Cuando me cogí a mi novia, ya había cogido con su primo 1
Por AlexMx666
Enviado el 20/03/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Gustavo estaba frente a mí, habíamos salido de la alberca y fuimos al cuarto a secarnos. Regordete, moreno, de piel brillante, pezones muy negros y pequeños, pero rodeados de bultitos. Totalmente lampiño. Sin pelos en el pecho ni en las piernas. Y en sus axilas sólo unos cuantos pelos negros muy cortos. De facciones muy agradables y masculinas. Vi como poco a poco él se fue bajando el traje de baño y su pubis, con muy poco pelo negro, fue quedando a mi vista. Ya se notaba un bulto en el frente de la tela mojada. Él siguió quitándose el traje de baño y lentamente su verga quedó al aire. Y en segundos se paró. Era la primera verga que yo veía en vivo y a todo color (por supuesto que ya había visto vergas de otros hombres en revistas pornográficas). Y su verga me encantó. Me fascinó. Me hechizó. No podía apartar mi mirada de esa verga. Morena, sin pelos más que un poquito en el pubis. De cabeza redonda y gorda, como un hongo y rosada oscuro, con una rayita de la que ya empezaba a salir un líquido brillante.
En realidad Gustavo estaba como modelando desnudo frente a mí... pero como que si no pasara nada, como que si fuera lo más normal y natural del mundo... y agarrando la toalla se empezó a secar el cuerpo. Y con cada movimiento que él hacía, su verga se movía de lado a lado, de arriba abajo, como que si estuviera viva... y yo no me perdía ningún movimiento... pero no sabía en realidad qué pasaba ni que pasaría... nunca había tenido sexo... ni con una mujer, mucho menos con un hombre. Y en ningún momento pasó por mi mente que era algo de tipo homosexual... simplemente era poder ver a otra persona, una real, desnuda... y no sólo en revistas porno. Era algo mágico.
Definitivamente eso fue planeado por Gustavo, y se notaba que él gozaba exhibiéndose desnudo ante mis ojos. Cuando por fin reaccioné y recuperé el control, yo también me desnudé. Y en un momento los dos estábamos desnudos, frente a frente. Y yo también me empecé a secar la poca agua de la alberca que todavía mojaba mi cuerpo. Y así como a Gustavo, mi verga también se paró. Éramos dos jóvenes desnudos con las vergas paradas, uno frente al otro. Y así como yo miraba como hipnotizado a Gustavo desnudo, él también me veía a mí. Ambos recorríamos nuestros cuerpos desnudos con los ojos. Y se notaba que a ambos nos gustaba lo que veíamos.
Mi verga también saltaba y Gustavo empezó a sonreír. No sé qué había planeado él o cómo pensó que yo reaccionaría. Quizá se esperaba un rechazo total... y después me dijo que nunca había esperado que yo reaccionara como lo hice.
Gustavo se acercó aún más a mí. Nuestras vergas casi se tocaban. Yo sentí su olor, una mezcla a piel y al cloro del agua de la alberca... y las ganas de oler todo su cuerpo invadieron mi mente. Gustavo empezó a agarrarse la verga y a moverla con una mano, no como pajeándose, sino como mostrándome la verga. Y me dijo que la tenía muy caliente... que si yo quería sentir lo caliente que la tenía... no dije nada, pero en un segundo alargué una mano y se la agarré suavemente... y le dije que sí, que él la tenía muy caliente. Y estoy seguro que todos los que han tocado una verga parada han sentido lo que yo sentí ese día por primera vez... algo muy duro, pero muy suave al mismo tiempo... como un tubo de metal, pero con la suavidad de la seda... y su verga palpitaba y brincaba en mi mano. Era la primera vez que yo tocaba sexualmente a alguien... y siempre pensé que sería a una mujer, pero tocar a Gustavo era delicioso... no era nada homosexual... era sexo... sexo con otra persona... con una real... no sólo con mi mano. Y en ningún momento le solté la verga. Al contrario, empecé a mover mi mano, no como para pajearlo sino para sentir cada centímetro... era algo tan nuevo, tan excitante, tan maravilloso... mi mente no pensaba nada, no juzgaba nada, no anticipaba nada. Simplemente estaba gozando cada segundo. Y entonces sentí que Gustavo también me agarraba la verga... y me decía que yo también la tenía muy caliente... era casi ridículo, pero en ese momento no nos lo pareció. Dos jóvenes agarrándose las vergas y haciendo como que si no fuera algo sexual sino sólo comprobando la temperatura que teníamos en las vergas. Y los dos nos sobábamos las vergas y nuestras manos se movían como que si tuvieran vida propia. Yo sentí su glande y sentí cómo los dedos se llenaban de ese líquido que él sacaba... y también sentí que él sobaba mi glande con el precum que yo también sacaba por litros... y con los glandes mojados y lubricados por el precum, nuestros dedos se movían más rápido y con más facilidad.
Hasta ese momento Gustavo había tenido la parte activa y yo era quien reaccionaba a lo que él hacía. Pero nos quedamos en silencio, y de vernos a los ojos, los dos veíamos a la verga del otro y cómo nuestras manos las acariciaban y casi que "jugaban" con el precum. Fue cuando yo empecé a ser el proactivo. Con una mano seguí sobando su verga y con la otra empecé a tocar sus huevos. Él hizo lo mismo. No sé cuánto tiempo estuvimos así, quizá horas, minutos o sólo segundos, pero yo nunca solté su verga, pero con la otra mano sí empecé a tocar su cuerpo... primero su pecho y cuando llegué a sus pezones, los sobé y pellizqué... y él empezó a gemir suave. También toqué su estómago y jugué un poco con los escasos pelos que él tenía en el pubis (yo en esa época ya tenía más pelos en el cuerpo; en el pecho, en las piernas, en el pubis y en las axilas). Y sentí que Gustavo replicaba cada movimiento que yo hacía.
No recuerdo exactamente cómo, pero fuimos hacia la cama sin soltarnos las vergas o dejar de acariciar el cuerpo uno del otro. Primero nos quedamos sentados, muy juntos, yo sentía sus piernas contra las mías y estando tan cerca no pude resistir a oler a Gustavo, más íntimamente. Primero olí su cuello, después su pecho... y sin pensarlo le besé la piel... y cuando llegué a sentir sus pezones en mis labios, los besé... y abrí la boca y empecé a chuparlos y a lamerlos y a morderlos suavemente... eran pezones negros, duros, pero pequeños... y después de chuparlos un rato, seguí a una de sus axilas y él levantó su brazo y pude ver los pocos pelos negros, cortos, que él tenía... y allí ya sentí un poco más de olor... a piel y a sudor... delicioso (y así nació mi olfactofilia) y le besé la axila... y la olí y la chupé y sentía sus pelos en mi lengua... y esa sensación quedó en mi mente de por vida.
Continuará.
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