Mi residencia de marzo en la Meseta

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Prisionero de un encantamiento, el caminante abandonó el sendero para internarse entre el tupido follaje y la corona arbolada de un hermoso valle.

El báculo que guiaba sus pasos le habló y él no tuvo miedo; escuchó y entendió que el camino entonces serían senderos de misterio y fantasía, donde el encuentro de los cuerpos sería silencio, las sombras compañeras encendidas, los sueños caminos de hierro, los ojos serían dedos, las palabras besos, las horas, una espera con el corazón latiendo, y la vida ya toda ella un secreto compartido con la serena hechicera de la antigua morada de las diosas.


(Para aquella mujer que habita en las murallas construidas en papel y tinta morada)

 


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