Mi amiga Rosario me visita para que hospede a su hijo en mi casa 2

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El mismo día que se fue mi amiga al pueblo, fui a que la esteticien me depilara un poco el cuerpo. 

-¿Como quieres las ingles?, me preguntó.

-Brasileña, le dije.

-Esa queda muy bien, a los hombres les gusta. Aunque la depilación total se está llevando mucho, sobre todo entre los jóvenes que practican bastante el cunnilingus, me dijo. 

Cambié de opinión y le pedí la total, pensando en mi amiga recién reencontrada, pues ni de lejos pensé en intimar tanto con mi nuevo huésped, que además es muy jovencito. Mi marido, que era muy soso, apenas lo practicó conmigo mientras vivíamos juntos. 

Al finalizar la depilación me puso crema hidratante, que extendió por todo mi cuerpo, con calma y con mucha dedicación que no olvidó ningún espacio por hidratar, algo que le agradecí, pues a veces algunas profesionales lo hacen tan a la carrera, que no te relajan el cuerpo.

Al irme, la esteticista, que era una joven ecuatoriana, me dijo que tenía un cuerpo muy bonito y bien formado. Se lo agradecí dándole un beso en casa mejilla. Me despidió con una sonrisa y deseándome suerte y que con este cuerpo seguro que la tendría.

No sé qué pensaría ella de mis planes, pues no hablamos nada de ese tema, pero me subió el ánimo y me fui muy satisfecha a casa, donde ya llegué con las bragas algo húmedas, solo con pensar que alguien pudiera disfrutar de mi coño recién depilado.

Al día siguiente Raúl me llamó, para decirme que en una hora estaría en la casa. Yo estaba un poco nerviosa, y no sé por qué. Tenía el cuerpo revolucionado como una adolescente que espera a su novio, y no era el caso, pues Raúl podría ser mi hijo. Seguramente influiría la sesión de sexo con su madre y los comentarios de la esteticien, que me subieron la autoestima al máximo y me revolucionaron las neuronas.

Me arreglé para recibirlo. Me puse una camiseta que marcaba mi silueta, y mis tetas, pues no me puse sujetador y una falda corta que mostraba bien mis piernas, de las que siempre he presumido.

Al llegar nos saludamos con un par de besos en la mejilla y un abrazo.

-Te pareces mucho a tu madre, y eres un chico muy guapo, le dije.

- Gracias, estoy muy contento de poderme quedar en su casa, pues ya me estaba planteando volver al pueblo y dejar los estudios, ante la dificultad de encontrar alojamiento.

-Creo que vamos a congeniar muy bien, le dije.

-Por mi parte haré todo lo posible, pues me gusta esta casa, es muy acogedora, está decorada con buen gusto y usted parece una mujer muy agradable, y también es muy guapa, me dijo.

- Gracias por el cumplido, pero no me trates de usted, me puedes llamar Carmel, como me llama tu madre, o también tía, pues tu madre y yo éramos como hermanas en nuestra juventud.

-No es cumplido es la verdad y no pareces tener la misma edad de mi madre, pues aparentas ser mucho más joven.

-Me voy a ruborizar, le dije riendo.

Le enseñé su habitación, y le dije que podía usar el ordenador, que tiene una gran pantalla, cuando se le ofreciera, pues él tenía uno portátil pequeño. Y que los días que yo hiciera teletrabajo por las mañanas, que él no estaba, lo usaría yo hasta que prepare conexiones y mesa en mi dormitorio.

¡Muchas gracias!, no hay ningún problema que entres a mi cuarto cuando quieras, me dijo.

Me senté en la cama de su dormitorio, y le pedí a él que se sentara también. Le expliqué cómo serían los horarios habituales y las tareas cotidianas. Le dije que solo hay un baño y teníamos que coordinarnos para que no nos coja el toro al salir por la mañana. 

Le pasé la mano por el pelo y le dije que estaba contenta de que se quedara en mi casa. Él también lo estaba, me dijo y me mostró su bonita sonrisa que me cautivó totalmente.

Raul se quedó en su habitación ordenando sus cosas. Hay un armario grande y le dije que yo tenía aún algunas cosas que ya las iría quitando. Había retirado parte de mi ropa, pero dejé de forma intencionada algún camisón semi transparente y algún tanga, pues me hacía ilusión que un joven viera y pudiera tocar mis prendas íntimas.

-Hay espacio suficiente para los dos, yo no tengo tanto que guardar, me dijo.

Lo llamé para cenar y tras acabar me dijo que se ducharía, para no ocupar el baño tanto tiempo por la mañana.

-Ahora te llevo una toalla, le dije.

Mis neuronas ya se estaban activando y de forma maliciosa me entretuve en llevársela, dejando tiempo para que se desvistiera, y poder ver algo de aquel escultural cuerpo que tenía en mi casa.

Toqué en la puerta del baño y entré, sin esperar contestación.

-Te dejo la toalla... ay perdona, le dije, tras ver, que estaba completamente desnudo, ya en la ducha. Con una mano intentó taparse su pene, pero no podía hacerlo completamente y pude ver la parte que sobresalía tras los dedos, además de su hermoso culo. 

Al salir del baño, tapado con la toalla anudada a la cintura, fui a darle las buenas noches, con un beso en cada mejilla. Al tocarle el pelo vi que aún estaba muy húmedo.

Ahora te llevo el secador, pues no es bueno dormir con el pelo así, le dije.

Al entrar ya estaba poniéndose el pantalón corto del pijama, y nuevamente pude verle su culo un instante, un poco mejor que antes.

Se sentó en la cama y le fui pasando el secador y con la otra mano le acariciaba el pelo. 

Se le notaba que estaba disfrutando con las caricias que le hacía en su cabeza, y con mi presencia junto a él. Pude ver el bulto que se le formó en su pantalón de pijama. Al levantarme, él también lo hizo y me acompañó hasta la puerta, dándonos otros dos besos y un fuerte abrazo, comprobando la dureza que tenía entre sus piernas con su miembro bastante erecto. Llevó sus manos a mi culo, por fuera de mi pijama, y lo apretó contra él, dándome las buenas noches. Raúl ya me estaba poniendo bastante cachonda en su primer día de estancia. 

En mi cama no pude aguantar más y comencé a acariciarme el coño, masturbándome hasta correrme, pensando en él y en su polla, sin poder reprimir mis gemidos, que espero que él no haya oído.

Al día siguiente por la mañana, yo me duché, y mientras me ponía crema hidratante por todo el cuerpo, entró Raúl y me vio desnuda.

-Perdón, disculpa, lo siento mucho, al ver la puerta sin cerrar pensé que no había nadie, me dijo

-No importa, la culpa es mía, es la costumbre, al vivir sola últimamente ya nunca la cierro, pero ahora es diferente. Tendré que acostumbrarme a la nueva situación.

Pero si estás apurado quédate, que yo ya acabé. Con calma me puse el albornoz y salí del baño y él pudo ver algo más mi cuerpo desnudo, que no dejó de mirar sin ningún disimulo.


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