EL CÍRCULO DE LAS SORPRESAS -uno-
Por Eunoia
Enviado el 23/03/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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EL CÍRCULO DE LAS SORPRESAS
(uno)
Orgia en grupo
Había sido una antigua tienda de vinos. La idea de apuntarnos a la actividad fue de Juana y su pareja, Cosme, que mantenían una relación de pareja muy abierta. El lugar era todo menos clandestino: eran varias salas para diversas actividades, espaciosas, muy iluminada y con música de fondo a elección de los grupos. Mia, Alejandro y yo recorrimos el espacio que en el catálogo llamaban El círculo de la sorpresa; Javi, Manuel, Pablo y David revisaban el local para asegurarse de que no había cámaras escondidas.
Abrimos la puerta y nos encontramos con el círculo de paredes de madera de nogal, que había sido donde reposaban antiguamente las botellas de vinos muy caros. El suelo estaba enmoquetado y alrededor en forma de herradura había unos bancos con asientos tapizados de color malva. Mina metió la mano hasta el codo. Cuando pasamos al lado opuesto yo me agaché para mirar por el orificio, pero debido a la inclinación y al efecto de la refractaccion de los espejos era imposible distinguir a cualquier persona que estuviera en la otra parte. Aparte del sonido musical, tampoco se podía escuchar las voces cuando Cati, Pili y Magdalena hicieron la prueba: la intimidad y el anonimato estaban de verdad garantizados.
Nosotras, como se decidió, entraríamos y esperaríamos; cuando los chicos ocupasen su lugar empezaría el sex party. Era, como digo, la celebración de nuestro doctorado en medicina. Fue elegida la actividad por unanimidad y teníamos ganas de experimentar el sexo en grupo, pero garantizando nos una discreción personal: ni ellos ni nosotras sabríamos a quien satisfaríamos o por quién obtendríamos el placer.
La seis íbamos con tanga y en topless. Curiosamente, Juana era la que mostraba más nerviosismo. A los pocos minutos por uno de los agujeros apareció el primer sexo. El orificio era suficientemente ancho como para que cualquier órgano sexual masculino cupiese perfectamente y tuviera capacidad para moverse circularmente. A los pocos segundos, los otros cinco emergieron por sendos círculos.
Mía fue la primera en escoger. La polla estaba recta; era gruesa y tenía una buena longitud. Las demás elegimos a nuestros partners entre las cinco vergas de diferentes grosores y tamaños. Como los orificios tenían unas dimensiones al efecto, algunos de nuestros compañeros de diversión sacaron sus testículos también. Como la norma era que todos fuéramos —nosotras y ellos— completamente depilados, era imposible adivinar la personalidad por el color del vello de los genitales.
Yo agarré "mi" falo y lo acaricié. Reaccionó inmediatamente y se irguió como si tuviese un muelle. Lo apreté entre los dedos: era duro y el borde del capullo era sumamente atractivo. Pasé el dedo por todo aquel anillo y la polla se elevaba y descendía. Eché un vistazo y vi que Pili estaba toqueteando los huevos de su cómplice y se acariciaba las tetas. Cati pasaba su lengua lamiendo la extensión de una tranca muy gruesa. Juana tenía la suya en la boca y los carrillos se inflaban y vaciaban al chuparla; Magdalena se había puesto de culo, echando a un lado la tela y pasando el coño por el capullo de su elegido. A Mía la tenía a mi lado, sentada y pajeando la polla más grande de todas.
Yo me senté y me llevé a los labios la que me correspondía. La besé y ella se expandió entre mi lengua y el paladar. La llené de babitas y chupé. Él se apretó y uno de sus huevos apareció por el agujero. Solté el miembro y estiré el testículo hasta que lo pude paladear y meter entre los labios, mientras seguí acariciando el capullo duro.
Cati se había quitado el tanga y se aculó frente al agujero. La polla entró en su almeja y ella se contoneó. A su lado, Mía follaba por delante. Pili le hacía una mamada a su compañero de diversión. Las bragas de Magdalena estaban a un lado: se metía la polla hasta dentro, con el trasero pegado al hueco redondo; sacaba la tranca que había elegido rítmicamente. Juana se sacó la gran pija que mamaba e imitó a Magda: se quitó la tanguita encarnada y comenzó a joder con aquel instrumento. Me pregunté de cuál de los chicos sería. Tuve una idea...
Les dije que podíamos cambiar todas de compañero. Mía aplaudió la idea y elegimos al azar cada una. Yo me dediqué al falo que había dejado Juana, que era la que me apetecía. La sobé con la capa viscosa que había dejado Juana y me la introduje hasta adentro de un solo golpe. El chico la tenía muy dura y me entró hasta el útero. Me jodí la polla hasta que estalló en espasmos líquidos que mojaban toda mi vagina.
A mi lado, Pili que según veíamos disfrutaba más haciendo felaciones, le chupaba sonoramente la verga a su nueva pareja sexual. Mía movía su culo follándose a la polla que había estado en el coño de Cati, quien dejaba la que la penetrase la verga que había preparado yo con mi boca. Cati fue la única que siguió masturbando la pija que le atrajo desde el principio. Jugaba con los dos cojones que sacó por el agujero: los besaba consecutivamente y pajeaba a su partner mimosamente.
El primero que se corrió fue el que se follaba Mía; a continuación Magdalena se separó con la boca llena de esperma que dejaba caer mientras pajeaba el miembro oscilante el el agujero circular. Con varias descargas, noté cómo la polla que tenía en mi vagina descargaba fuertes manguerazos lácteos. Me moví con energía y gocé los movimientos. Juana cuando notó los espasmos de su compañero de folleteo se pegó a la pared de madera y se frotó mientras él la follaba. La más espectacular fue Pili que arrodillada sorbía el semen de su chico y lo tragaba; cuando terminó cogió la que dejó Mía y se la llevó a la boca hasta que consiguió que eyaculase otra vez y nos mostró cómo goteaba la leche espesa a sacudidas. Cuando volví a mirar a Cati, un río de leche caía desde su cuello hasta el ombligo, resbalando por entre sus pequeñas tetitas morenas.
Fui hacia ella y le besé los pechos, recogiendo con mi lengua el aromático semen que los impregnaba.. Cati entrecerró los ojos y susurró: «me gusta». Mía nos contemplaba y dijo en voz alta: «Me habéis puesto tan caliente que…»
Los orificios por los que habían gozado nuestros compañeros de juego estaban totalmente vacíos: nos habíamos quedado solas, pero el clima de ardiente sensualidad se mantenía.
(Continuará)
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