Eso es la desolación. El momento en que se quiebra algo (imposible definir qué es, encontrar el momento en que se constituyó en "algo" y ya no se es el mismo de antes, el anterior despreocupado explorador de la vida) y la tarde se llena de nubes de una tormenta que no quieres que descargue para no despedirte, o no despedirte sin despegar los labios y ocultar los hechos. Podría resultar de una ingenuidad ramplona escribir la frase cuando sabes que deben estar sellados tus labios (¿no es por eso por lo que apretaste los labios absolutamente seguro del fracaso de los sueños?). U otra forma de decir que fue desde el primer instante en que viste la sombra de sus pasos, iluminada su silueta por la farola ambarina, en la calzada de adoquines, que fue desde ya, cuando el resorte dormido se puso en marcha y tu corazón se desbocó.
Eso es la desolación.
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