______ Miércoles ventoso______
Salvo algún transeúnte aguerrido, las calles y el parque estaban vacíos. Las ramas se agitaban furiosas bajo el viento borrascoso.
Martín hizo una seña a Águeda y ésta subió a la camioneta.
—Dieron orden de esperar a que se normalice el aire.
—Ideal…, y nadie nos ve —dijo ella. Se colocó de cara a él y se bajó el pantalón y la braguita. Martín miró alrededor, bajó la palanca, empujó el asiento hacia atrás e hizo lo mismo. Águeda se levantó lo justo para que él la cogiera por la cintura y se colocará en el punto exacto.
Ella suspiró cuando él la penetró y se hundió en su entraña. Los dos gozaron, entre jadeos y gemidos. Sus bocas se paladearon con la misma avidez de todos los días desde hacía un año. Seguía abrazada a sus hombros cuando él se vino dentro de ella. Águeda hizo girar sus caderas con el miembro todavía tieso en su vagina, mientras acariciaba furiosamente su perla endurecida. Con la respiración acelerada y el aliento pasando de su boca a la de Martín se corrió durante unos largos segundos. Terminaron. Ella se sentó en el asiento del lado de la furgoneta. Ambos se arreglaron el mono de trabajo. Tenían las manos entrelazadas, una sonrisa beatífica y las miradas soñadoras.
—¿Cómo siguen Rosa y los niños?
—Igual que siempre —respondió él. ¿Y Valentina y tu marido?
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