Entre manzanos y deseo[Parte 2]

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Ya estás chorreando para mí. ¿Tanto te excitó que te hablara sucio en el huerto?

Deslizó un dedo dentro de mí lentamente, luego otro, abriéndome con cuidado pero con decisión.

—Ahh… estás tan apretada… —susurró mientras empezaba a mover los dedos dentro y fuera—. Este coñito rico me va a quedar perfecto cuando te folle.

Con la mano libre me levantó la camiseta blanca por encima de las tetas y las sacó del sujetador. Sus dedos juguetearon con mis pezones duros mientras seguía follándome con los dedos.

—Dime… ¿quieres mi polla ya? —preguntó, mordiéndome suavemente el lóbulo de la oreja—. ¿Quieres que te llene este coñito apretado aquí en la caseta? Dímelo… quiero oírte decirlo.

Mi respiración era entrecortada. Apenas podía pensar con claridad.

—Sí… —gemí—. Quiero tu polla… métemela…

Diego soltó un sonido satisfecho y retiró los dedos. Escuché cómo se bajaba la cremallera de los vaqueros. Sentí la cabeza gruesa y caliente de su polla rozando mi entrada mojada.

—Buena chica —dijo con voz ronca—. Ahora relájate… te voy a follar rico y profundo.

Empujó lentamente, abriéndome centímetro a centímetro hasta que estuvo completamente dentro de mí.

—Joder… qué apretada estás… —gruñó, quedándose quieto un momento para que me acostumbrara—. Este coñito me está agarrando tan rico…

Empezó a moverse, primero con embestidas lentas y profundas, luego más rápidas. Su mano se enredó en mi pelo, tirando suavemente hacia atrás mientras me follaba contra la mesa.

—Así… toma mi polla —susurró entre dientes—. ¿Te gusta cómo te lleno? Dime lo que sientes… quiero oírte gemir mientras te follo en esta caseta.

mírate —susurró con voz ronca, pasando las manos por el interior de mis muslos—. Qué coñito tan bonito y rosado… ya estás brillando de lo mojada que estás.

Se inclinó hacia adelante y besó la parte interna de mi muslo, subiendo poco a poco. Su aliento caliente rozaba mi piel sensible.

—Estás temblando… —murmuró contra mi piel—. Me encanta ver cómo te abres para mí. Este coñito se ve tan rico, tan listo para que lo llene.

Sus dedos gruesos acariciaron mis labios inferiores, separándolos con delicadeza. Uno de ellos rozó mi clítoris hinchado y yo arqueé la espalda con un gemido.

—Mmm… qué sensible estás —dijo con tono satisfecho—. Ya estás chorreando para mí. ¿Sientes cómo te late el coñito solo con que te mire?

Se incorporó un poco y se desabrochó los vaqueros. Sacó su polla gruesa y dura, acariciándola lentamente mientras me observaba tumbada y abierta en la mesa.

—Quiero que me mires —pidió con voz grave—. Quiero que veas cómo te voy a meter toda esta polla hasta el fondo. ¿Estás lista para sentirme entero dentro de ti?

Se acercó más, frotando la cabeza caliente y gruesa de su polla contra mi entrada resbaladiza, arriba y abajo, torturándome con la anticipación.

—Dime… —susurró, mirándome intensamente—. ¿Quieres que te folle ahora? ¿Quieres que entre despacio y te llene este coñito apretado que tienes?

Mi respiración era entrecortada. Apenas podía hablar, pero logré gemir:

—Sí… métemela… por favor…

Diego sonrió con deseo y empujó la cabeza de su polla dentro de mí, abriéndome centímetro a centímetro con un gemido ronco.

—Ahh… qué apretada estás… —gruñó, entrando poco a poco—. Se siente tan caliente y suave… este coñito me está abrazando perfecto.

Cuando estuvo completamente dentro, se quedó quieto un momento, dejándome sentirlo entero.

—Dios… qué rico —susurró—. Me tienes tan duro… Ahora voy a follarte despacio para que sientas cada centímetro.

Empezó a moverse con embestidas lentas y profundas, una mano en mi cadera y la otra acariciando mi clítoris con el pulgar.

—Así… toma mi polla —murmuró cerca de mi oído—. ¿Te gusta cómo te lleno? Dime lo que sientes… quiero oírte gemir mientras te follo en esta caseta.

Diego sonrió con deseo y empujó la cabeza de su polla dentro de mí, abriéndome centímetro a centímetro con un gemido ronco.

—Ahh… qué apretada estás… —gruñó, entrando poco a poco—. Se siente tan caliente y suave… este coñito me está abrazando perfecto.

Cuando estuvo completamente dentro, se quedó quieto un momento, dejándome sentirlo entero.

—Dios… qué rico —susurró—. Me tienes tan duro… Ahora voy a follarte despacio para que sientas cada centímetro.

Empezó a moverse con embestidas lentas y profundas, una mano en mi cadera y la otra acariciando mi clítoris con el pulgar. Sus caricias eran firmes pero suaves, subiendo por mi vientre hasta llegar a mis tetas. Las apretó con las dos manos, masajeándolas mientras seguía entrando y saliendo de mí.

—Quiero sentir todo tu cuerpo —murmuró, inclinándose sobre mí.

Me besó con intensidad, su lengua buscando la mía en un beso profundo y húmedo. Gemí contra su boca mientras sus embestidas se volvían más fuertes y rítmicas. Cada vez que entraba del todo, su pelvis chocaba contra la mía, llenándome por completo.

—Así… ¿sientes cómo te estoy follando? —susurró entre besos, mordiéndome suavemente el labio inferior—. Tu coñito está tan caliente y mojado que me vuelve loco.

Sus caricias no paraban: una mano bajaba por mi espalda, agarrándome el culo para atraerme más hacia él con cada embestida; la otra seguía jugando con mis pezones, pellizcándolos justo como me gustaba. Los besos se volvieron más urgentes, bajando por mi cuello, chupando y mordiendo la piel sensible mientras sus caderas aceleraban el ritmo.

—Más rápido… —gemí, clavándole las uñas en los hombros.

Diego gruñó de placer y obedeció. Sus embestidas se volvieron más profundas y potentes, haciendo que la mesa crujiera bajo nosotros. Cada golpe me llenaba por completo, rozando ese punto perfecto dentro de mí que me hacía temblar.

—Joder… estás tan apretada… me estás ordeñando la polla —jadeó contra mi oído, sin dejar de besarme el cuello—. Quiero correrme dentro de ti… quiero llenarte entero este coñito rico.

Sentí cómo su polla se hinchaba aún más dentro de mí. Sus caricias se volvieron más desesperadas, sus manos recorriendo mis muslos, mi cintura, mis tetas, mientras seguía follándome con fuerza.

—Voy a correrme… —gruñó, acelerando las embestidas—. ¿Quieres que te llene? Dime que sí…

—Sí… córrete dentro… lléname —supliqué entre gemidos.

Con un último empujón profundo, Diego se hundió hasta el fondo y se corrió dentro de mí. Sentí el calor de su semen llenándome en chorros fuertes y calientes, pulsando contra mis paredes. Siguió moviéndose lentamente mientras se vaciaba por completo, sus besos suaves ahora en mis labios, en mis mejillas, en mi frente.

—Ahh… qué rico… —susurró, todavía dentro de mí, dejando que su corrida me llenara hasta el fondo—. Siente cómo te estoy llenando… todo para ti.

Se quedó unos segundos más, acariciándome el pelo con ternura mientras ambos recuperábamos el aliento. Su polla aún palpitaba dentro de mí, mezclando su calor con el mío.

Finalmente, salió despacio y me miró con una sonrisa satisfecha, pasando los dedos por mi coñito sensible, recogiendo un poco de su corrida que empezaba a escurrir.

—Eres increíble… —murmuró, besándome de nuevo con suavidad.

Una vez relajado, Diego se vistió con calma, subiéndose los vaqueros y ajustándose la camiseta. Yo todavía estaba tumbada en la mesa, con las piernas temblorosas y su corrida aún caliente dentro de mí. 

 Me miró con una sonrisa satisfecha y sexy.

—Mañana pasaré a la misma hora .


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