ESA EXTRAÑA SENSACIÓN

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Enviado el , clasificado en Amor / Románticos
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Sabes que está aquí. Lo supiste desde el principio, cuando se hizo real; es decir, cuando se hizo "físicamente" real, porque real... Lo fue siempre: estuvo ahí siempre, como lo está tu sombra o como sabes que es el eco, una reverberación de ti misma, algo inseparablemente tuyo. Más aún: algo que estará siempre contigo..., porque lo estuvo siempre.

Hay sensaciones; y también, hay "sensaciones", unas son directamente materiales, reales, son percibidas por los sentidos exteriores. Las otras son igualmente materiales, porque forman parte de ti, son, por tanto también reales; pero son sensaciones interiores, van contigo sin el entorno: son una parte de ti, tuya, un sector de ti misma, inseparable, aunque en un tiempo no adquiriese forma externa, no tuviese rostro, ni voz; no emitiese calor, no tuviese labios, ojos, cabellos, fragor personal,; no supieras de su tacto, de la suavidad de las yemas de sus dedos, ni olieras su aliento, ni te proporcionará placer.

Lo que si sabes de inmediato, sin que la mente habitual pueda explicártelo, que ese ser es la persona que siempre habías buscado, esperado: la confirmación completa de la realidad de existir, para qué existir, por quién existir: la vida.

Y entonces te preguntas cómo has podido vivir sin ella, sin el intercambio con ella de tus inquietudes, dudas, vaciedades, necesidades, frustraciones, esperanzas y sensaciones —esas otras que son percibidas con el otro conjunto de sentidos interiores, a los que llamamos ser espiritual o alma, no en un sentido metafísico ni religioso, sino como parte del yo físico.

Esa extraña sensación que alimenta el día a día, sin la cual YA no es posible sumergirse en el trayecto onírico, ni crear y recrear el mundo de la fantasía, de los sueños secretos, de las realizaciones ocultas e inconfesas. Esa sensación que nos llena y completa, que nos hace suspirar y con la que nuestra sensualidad alcanza un cruce perfecto entre lo carnal y lo sublime de todos los sentidos más profundos de nuestro ser realizado en sí y para sí.

Esa extraña sensación que hace que un día, sin necesidad de nombrarlo, ocurra, se materialice y aparentemente no cambie nada… pero sin embargo, todo se coloca en su sitio.

Esa extraña sensación en la que no hay promesas ni futuro compartido en el sentido habitual, no hay manos entrelazadas hacia un mismo destino. Pero hay algo más tranquilo, más profundo e íntimo: una certeza suave de saberse sin tenerse.

Esa extraña sensación que entiende, sin palabras, que no están destinados a caminar juntos… pero sí a encontrarse siempre, de alguna forma.

Y en ese acuerdo silencioso, de sensaciones compartidas , tan extraño como perfecto, descubren que quererse así , sin ser, sin necesitar ser,  también es una forma completa de amor.


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