Otra dimensión y siempre nos encontramos

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Enviado el , clasificado en Amor / Románticos
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Es indefinible y carezco de toda explicación…, pero es así. Siempre te encuentro por segunda vez. Estás ahí, como yo. Te “supe” inmediatamente. Mi cerebro crujió; mi corazón abrió todas sus válvulas, mi respiración se agitó, mi voz interior —esa con la que leemos, la que nos habla en la noche junto a la acogedora almohada—, me dijo es ELLA: y el remanso de armonía interior me condujo hacia ti, a tus brazos dulces, me acunó.

De nuevo. Otra vez. Esta vez: reencuentro contigo, mi yo complementario y eterno. El desafío a la muerte es que tú, precisamente, tú —TÚ— de repente tomes mi yo —un YO que sólo es para ti, que tú haces surgir de lo recóndito del otro yo, un yo menor, que ven los demás— y lo vuelvas a hacer revivir al aparecer el halo de tu alma tan parecida a la mía.

En cada ciclo todo es esperar, es esperarte para realizarme…y todo lo demás es accidental, tránsito, camino, burbujas que estallan, reflejo en un espejo.

No le pongamos nombre, corazón. No rompamos el hechizo estelar. No queramos asir el todo secreto, posesionarnos del misterio, apresurarnos a desvelar lo incomprensible para el cerebro…: porque es el corazón el que lo sabe, como sabe cuando estás triste y abatida, los momentos amargos y los vacíos. Entonces es, vida mía, cuando quisiera ser particular atómica, viajar —hasta ti— y fundirme en tu cuerpo.

No le pongamos definición al sentimiento que reta al concepto. Te siento y lo llamo reencuentro.

 


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