Fantasías [Parte 1]
Por Pecado de Seda
Enviado el 23/03/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Cada miércoles iba a una clase de pilates, allí me reunía con amigas que había hecho.
Un día al terminar la clase vamos al bar de la esquina a tomar algo. Nos sentamos en una mesa pidiendo unas cervezas y aceitunas. Marta se fija en un moreno, de ojos verdes y cara de malo, es muy atractiva está en la barra tomando un whisky.
-¿Habéis visto al tío que hay allí? Dice disimuladamente
Como para no verlo, tiene cuatro polvos encima-contesta Anna.
María mira sin darse cuenta, pues no lo había visto.
Vas ciega por la vida -se ríe Rosa.
-No, estoy casada y no me fijo en otros hombres.
Nosotras también y por eso no dejamos de mirar a otros hombres.
Si no ¿con quién íbamos a fantasear cuando follamos? -le dice Anna.
María casi se atraganta con la cerveza.
¿Pensáis en otros hombres cuando lo hacéis con vuestros maridos?
Las dos se echan a reír.
María se queda pensativa su vida sexual es muy aburrida, que no sabe fantasear.
Mira al tío de la barra y piensa algo guarro con él. Piensa que se acerca y el tío la invita a una copa, luego empieza a ligar con ella y le besa el cuello. Siente un poco de calor y bebe un trago. Él le mete la mano por debajo del vestido y le aprieta el culo. Se besan y luego van hacia el baño. Allí le estruja los pechos y le mete la lengua hasta la campanilla y empieza a tener más calor y fija su mirada en el tío bueno.
Imagina que le da la vuelta y ella apoya las manos en la pared mientras el le aparta las bragas y se la mete sin miramientos. Empieza a empotrarla y ella se relame de gusto. El tío se la está follando en el baño y nota que si como se humedece.
Las amigas se ríen por lo bajo al verla sofocada.
-¿Te has puesto cachonda? le preguntan.
-Si hace años que no tenía un calentón así.
-¿A qué te gustaría follar con él? - le dice Anna.
-Ya te digo.
. Pues cuando llegas a casa, coge a tu marido y te lo follas pensando que te lo estás haciendo con el malo de la barra. Vas a sentir un placer muy intenso.
Pagan la cuenta y se van.
María caminó hacia su casa con las mejillas aún calientes. El aire de la noche le refrescaba la piel, pero no lograba apagar el fuego que le ardía por dentro. Las palabras de sus amigas resonaban en su cabeza. "Coge a tu marido y te lo follas pensando que te lo estás haciendo con el malo de la barra." La idea le parecía a la vez descartada y tremendamente excitante.
Al abrir la puerta de su piso, la encontró en silencio. La luz del salón estaba encendida, y vio a Jorge, su marido, sentado en el sofá con las gafas puestas, leyendo algo en la tablet. Llevaba unos pantalones de chándal y una camiseta vieja. Era una escena doméstica, cómoda, que ella había visto mil veces. Pero esta noche, lo miré con nuevos ojos.
—Hola, cariño —dijo Jorge sin levantar la vista—. ¿Cómo ha ido el pilates?
Bien —respondió María, dejando el bolso en la entrada. Su voz sonó un poco ronca. Se acercó y se sentó a su lado en el sofá. En lugar de contarle sobre las cervezas, puso una mano en su muslo—. Jorge.
Él finalmente la miró, sorprendida por el tono. Baja la tableta. - ¿Si? ¿Pasa algo?
Ella se inclinó y le besó. No fue el beso rápido y habitual de siempre, sino uno lento, profundo, con intención. Sintió como él se tensaba por la sorpresa y se relajaba, respondiendo. Cuando se separaron, él tenía los ojos un poco abiertos.
-Vaya – murmuró. - ¿Que te ha dado está noche?
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