EL CAMPO GRANDE
I
Confesar confieso y aunque no esté bien decirlo, lo digo:
mis pasos del amor certero me conducen al Campo Grande,
ahora que tú estás entre la flor de los cerezos.
Y tú , por tu parte también confiesa, que esperabas esto que no son versos,
Porque mi libertario corazón no se sujeta con barrotes, aunque dorados sean.
Estás lejos
Y los tímidos cuartos crecientes de tus labios besan, con el fruto anticipado de tu boca la serena flor de los secretos.
II
Sombra soy
que silencioso sigue tus pasos,
admirado de las yemas de tus dedos.
Con mis ojos busco, hurgo y acaricio
las hojas que tus dedos tocan
entre los anaqueles antes muertos,
que en tus manos reciben el aliento
vivo que sale de tu pecho.
(Para M)
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