Noche de Seda en la Mansión Forrester
Por Pecado de Seda
Enviado el 09/03/2026, clasificado en Amor / Románticos
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Romina se miró una última vez en el espejo del ascensor mientras descendía al garaje subterráneo. El vestido negro se adhería a cada curva como una segunda piel: tetas altas y firmes empujando contra la tela, culo redondo y alto marcándose sin piedad, la raja del escote dejando ver justo lo suficiente para que cualquiera imaginara meter la lengua ahí de inmediato.
Bajó los últimos escalones con tacones de aguja que resonaban como promesas obscenas. Luis ya tenía la puerta de la limusina abierta, el pobre hombre intentando disimular que su polla ya estaba medio dura solo de verla caminar.
—Señorita Romina… está para comérsela entera esta noche —murmuró él con voz ronca mientras le tendía la mano.
Ella se detuvo justo frente a él, tan cerca que Luis pudo oler el perfume caro mezclado con el leve aroma almizclado de su excitación. Sin previo aviso, deslizó los dedos por la bragueta del chófer, apretando con firmeza la erección que ya tensaba la tela.
—Mírate, Luis… ya estás goteando solo de verme vestida de puta cara —susurró pegando los labios a su oreja—. ¿Sabes lo que voy a hacer esta noche? Voy a dejar que me follen en todas las posiciones posibles mientras tú esperas afuera como un buen perrito. Quizás, si te portas bien y no te corres en los pantalones solo de imaginarlo… te deje subir después y limpiarme con la lengua todo el semen que me dejen dentro.
Luis soltó un gemido ahogado, las caderas moviéndose involuntariamente contra la mano de ella.
—Joder, Romina… me vas a matar…
Ella soltó una risita baja, cruel y sensual, y le dio un último apretón antes de soltarlo.
—No te mato todavía, cariño. Primero tengo que ir a que me revienten el coño y la garganta en esa mansión. —Se lamió los labios rojos lentamente—. Imagínatelo: yo de rodillas, con tres pollas enormes turnándose en mi boca mientras dos tías me chupan las tetas y me meten los dedos hasta el fondo. Vas a estar ahí afuera, escuchando cómo gimo como zorra en celo, cómo suplico que me llenen más fuerte, que me den por el culo sin condón hasta que chorree.
Entró en la limusina con un movimiento felino, cruzando las piernas de forma que el vestido se subió lo justo para dejar ver el liguero negro y el inicio de sus muslos morenos. Luis cerró la puerta con manos temblorosas y rodeó el coche casi corriendo para sentarse al volante.
Mientras el motor rugía y la limusina salía a la calle, Romina bajó la ventanilla trasera unos centímetros, dejando que el aire fresco le rozara la piel ardiente.
—Luis… —ronroneó, mirándolo por el retrovisor—. ¿Quieres saber un secreto sucio?
Él tragó saliva tan fuerte que se escuchó en el silencio del coche.
—Esta noche no llevo bragas. Nada. Solo este vestido y mis tacones… y ya estoy empapada pensando en todas las pollas que voy a chupar. Cuando termine la fiesta, mi coño va a estar tan abierto y lleno de leche caliente que vas a poder meter tres dedos sin esfuerzo. ¿Te gustaría meter la lengua ahí después? ¿Probar la mezcla de todos esos hombres importantes chorreándome por los muslos?
Luis soltó un “joder” entre dientes y tuvo que ajustar el bulto en sus pantalones con una mano mientras conducía con la otra.
—Dime que sí… —exigió ella con voz de miel envenenada—. Dime que quieres lamer cada gota que me dejen dentro.
—Sí…quiero comerte entera después de que te usen como la zorra cara que eres —jadeó él, la voz quebrada.
Romina sonrió satisfecha, abrió un poco más las piernas y deslizó dos dedos entre sus pliegues, sacándolos brillantes de humedad. Los llevó hasta su boca y los chupó despacio, mirándolo fijamente por el espejo.
—Pues conduce rápido, cariño… porque cuanto antes llegue a esa orgía, antes podrás saborear lo que queda de mí.
La limusina aceleró hacia las afueras, hacia la mansión Forrester, donde esa noche Romina iba a convertirse en el centro absoluto del vicio… y Luis, en el privilegiado que recogería los restos de la tormenta.
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