Acceso Total: Esposa Compartida
Por DivasSensuales2.2
Enviado el 20/03/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Mi esposo me enamoró diciendo: “Quiero que seas mía, pero sé que eres una puta que merece libertad. Jamás te pediré que traiciones tu naturaleza, al contrario, te motivaré a buscar nuevos retos sexuales. Te protegeré y haré realidad tus más sucias fantasías”.
Hemos visitado clubes swinger, intercambiamos pareja, participamos en sexo grupal. Él ha estado con otras mujeres y yo con otros hombres, siempre con el consentimiento del otro. Siempre estamos en búsqueda de nuevas aventuras. En este relato les contaré la historia de una noche inolvidable.
Era sábado, noté que él estuvo todo el día usando su teléfono, texteando sin decirme nada. Al final de la tarde le pregunté qué estaba planeando, respondió “Sé que disfrutas estar con dos a la vez así que lo llevaremos al siguiente nivel. Vendrán unos hombres y tendrán acceso a todo tu cuerpo. Los conozco, confío en ellos y sé que saben cómo tratar a una putita como tú. La sorpresa es que tus ojos estarán vendados”.
“Nunca he hecho algo así, suena excitante” dije mientras él tomaba mi mano y me llevaba a la habitación de huéspedes. Mientras me desnudaba explicó “Tu cuerpo será tocado, apretado, azotado, penetrado y cubierto de semen por hombres que no podrás ver. La idea es que demuestres que puedes ser una perra sin necesidad de saber cuántos son, quiénes son, ni como lucen”.
Miró su reloj y dijo “Falta poco”, tomó lubricante y lo esparció por mi vagina y mi ano. Puso la venda en mis ojos y me hizo inclinar mi cuerpo hacia la cama, con mis nalgas hacia la puerta de la habitación. De repente tocaron la puerta y mi esposo fue a abrir. Escuché varias voces y pasos acercándose. Estuve inmóvil esperando, mi corazón latiendo fuerte y mi vagina palpitando a su ritmo.
Podía oler perfume masculino llenando la habitación. Escuchaba pasos a mi izquierda, luego un susurro a mi derecha. Cada centímetro de mi piel se erizaba, esperando un toque que no sabía de dónde vendría. Varias manos apretaron mis tetas, metieron sus dedos en mi boca y me dieron nalgadas. Escuché a mi esposo decir “Acceso total, es suya hasta que estén agotados”. Estaba nerviosa a punto de ser usada por múltiples extraños, pero por dentro moría de ganas de que comenzaran.
Me empujaron a la cama, unos halaban mi cabello, otros tocaban mis tetas y pellizcaban mis pezones. Un duro pene me dio cachetadas para luego entrar hasta mi garganta con rudeza. Alguien separó mis nalgas y posó la punta de su verga en mi culo, solté un pequeño grito cuando la introdujo por completo con una fuerza rítmica y sofocante.
Sentía cómo se turnaban, por el grosor y largo de cada uno, pude diferenciar al menos 4 miembros distintos. Pasaban por mi vagina, mi culo y mi boca, uno tras otro. Me sentía en el cielo, no tardé en tener mi primer orgasmo de la noche y ellos no se detenían. El peso de varios cuerpos sobre mí me dejaba sin aliento. Me manipulaban como una muñeca y me sometieron a su voluntad.
Mi mente se nublaba, dejando solo el instinto básico de recibir y pedir más. Los retaba gritando “Más duro, quiero leche, mételo todo”. Ellos respondían dándome con más fuerza. Uno de los que estaba en mi ano, lo sacó a tiempo y se vino en mi espalda. Otro me regaló chorros calientes de su semen en mi boca, lo tragué todo.
Entre las tantas posiciones en las que me pusieron, mi favorita fue cuando me sentaron sobre uno de ellos, ese me la metió por delante mientras varios pasaban por la puerta de atrás. Sentía que mi cuerpo no me pertenecía, era un territorio compartido por todos. Con mis manos pajeaba todo trozo de carne que alcanzara y mi mandíbula no se cansaba de succionarlos a todos.
Ninguno de mis agujeros tenía respiro, cuando uno salía, otro entraba casi de inmediato, cada uno me usó las veces que quiso. Escuchaba cosas como “Esta si es una puta, qué deliciosa está, es mi turno, esta perra nació para esto”. Perdí la noción del tiempo, todos me dijeron cosas sucias y me lanzaron encima sus descargas seminales. Cada vez eran menos manos sobre mí.
Estaba exhausta, no sé cuántos orgasmos tuve, pero al parecer a ellos ya no les quedaba ni una gota más. Los escuchaba despedirse y felicitarse entre ellos hasta que la habitación quedó en silencio. Mi esposo retiró la venda de mis ojos y dijo que estaba orgulloso de mí. Comentó que entre todos los que me follaron, ninguno fue él, pero ahora era su turno.
Abrió mis piernas y me perforó con furia, con los ojos inyectados de pasión y con la satisfacción de haber cumplido un deseo que ni yo sabía que tenía. Mi cuerpo sucumbió ante la sensación del instrumento que amo. Él continuaba llenándome con su grosor una y otra vez mientras yo me venía sin control. Al final él se vació dentro de mí y me llevó hasta la ducha.
El agua tibia eliminó el rastro de los otros, él mismo me secó y me cargó a nuestra habitación, donde dormí placenteramente hasta el domingo a mediodía. Desperté y me dijo que saldríamos a comer para luego ir a una piscina y un spa, “Necesito que descanses hasta que se me ocurra cuál será nuestra próxima aventura”.
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