GUERRA y Economía
Si nos atenemos a la definición del teórico militar prusiano Carl P. G. von Clausewitz la guerra no es otra cosa que "la continuación de la política por otros medios". Aunque hay que darle otra dimensión, porque la Política es la Economía por otros medios, si queremos parafrasearle.
Por lo cual, se concluye con que la guerra es la prolongación de la Economía; es otra fase de la guerra económica traducida en política. La guerra es otro rostro de la Política, como esta es la Economía con otra faz. La guerra es, pues, el peldaño más alto de la Economía, su manifestación más cruda, su faz desnuda, su verdadero rostro descarnado, su calavera.
La Economía mercantil tiene por base lucha: lucha por la apropiación de los medios productivos, por la riqueza natural, por el desarrollo técnico y científico, por los mercados (primero de una nación, después de todo un país, un continente y, al final del planeta entero), por la dominación en la inversión en todo el globo terráqueo y el control de otros mercados, del crédito, de la exportación; de las naciones rivales, de los grupos formados por un mismo interés común en un área determinada (o áreas), por desbancar a las naciones o grupos y bloques rivales.
La Economía se rige por leyes propias, intrínsecas, ocultas y cierto mecanicismo particular, que la Política y los políticos tratan de canalizar y organizar, contener, dirigir mientras las contradicciones se mantienen en los limites en que la Diplomacia ejerce un papel importante entre los inevitables choques de intereses mercantiles. Cuando las contradicciones alcanzan cierto grado de agudización la Diplomacia es echada a un lado sin ambages y lo Militar la sustituye, despertando a todos los actores del nuevo escenario. El antagonismo ocupa el lugar de las contradicciones habituales y su lucha para reequilibrar las fuerzas en conflicto es sustituida directamente por la fuerza bruta, por las capacidades militares desarrolladas por cada nación, alianza o bloque. Así se entra en otra etapa de la lucha generada por los factores económicos, cuidadosamente ocultados a los ojos de la mayoría de las poblaciones, mientras ellos es posible.
Como una de las leyes económicas es el insoslayable desarrollo desigual de cada nación y región del mundo los equilibrios están continuamente mutando, las alianzas y pactos pacíficos no son más que etapas temporales, equilibrios inestables: los "amigos" de hoy son los enemigos de mañana. Igualmente, entre los enemigos en el campo de batalla se pueden mantener —lo hacen en la práctica— acuerdos sobre intereses comunes, incluso cuando las bombas ocupan el lugar de las palabras y los discursos ocultan los negocios.
Sin embargo, dado el actual incremento monstruoso del gasto militar mundial y el desarrollo tecnológico del armamento y las capacidades de las armas nucleares, es cuando cunde la alarma de los entendidos: como resultado de determinado grado de destrucción corre serio peligro la propia vida, primeramente la humana. Y es que la guerra tiene su propia lógica intrínseca, que junto y además de factores concomitantes, giros inesperados, errores de cálculo, el papel de los individuos, etc., juega un papel determinante y se impone a todos ellos. La guerra atómica no responde a los criterios de guerras anteriores ni a las estrategias y objetivos de la época de von Clausewitz: la guerra, hoy, supone un riesgo para la subsistencia misma de la vida natural de todo el planeta.
Pero al descorrer el telón también podemos ver otra cosa: las guerras son el acelerador de partículas de la Historia.
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