Cuando me cogí a mi novia, ya había cogido con su primo 3
Por AlexMx666
Enviado el 20/03/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Dejé de mamar la verga de Gustavo y me la saqué de la boca... mi dedo seguía dentro de su culo, pero como pude me puse encima de él y fui directo a su cara y sin decir nada, pero viéndolo directamente a los ojos, acerqué mi boca a la de él, lentamente por si él decía que no, pero cuando llegué a sus labios primero los besé suavemente, con agradecimiento por todo lo que yo había sentido con él... y puse mis labios -llenos de su semen- sobre los suyos... y él abrió inmediatamente la boca... y nos empezamos a morrear, con mucha lengua... con fuerza y pasión. La calentura todavía no había bajado. Ni la de él ni mucho menos la mía (yo sentía mi verga chocar contra su muslo y llenarlo de mi precum). Y Gustavo chupaba, literalmente, mi lengua. Degustando el sabor de mi saliva y de su semen. Era el primer beso y era casi gracioso que fuera después de yo haberle mamado la verga y que él me llenara la boca con su semen. Y mis manos no dejaban de acariciarlo. Y cuando sentí que él tenía la verga chiquita y aguada no me resistí. Dejé de besarlo y directamente fui a su verga y empecé a lamerla y chuparla y a morderla... era una sensación nueva, muy diferente a la de su verga dura y parada... era como tener carne muy suave, olorosa y con sabor a semen... y me encantó. Gustavo seguía gimiendo. Y después de un rato de mamarle la verga aguada y sobar toda la piel de su cuerpo que quedaba al alcance de mis manos, él hizo que me separara... y me empujó de espaldas a la cama... y empezó a hacer todo lo que yo le acababa de hacer. Me besó y después recorrió mi pecho, jugando con mis pelos y pellizcándome los pezones... y él los chupó y los mordió y también me levantó el brazo y me olió y chupó la axila... y me dijo que le encantaba lo peludo que yo era... y siguió lamiendo hacia mi estómago... y cuando llegó a mi pubis chupaba y lamía el mucho pelo que tengo... y después se puso a ver mi verga... tan parecida a la de él y al mismo tiempo tan diferente... y me empezó a decir todo lo que él pensaba... hablaba de mi cuerpo, de mis pelos café oscuro, de mi piel blanca, de lo peluda que tengo la verga en la base y de los pelos en mis huevos (él era lampiño) y también metió una mano bajo mis nalgas y sintió que las tengo grandes, gordas y peludas... y empezó a tocarme el ano y a jalar los pelos que tengo alrededor... y acariciaba las arrugas y trató de meter la punta de su dedo y a moverlo en círculos en la entrada de mi ano... y pronto se puso a oler mi verga y a chupar el precum... y se metió el glande y lo chupó y en un sólo movimiento se metió mi verga, casi por completo... una parte le quedó fuera de su boca (después vimos que yo la tenía más grande pero igual de gruesa... la de él era de 4 pulgadas, muy negra. La mía de 6 pulgadas y muy rosada). Esa mamada la sentí como una explosión, como descubrir el universo de placer que era el sexo. Siempre que veía porno me imaginaba que se sentiría que me mamaran la verga... en ese momento lo descubrí y me encantó. Era millones de veces mejor que las pajas que me hacía. La boca de Gustavo era suave, caliente, muy mojada... y parecía que más era una deliciosa tortura... y por supuesto que él tampoco tenía experiencias (los dos nos dijimos que cuidado con los dientes o con chupar muy fuerte el glande)... y sentí que el dedo que él ya tenía en mi culo empujaba más fuerte... pero como yo no tenía las nalgas tan sudadas no estaba muy lubricado, así que se lo dije a Gustavo y él llevó sus dedos a mi boca y yo le eché de mi saliva... y así fui cómplice de esa primera penetración anal con sus dedos... y los dos supimos que lubricar bien sería la clave para poder hacerlo por el culo. Fue instintivo. Sus dedos dentro de mí me daban una sensación extraña... no era molesta, pero si rara... diferente, no del todo placentera, pero lo dejé que me metiera y sacara el dedo del culo... quería experimentar de todo. Y empecé a sentir esa deliciosa sensación cuando el orgasmo se acerca, pero ahora con la mamada era más intensa, más fuerte, diferente a mis pajas... y le dije que ya me iba a venir, él dejó quieta su boca pero siguió moviendo su dedo dentro de mi culo... y yo metía y sacaba mi verga de su boca, como un preliminar a cuando la metiera en un coño o en un culo... y exploté... sentí que estaba sacando la mayor cantidad de semen de mi vida... y que mi orgasmo era un terremoto. Nunca había sentido tanto placer cuando me pajeaba. Y solté todo mi semen dentro de su boca. Nunca le pregunté si así lo quería él, pero di por sentado que si yo le había dejado venirse dentro de mi boca, él haría lo mismo. Yo también lo merecía por el placer que le di. Y sentí cómo Gustavo lamía mi verga y tragaba mi semen. Y sentí mi ano contraerse con su dedo adentro... y la explosión fue mayor (con el tiempo aprendí lo delicioso que son los orgasmos prostáticos). Y cuando mi verga se aguadó, Gustavo también la chupó suavemente y me la mordía delicioso.
Gustavo dejó mi verga, e igual que hice yo, se puso encima de mí y llegó a besarme. Y me encantó sentir el olor y sabor de su saliva mezclada con mi semen. Y entonces Gustavo me puso en la nariz su dedo y sentí claramente el olor de mi culo (yo ya lo conocía y me encantaba porque también me tocaba el culo y después me olía y chupaba el dedo). Definitivamente Gustavo y yo éramos unos degenerados sexuales con los mismos gustos. Y yo sentía una sed insaciable de su cuerpo desnudo, de su verga, su culo, sus axilas, sus pezones, sus huevos... de sentir su piel desnuda contra la mía, y con Gustavo arriba de mí, nos seguimos besando y chupándonos las lenguas.
Después de unos minutos así, Gustavo se acostó a mi lado...y los dos ya teníamos la respiración más calmada. Fue entonces que empezamos a hablar. A contarnos qué sentimos con cada cosa que nos hicimos. Allí Gustavo me contó de las pajas con sus amigos, y que ese día él había ido decidido a seducirme... pero que nunca esperó que fuera yo el que primero lo mamara y que yo fuera tan activo y decidido... menos que se viniera en mi boca.
Esa tarde y noche lo volvimos a hacer casi en la misma secuencia. La diferencia fue que a veces era Gustavo quien empezaba y otras era yo.
Continuará.
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