EL CERO A LA IZQUIERDA

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Julian Bastos era un hombre de mediana edad el cual aquella mañana entró en la consulta de un psicoanalista llamado Juan Ortiz que estaba situada en la localidad en la que vivía. Y tan pronto como el recién llegado fue atendido,éste con un aire apesadumbrado expuso el problema que le abrumaba.

- Desde hace un tiempo me siento ignorado y despreciado por quienes me rodean; es como si yo fuese un cero a la izquierda y mis opiniones no cuentan para nada. Por otro lado, mi familia se empeña en enfatizar mis errores como si yo fuese un tonto irremediable para hacerme perder la confianza en mi mismo y así dominarme mejor. En consecuencia por las noches no consigo conciliar el sueño porque me siento más solo que nunca; es como si cayese en un pozo sin fondo - contó él-. Al principio pensé que esta sensación de soledad podía ser figuraciones mías; o quizás que sufriese un principio de paranoia, pero ahora veo que no es así.

- Entiendo lo que me cuenta. Y hay mucha gente que proyecta a sus cónyuges sus propias frustaciones para que el otro se sienta culpable con el objeto de dominarlo por completo. - le respondió el psicoanalista, mientras se levantaba de su asiento y de una máquina que había en un rincón de la habitación extrajo un vaso de café y le ofrecía otro a su cliente quien lo aceptó de buen grado-. Mire, podría recomendarle un nuevo enfoque en su vida respecto a los demás. Por ejemplo que se interese más vivamente por las vidas de sus allegados, por sus opiniones para que ellos a su vez le tengan a usted más en consideración. Pero no lo voy a hacer. No señor, porque hay que tener conciencia de que hoy en día cuánta más atención prestamos a los otros, ellos no sólo abusan de nuestra confianza sino que como con nuestra generosidad ponemos en evidencia su egoísmo terminan por odiarnos todavía más como si les hubiésemos hecho una gran ofensa.

Julian que no se esperaba aquella cruda respuesta del psicoanalista dio un respingo en su asiento. 

- Sí. Sepa que estamos viviendo una mala época exisencial, en la que predomina un odio emanado de un egocentrismo enfermizo auspiciado tanto por los paridos políticos como por las Redes Sociales. Ahora mismo hay muchas familias que se  han desintegrado a causa de los colores ideológicos de cada uno de sus miembros; pues se quiere acabar con el estilo de vida de años atrás y  hay una solapada confrontación en la sociedad. Se terminó el respeto por las ideas de los demás. Por cierto, ¿a qué se didica usted? - le preguntó Juan Ortiz a  su cliente.

- Regento una inmobiliaria. Pero en mis ratos libres me gusta leer libros de Historia y de Literatura - repuso Julian.

- Ya. Y deduzco que a usted le gustará razonar, profundizar sobre cualquier tema de interés humano, porque es lo que le enseñaron desde siempre ¿verdad?

- Claro que sí.

- Pues le han engañado. Esto es lo que debería ser, pero que no es, ya que lo que prevalece ahora mismo por encima de todo no es la razón ni la erudición de cualquier tema sino la desfachatez de la ignorancia, que se impone con una estridente retórica a cualquier enseñanza.o a cualquier idea brillante y sensata que se tenga. Usted, puede saber algo de Historia, de psicología, o de lo que sea, pero siempre habrá quien le lleve la contaria, que se lo eche por tierra; o que se ría de su saber para aparentar ser más que usted. Y si no consigue callarlo, le ignorará y usted se convertirá para este sujeto poco menos que un animalito de compañía sin fundamento alguno; que en realidad esto será un refjejo de su vacío interior, dado que este tipejo será más superficial y valorará el tener en detrimiento del ser. Querrá que todos seamos tan simples como él porque en el fondo dicho personaje no es más que un pobre diablo lleno de envidia por sus semejantes..Pues sólo se respetará al médico cuando se sienta mal.

- Vaya. ¿No exagera un poco doctor?

- Compruebe usted mismo el estilo de vida que le perjudica y no puede hablar de lo que le gusta con nadie. Por eso está usted aquí

- Así que ¿no hay solución? ¿Estamos al final de una era?- dijo desanimado Julian.

- En efecto. Estamos al final de una era. Pero en su caso sí que hay una posible solución. 

Entonces Juan Ortiz le alargó a su cliente un papel en el que había escrito una dirección y le explicó:

- En prmer lugar usted tiene que creer en sus valores más íntimos, en los que subyace su dignidad como persona que es. Pero para poder seguir creyendo en su pálpito vital, en su razón de ser tiene que  empezar de nuevo una nueva etapa en su existencia. Olvidese del ambiente que le rodea, y céntrese en usted mismo. Vaya a la dirección que hay en este papel, que es una Asociación en la que hay personas como usted. Alli podrá dialogaar, conversar con otros compañeros y comentar libros con el debido respeto que todos merecemos en los que usted podrá expresar su manera de ver el mundo, al margen de cualquier cliché oficial.

- Pero ¿Qué hagp con mi familia?- inquirió Julian.

- Ellos ocupan un lugar físico en su vida, pero nada más. Es el camino que han elegido.

Julian fue a aquella Asociación que era como una isla perdida en medio de un abrupto oceano, por lo que los demás aún le comprendieron menos.

                                                                       FRANCISCO MIRALLESPÉREZ

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