mi mujer pudo tocar, mamar, oler y sentir dentro de su panocha, una verga negra... de un negro. No fue tan grande como las de las películas porno, casi que era sólo un poco más larga y gruesa que la mía, pero fue una fantasía cumplida... coger con un negro. Después en los cines (en Miami) ya pudimos tener más acceso a varios negros (gringos y latinos) con los que tuvimos la suerte de coger o de pajearlos y mamarlos. Y sí, varias fueron las vergas grandes que tocamos y chupamos, y unas sí se las metieron en la panocha a mi mujer... y ella lo gozó, no por el tamaño o grueso sino porque eran vergas de negros.

Pero tanto los glory holes como los cines porno no nos daban el placer de tener a alguien cogiendo en una cama... y de tener un poco de "intimidad" entre todos. Sí era delicioso sentirnos "traviesos" cogiendo en los cines y porno shops, pero queríamos algo más similar a lo que habíamos tenido con nuestros amigos en Costa Rica. Así que decidimos que el siguiente paso sería ir a un club de intercambio... y fuimos a varios, pero no eran realmente lo que deseábamos... a pesar de todos los que estaban cogiendo, era un ambiente "frío e impersonal"... como plástico. Además no nos gustaba que cualquiera se sintiera con el "derecho" de hacerle algo a mi esposa sólo porque habíamos ido allí. Sólo cogimos con otras parejas un par de veces en esos clubs... pero lo que sí logramos allí fue conocer a más personas e intercambiar contactos para juntarnos a coger en otra ocasión y en otro lugar... y así comenzó nuestra tercera etapa swinger...

Continuará.


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