LA PLACENTERA IDEA DE CAROLINA (parte 3)

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LA PLACENTERA IDEA DE CAROLINA (parte 3)

(Continuación)

 

Armando se colocó sobre Victoria, y clavó su polla de un solo golpe. Comenzando a cabalgar su coño rítmicamente. La intensidad de las arremetidas fue creciendo. Ella y Armando intercalaban gemidos y jadeos. En las paredes de la vagina, la verga se deslizaba una y otra vez. Victoria sentía el vigor de la masculinidad del órgano y gozaba al sentir la presión en su interior. Armando jadeaba descontroladamente, mientras su polla entraba y salía del coño de Victoria. Aceleró el ritmo al notar como ella estaba a punto de estallar de placer. Intentaba contener su propia corrida y notaba cómo sus ganas crecían en cada embestida.

Victoria lo besó y se giró hasta estar encima de Armando. Ese giro con la polla dentro de su chocho provocó un intenso espasmo en ella...; su coño latía sin control y Armando se corría dentro, sin poder aguantar más. Sus jadeos retumbaban en aquella habitación en la que Carolina estaba de nuevo deleitándose con la escena. Sus dedos entrando y saliendo de su coño empapado la hicieron entrar en un nuevo orgasmo. Sus gemidos se confundían con los de su hermana y su amigo.

Tras pasar un rato inmóviles, Armando sacó su miembro todavía erecto y sonrió. Miró a Carolina y vio como se comía con los ojos el cuerpo de Victoria. No lo miraba a él sino a ella, mientras su lengua humedecía sus labios. Vicky se dio cuenta y le hizo un gesto para que se acercara.

Carolina comenzó a recorrer con su dedo el cuerpo, la cara, los labios, el cuello... y al rozar los pezones con su mano notó un espasmo de deseo en el cuerpo de Victoria. Bajando su dedo hasta el pubis, no pudo contenerse más. Besó el cuello de su hermana, chupando sus pezones, mordisqueando sus tetas, las chupó hasta babear de placer, su respiración se entrecortaba y no la dejaba escuchar los gemidos de Vicky, que suplicaba que siguiera.

Armando visualizaba la escena, con su polla de nuevo erecta. Era increíble el placer que le estaba produciendo aquello. No quería que acabara; pero, por otro lado, se aguantaba como podía las ganas de agarrar su polla y pajearse hasta correrse. Notaba su capullo mojado y pequeños espasmos en su miembro erecto le tentaban a terminar, pero no quería perderse nada.

Carolina recorrió con su boca el abdomen de Vicky y besó su pubis. Sin control ninguno se perdió mordisqueando, chupando, besando y salivando el coño de Victoria. Con su lengua saboreó su clítoris erecto, que estalló en su boca. Todo el coño de Vicky palpitaba y gritaba descontrolada.

Armando no podía más, agarró su polla, la movió enérgicamente, masajeándola con fruición, y tras un gruñido su leche empezó a salpicar entre espasmos: salía a borbotones con cada jadeo. Carolina se giró y sonrió al verlo disfrutando de su corrida.

—¿Me vais a desatar? —dijo Victoria cuando su cuerpo se había relajado lo suficiente.

Carolina negó con la cabeza. Quería follarse a Armando ella también, con su hermana observando como hiciera ella antes, para cerrar aquella tarde de folleteo. Miró a Armando pícaramente, elevando las piernas y mostrándole el felpudo mojado:

—Te ves con fuerzas...

Armando ante la sola invitación ya volvió a notar cómo su joven miembro adquiría rigidez. Follar con las dos hermanas estaba resultando la mejor experiencia sexual de su vida. El vigor de su falo volvió a ponerlo erecto del todo. Se colocó por detrás de Carolina y le besó el cuello y la espalda. Ella se inclinó ofreciéndole el sexo líquido.

Armando, cogido a las caderas de la hermana de Victoria, empujó la polla con una honda penetración. Por encima de los hombros de Carolina pudo ver los ojos brillantes de Vicky. Dejó su verga apretada dentro del coño chorreante. Carolina hacia movimientos rotatorios de su cintura. Armando entró y salió consecutivamente de la ardiente e insaciable vagina. Sus huevos golpeaban los glúteos abiertos. La intensidad del golpeteo con cada empuje hacía disfrutar a Carolina, que jadeaba brutalmente.

El rostro de Armando se pegó a la espalda de ella y con un fuerte gemido, seguido de un ronquido gutural que precedió a la descarga, se sujetó a las grandes tetas de Carolina. Notó cómo las paredes del coño se dilataban con cada chorro de esperma caliente. Armando estaba ahora agotado. Cuando los espasmos fueron menguando, salió de la caverna chorreante y se dejó caer junto al cuerpo de Victoria, aún sujeto por las correas.

Carolina, se dio la vuelta y quedó del revés con respecto a Vicky, que pudo ver los espesos grumos de leche de Armando, manando del chocho de su hermana, como si fuera lava brotando del secreto interior de la vagina de su hermana. Y se volvió a sentir hambrienta de orgasmo. Ver cómo Armando se follaba a su hermana la había vuelto a disparar.

—Desátame —volvió a reclamar a Armando.

Una vez liberada se arrodilló frente a Carolina, recogió una cantidad del semen que resbalaba entre los dilatados labios vaginales, mojando las morenas sortijas de su peludito vello, y llevó los dedos al rubí claro de la pepita gruesa en el extremo superior del conejito abierto; frotó con movimientos circulares el clítoris duro, separando con la otra mano la carne ardiente y humedecida. Carolina empezó a dejar escapar unos quejidos de placer que apenas duraron unos segundos, hasta que con una fuerte exhalación comenzó a estremecerse entre espasmos.

Las contracciones fueron espaciándose y Carolina articuló un conjunto de largos gemidos finales. Valentina se tumbó sobre su hermana; los dos sexos mezclaron el vello púbico y los fluidos vaginales que resbalaban todavía. Carolina acarició las tetas de Victoria y luego la besó en los labios.

Con un suspiro, las dos hermanas sonrieron y se abrazaron mientras Armando cerraba los ojos a la vez que un rictus de agotada satisfacción en el rostro era evidente. Su sexo reposaba sobre su muslo izquierdo, con la punta del enrojecido glande en el cual eran todavía visibles las gotas de acuoso esperma en su punta.

Sin duda había sido una buenísima idea la de Carolina.

(Fin del relato)


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