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Rogelio está sentado en una terraza de la plaza, tomando un té de menta. Un anciano llega y lanza media barra de pan sin trocear bajo una cornisa en la que hay una veintena de palomas. Al momento,se despliegan las alas y un torbellino de alas, picos y patas se abalanza sobre el pan.
El viejecito se aleja con paso vacilante y al pasar por delante de Rogelio espeta: «Esto es lo que ahora está sucediendo: nuestro planeta es el único pan, y las palomas las corporaciones de los Estados; lo que vemos es la forma de repartirlo.»
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