La capitana de las animadoras se divierte con la nueva

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
116 visitas

Marcar como relato favorito

La capitana y yo nos habíamos quedado las últimas en el vestuario. Todas las demás se habían marchado a casa, después del ensayo. Como me había quedado a practicar un poco más, todavía no me había vestido. Al salir desnuda de la ducha, me la encontré todavía en su uniforme, mirándome de forma extraña.

--Así que --comenzó a decir--, crees que ya eres un miembro del equipo, ¿no?

Comenzó a andar hacia mí, siempre con esa sonrisita lasciva en los labios. Se quitó la chaqueta y la lanzó a un lado. Me empujó suavemente contra una de las taquillas, repasando con sus ojos mi cuerpo desnudo. Me pasó los dedos, finos y largos, sobre los labios, y luego los deslizó cuidadosamente por el cuello hasta encontrarse con mis pechos. Rodeó uno de ellos y cosquilleó mi pezón. Luego, jugó con él hasta que me arrancó un suspiro involuntario. Entonces se detuvo, me miró y ensanchó su sonrisa.

Su dedo viajó otra vez hacia abajo, dejando atrás mis pechos y acariciando mi vientre plano, deslizándose a través de una piel limpia y suave. Podía notar cómo se me erizaba la piel y el cosquilleo de los escalofríos. Se me aceleró la respiración, que parecía ser el único sonido en el vestuario.

A medida que se acercaba a mi entrepierna, esta se encendía cada vez más. Al principio era un calor tenue, y después comenzó a arder, hasta que casi parecía doler, palpitando, deseando que llegara su dedo.

Cuando llegó, no pude reprimir un gemido de alivio. Cerré los ojos y ella se abalanzó contra mi boca. Me lamió los labios y la lengua, y mientras que con una mano exploraba mis partes, acariciando hábilmente mi clítoris, con la otra me masajeaba los pechos, apretando y jugando con mis pezones. Cada uno de sus movimientos desataba una serie de espasmos eléctricos por todo mi cuerpo.

Pude sentir cómo, con dos de sus dedos, me penetraba, curvándolos hacia fuera, excitando la parte que ningún hombre logra excitar. Mientras yo me mordía los labios, para no gritar, ella se acercó a mi oído.

--Recuérdame lo mucho que me deseas --susurró.

Le dije que la deseaba, la quería, la necesitaba. Ella hizo presión nuevamente con aquellos dedos mágicos, apretando la zona que lanzaba espasmos de placer por todo mi cuerpo. Me lamió los pechos y besó mi estómago. Mientras lo hacía, podía sentir el suave roce de su pelo sobre mis pezones, y creí que era la mujer más perfecta del mundo.

Entonces me agarró de la mano y me guió hasta un banco, en medio de muchos cambiadores. Me tumbó sobre él y me abrió las piernas.

Noté frío en mi entrepierna, hasta el momento en el que ella acercó sus labios y la besó. Pude sentir su aliento, cálido, sobre la sensible piel de mi labia. Luego, un lametón tímido. Entonces, otro. Eran breves, pero cada uno de ellos me arrancaba un gemido de placer incomparable con cualquier otra sensación. No podía imaginarme cómo se debía sentir...

Entonces, lo sentí.

Pegó su boca en mi entrepierna, permitiendo que su lengua entera paseara en ella. Me lamía el clítoris, estimulándolo y cosquilleándolo de un lado a otro, de arriba abajo. El clítoris me ardía y me palpitaba de placer. Me mordí la mano para ahogar los gritos, pero los gemidos se escapaban. Todo mi cuerpo estaba en tensión; mi espalda, curvada sobre el banco, mis manos agarrándose a cualquier superfície, mis pies, retorciéndose en su sitio. Y la capitaba no dejaba de lamer, de jugar con mi clítoris ardiente, de penetrarme con su lengua húmeda y ágil.

Apartó un poco la boca, sin dejar de succionar, y dejó que sus dedos me penetraran otra vez. Entretanto, usó su otra mano para jugar con mis pechos, que se agitaban con cada espasmo que me recorría el cuerpo.

Comenzó a penetrarme rápidamente con sus dedos. Fue una sensación indescriptible, y me hacía sentir fuera de este universo. Cuanto más rápido iba, con los dedos y la lengua y la otra mano, más sentía que no iba a aguantar mucho más, que aquella sensación de éxtasis era imposible de soportar mucho más tiempo. Ella lo notó, y como si quisiera torturarme, decidió incrementar el ritmo.

De pronto, todo fue aún más rápido. Ella dejó de succionar y se acercó a mis labios. Me besó, hundiendo su lengua en mi boca de la misma forma que lo había hecho en la entrepierna. Me agarró de la muñeca y la sostuvo contra el banco, apresándome. Me sentía completamente a su merced.

Con la otra mano, mientras tanto, hacía aquel juego con sus dedos tan particular, a gran velocidad. La rodeé con las piernas, y ella me lo permitió.

Sentí que se acercaba. Ella lo podía sentir también. Aceleró más. Me besó con más pasión. Todo en mí ardía, y el placer se extendía por todo mi cuerpo de una forma imposible.

--Hazlo por mí --me susurró--. Sé una buena niña, y córrete por mí.

Entonces, no fui capaz de aguantar más. Todos mis músculos se tensaron, puse los ojos en blanco y me olvidé de todo lo que me pasaba por la cabeza. Fue un estallido de placer incomparable. Una gran ola de calor, como una llama enorme, me invadió de pies a cabeza. Algo que nacía desde mi entrepierna y se extendía hasta la coronilla. Gemí como jamás antes lo había hecho, mientras ella seguía jugando, aunque más lentamente.

Los espasmos seguían viniendo y disipándose. Era incapaz de levantarme de aquel banco, como si todas mis fuerzas me hubieran abandonado de pronto. La miré desde abajo. Ella se incorporó y me sonrió con picardía. Luego, comenzó a andar hacia la salida.

Antes de marcharse, me guiñó un ojo.

--Sabía que eras una buena elección --dijo, riendo--. Nos vemos mañana en el entreno, ¡no llegues tarde!


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed