LA ALIANZA DE LOS NUEVE - Una fábula contemporanea - 5ra.parte fin

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CAPÍTULO 5: El despertar de una nación.

El estruendo no vino de afuera, sino desde adentro. Apenas veinticuatro horas después del discurso de la Liga de los Nueve en la ONU, el Congreso de Gran Potencia inició una sesión de emergencia. En una escena inusual, senadores y representantes de ambos partidos coincidieron en una preocupación común: el presidente había cruzado una línea peligrosa.

La Corte Suprema, por su parte, anunció la revisión inmediata de las acciones ejecutivas que habían autorizado los aranceles unilaterales y las amenazas militares sin autorización legislativa. El principio de pesos y contrapesos se reactivaba con fuerza.

Varios gobernadores, encabezados por los de California, Nueva York, Illinois y Washington, emitieron un comunicado conjunto:

—No permitiremos que nuestros pueblos sean arrastrados a una guerra sin sentido. La diplomacia y el comercio justo son pilares de nuestra historia. Exigimos contención y respeto institucional.

Manifestaciones pacíficas se multiplicaban en todo el país. Estudiantes, trabajadores, agricultores, veteranos. En cada pancarta se repetía un mensaje: “No somos enemigos del mundo”.

En respuesta, varios congresistas presentaron una moción bipartidista que proponía:

1.      Suspender de inmediato las medidas arancelarias en revisión judicial.

2.      Reanudar negociaciones multilaterales con los países de la Liga de los Nueve.

3.      Establecer un comité conjunto Congreso-Senado para supervisar futuras medidas comerciales.

4.      Invitar a la ONU a enviar una comisión de observadores para verificar que Gran Potencia respeta los principios del derecho internacional.

La sorpresa llegó cuando la Secretaria de Defensa compareció ante el Senado y declaró que el Pentágono no apoyaría ninguna acción ofensiva no autorizada por el Congreso:

—Las Fuerzas Armadas están al servicio del pueblo, no de la ambición personal.

El cerco se cerraba. Incluso medios históricamente afines comenzaban a hablar de "la hora de rendir cuentas".

Donald T. Potus, aislado, furioso y sin aliados en su propio gabinete, se refugió en la Gran Casa. Por primera vez, no hubo rueda de prensa. Por primera vez, no hubo tuits. Solo silencio.

Mientras tanto, la Liga de los Nueve iniciaba una gira diplomática mundial. Su mensaje era claro: un nuevo pacto global basado en el respeto mutuo, el comercio equitativo y la cooperación en igualdad de condiciones.

En el cierre del capítulo, una joven estudiante de Carolina del Norte tomó la palabra en una audiencia cívica:

—Gran Potencia puede volver a ser grande. Pero no por el miedo que imponga, sino por la justicia que inspire.

Y con eso, la historia cambió rumbo. No por una guerra, sino por una elección colectiva: la de despertar.

 EPÍLOGO: Semillas de un nuevo mundo.

Pasaron tres años desde aquel septiembre en que el mundo contuvo el aliento. Las amenazas, las tensiones, los discursos encendidos... parecían ya parte de otro tiempo. La Liga de los Nueve, lejos de diluirse, se convirtió en un bloque de cooperación global ejemplar. Su modelo inspiró otras alianzas en Asia, África y América Latina.

Gran Potencia, tras un proceso interno doloroso pero necesario, reencontró el equilibrio. Donald T. Potus enfrentó juicios políticos y públicos, y fue sucedido por una nueva administración que promovió el respeto multilateral, la transición industrial sostenible y la reconciliación diplomática.

La expresidenta Sheinbaum, ya retirada de la política activa, recibió en su casa a un joven canadiense y una diplomática taiwanesa. Habían viajado juntos por el mundo promoviendo foros ciudadanos de paz. Mientras compartían un café en Coyoacán, uno de ellos dijo:

—A veces, para cambiar la historia, basta con que algunos se atrevan a decir no.

La expresidenta sonrió. Afuera, en el jardín, unos niños jugaban entre plantas de chile, lavanda y maíz. El mundo seguía siendo imperfecto. Pero al menos, ya no caminaba hacia el abismo.

Y en las escuelas de los nueve países, cada niño aprendía una lección fundamental: que la paz también se construye con valentía.

 


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