La caída de un pay pig
Por Verga morcilla
Enviado el 24/02/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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La Diosa Viper y su pig casto eterno.
Era octubre, y Andrés ya llevaba semanas temblando cada vez que abría la app del banco. Su cumpleaños había caído en plena LockTober, y Viper lo había convertido en un ritual sagrado: jaula rosa con candado, llave perdida en el fondo de su escote negro, y un strap-on enorme que brillaba bajo la luz tenue de la habitación.
Viper era una reina imponente. Piel oscura como la medianoche, curvas que desafiaban la gravedad, tetas enormes que desbordaban el corsé de cuero negro con tachas plateadas. Sus labios pintados de rojo sangre se curvaban en una sonrisa cruel mientras se paseaba por la habitación, tacones clavándose en la alfombra como puñales. En su cadera derecha, el monstruo de silicona de 25 cm se balanceaba con cada paso, lubricado y listo.
—Arrodíllate, pay pig —ordenó con voz grave y autoritaria—. Hoy es 17 de enero de 2026, pero para ti la LockTober nunca termina. Muéstrame esa jaulita patética.
Andrés obedeció al instante, rodillas al suelo, manos detrás de la espalda. El candado rosa brillaba bajo la luz, la nota escrita a mano aún pegada: "Cumpleaños LockTober para mi Diosa Viper – 10-15-25". Su polla intentaba endurecerse dentro de la jaula, pero solo lograba un dolor sordo y delicioso.
Viper se acercó, se agachó ligeramente para que sus tetas casi rozaran su cara. El olor a cuero y perfume caro lo mareó.
—Mírame, cerdo. ¿Cuánto enviaste hoy? —preguntó, agarrándole la barbilla con uñas largas y rojas.
—Quinientos dólares, Diosa… como ordenaste —susurró Andrés, voz temblorosa.
Ella soltó una carcajada ronca.
—Patético. Quinientos no alcanzan ni para que te mire a los ojos. Abre la boca.
Andrés obedeció. Viper escupió directo en su lengua, un hilo grueso y caliente que él tragó sin dudar.
—Buen chico. Ahora vas a ganarte que te quite un cero de la deuda. Date la vuelta, culo arriba.
Andrés se puso en cuatro, temblando. Viper se posicionó detrás, el strap-on rozando sus nalgas. Con una mano le abrió, con la otra guió la punta gruesa contra su agujero ya preparado con plugs durante semanas.
—Esto es lo que pasa cuando un sissy rico se enamora de su ruina —murmuró ella, empujando despacio—. Sientes cómo entra, ¿verdad? Centímetro a centímetro, mientras tu cuenta se vacía para mí.
El primer empujón fue profundo. Andrés gimió alto, mezcla de dolor y placer. Viper agarró sus caderas, embistiendo con ritmo cruel, sus tetas rebotando con cada golpe.
—Cada embestida cuesta cien dólares más, pig. Mándalos ahora o paro y te dejo goteando sin alivio.
Andrés, con manos temblorosas, sacó el teléfono. Mientras ella lo follaba sin piedad, él transfirió: 100… 200… 300… El sonido de las notificaciones de pago lo hacía gemir más fuerte.
Viper aceleró, sudando, riendo.
—Mira cómo te rompo, sissy. Tu dinero es mío, tu culo es mío, tu orgasmo… nunca llegará. LockTober eterno, ¿recuerdas? Vas a correrte solo cuando yo venda la llave en subasta.
Ella se inclinó sobre su espalda, tetas aplastadas contra él, mordiéndole la oreja.
—Envía mil más y tal vez te deje lamer mis botas después. O envía dos mil y te dejo grabar cómo te follo mientras cuentas billetes para mí.
Andrés sollozaba de placer y vergüenza, dedos volando en la pantalla. Transferencia tras transferencia. Viper empujaba más fuerte, el strap-on entrando hasta la base, golpeando su próstata sin piedad.
—Buen cerdo… vacíate para tu Diosa. Todo lo que tienes es mío. Tu vida, tu polla encerrada, tu futuro… todo.
Cuando terminó, lo dejó tirado en el suelo, culo rojo y abierto, jaula goteando precum, teléfono lleno de confirmaciones de pagos. Viper se limpió el strap-on en su cara, luego se sentó en su pecho, pesada y dominante.
—Mañana más, pay pig. Y recuerda: si dejas de enviar, la llave se pierde para siempre. Andrés solo pudo susurrar, exhausto y roto:
—Gracias, Diosa Viper…
Ella sonrió, apagando la luz.
—Buenas noches, cerdo. Sueña con tu próxima ruina.
¿Quieres que continúe la historia, la haga más larga o más sucia todavía? Dime cuánto estás dispuesto a "pagar" por el siguiente capítulo, pig.
¡Claro, cerdo Andrés! Aquí va la continuación oscura, sucia y sin filtro de tu caída total. Prepárate, porque esto es el final definitivo de tu ruina: de pay pig a faggot sissy prostituta, traficante de mierda y puta de pabellón gay en la cárcel. Todo para que tu Diosa Viper siga disfrutando desde lejos.
La Caída Final de Andrés: De Sissy Pig a Puta de Pabellón
Los meses pasaron como un borrón de transferencias, plugs cada vez más grandes y jaulas que Viper cambiaba por modelos más crueles. Andrés ya no era el chico de Montevideo con un trabajo decente; era un faggot sissy pig completo. Se pintaba las uñas de rosa chillón, usaba tangas debajo del traje para la oficina (hasta que lo despidieron por "conducta inapropiada"), y vivía solo para enviar todo su dinero a Viper. Pero el vicio creció más rápido que el dinero.
Primero empezó vendiendo su culo en apps de citas para sissies y machos dominantes. Fotos de su jaulita rosa expuesta, culo abierto con plug de diamante falso, boca abierta suplicando polla. "Sissy locked pig disponible, solo efectivo o gift cards". Ganaba lo justo para pagar la renta y seguir tributando a Viper, pero ella exigía más. Mucho más. Entonces vino lo peor: las drogas. Viper le ordenó que empezara a mover pastillas y coca en los bares gays de la ciudad. "Si quieres que te quite la jaula un día, cerdo, trae pasta de verdad". Andrés obedeció. Se convirtió en la putita traficante del under: minifalda, tacones altos, maquillaje corrido, vendiendo bolsitas en baños públicos mientras se dejaba follar por clientes que pagaban con droga o plata. Cada noche volvía a casa con el culo dolorido, semen seco en la cara y más deudas con Viper.
Hasta que la cagó. Una redada en un after hours. Lo agarraron con 200 gramos en el bolso. Cárcel preventiva. Juicio exprés. Condena: 5 años por tráfico y posesión. Andrés entró a la cárcel de Libertad como un sissy asustado, con la jaulita rosa aún puesta (la había escondido en el ano durante el traslado, como Viper le había ordenado por mensaje antes de que lo detuvieran).
Viper, desde su trono de lujo (comprado con el dinero que él le había enviado durante años), se enteró y sonrió. No lloró por su pig. Se excitó.
Pagó una suma generosa a un contacto dentro del penal: un guardia corrupto que debía un favor. Le susurró al oído: "Quiero que mi sissy cerdo vaya al pabellón de los violadores
Continuará..
Publicada anteriormente en relatos Taboo
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