EL BÚHO Y EL CARACOL

Por
Enviado el , clasificado en Cuentos
29 visitas

Marcar como relato favorito


          EL BÚHO Y EL CARACOL

El viejo búho se cayó de la rama de un árbol y se rompió la pata. Quedó allí, bajo el árbol, sin poder moverse, quejándose y quejándose hasta que molestó al caracol.

El caracol salió de debajo de la gran hoja de helecho y fue muy despacito hacia donde estaba el búho. Cuando él viejo búho gruñón vio al caracol abrió desmesuradamente sus ojos y parpadeó.

—¿Qué te pasa? —le dijo el caracol moviendo sus largas antenas con sus ojos verdes bailando de uno a otro lado.

El búho subió sus cejas de revueltas plumas canas y respondió:

—¡Oh, qué haces aquí... qué sabrás tú, siempre arrastrándote por la tierra y comiendo hojas verdes sin parar..., ah —le señaló con un ala desplegada— y ni siquiera tienes pareja, con esas antenas babosas!

El caracol trepó dificultosamente por el tronco, movió sus sus ojos brillantes y ladeó el largo cuello y la cabeza.

—¡Tentáculos.... Se llaman tentáculos! Y tengo cuatro. Tú, sin embargo, tienes sólo dos patas y aunque puedes volar, te quejas una y otra vez porque te has lastimado una. ¡Habrase visto quejica más grande en todo el bosque!

El búho sintió que le hervía la sangre bajo todas las plumas. Dejó de sentirse triste y se dio cuenta de que ya no sentía el dolor. Miraba al caracol y pasó a sentir lástima por el gasterópodo: siempre llevando el estrecho apartamento donde dormía sobre su espalda.

—Mira, ¡me has enojado!, tanto lamentarte y quejarte me has causado una indigestión. Tengo mucho que hacer todavía como para estar perdiendo el tiempo contigo, pero te voy a dar un consejo —Sus ojos se hundieron en los tentáculos y volvieron a aparecer elevándose sobre la blanca superficie de sus cuernecillos. Ladeó la cabeza señalando una loma cercana donde había un hermoso cerezo lleno de hermosos frutos morados y rojizos—. ¿Ves el cerezo?

El búho se levantó, apoyándose en la pierna sana, y miró el altozanillo. Allí estaba el árbol con sus apetecibles y carnosas cerezas.

—Ajá.

—Pues, ve allá y come quince cerezas de las más moradas y gruesas. Luego, ve al valle y planta cada uno de los huesecitos, dejando siete metros entre uno y otro —el caracol miró a don búho, que atendía con interés al pequeño gasterópodo—. Cuando hayas terminado. Vuelve a tu árbol y duerme un rato, porque te entrará sueño y debes estar descansado para cazar por la noche.

El viejo búho abrió su pico y puso cara de enojo.

—¿Qué gano yo con eso.., y cómo quieres que vaya allí? —dijo con voz irritada—: no ves que no puedo caminar.

El caracol estiró cuanto pudo su cuello untuoso y repuso:

—¡Oh, vieja ave, parece mentira que seas tan sabia y tengas tan buena vista, pero seas tan impaciente que no te des cuenta de que no necesitas tus dos piernas para llegar al cerezo, cuando puedes llegar volando.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed