El uniforme de Natalia
Por DivasSensuales2.2
Enviado el 07/04/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Mi papá está en sus 70 y vive solo. Lo visito una vez al mes para conversar y chequear que todo esté bien. Su casa siempre olía a café y periódicos viejos, pero ese día, un rastro de vainilla y el zumbido eléctrico de la aspiradora lo cambiaron todo, al abrir la puerta me llevé una sorpresa. Una hermosa joven estaba aspirando el piso mientras mi padre la observaba desde una silla. Esta chica vestía el clásico traje de sirvienta sexy, pantimedias, una falda tan corta que dejaba ver parte de sus nalgas y un escote que mostraba más de lo debido. Más que un uniforme, parecía un disfraz erótico.
“Hola Raúl, llegaste en buen momento” dijo mi padre señalando con su mirada a la chica. Tomé aire y pregunté “¿Está pasando algo aquí?”, mi papá respondió “Nada hijo, ella es Natalia, la chica que me ayuda a limpiar”. Ella se acercó a estrechar mi mano, “Mucho gusto señor Raúl” dijo mirándome con sus impactantes ojos marrones.
Sonó la bocina de un carro afuera, mi papá tomó sus llaves y dijo “Llegaron por mí, voy al póker con Antonio y los demás”. Lo tomé por el hombro y le dije en voz baja que “esto” no era normal. Él solo respondió “Conversa con Natalia, no seas un cuarentón amargado, verás que es una chica normal haciendo su trabajo” y se fue dejándome a solas con ella.
Me senté en el sofá, mi corazón se aceleró al deleitar mi vista con su figura. “Natalia, ¿Vienes a diario?” Pregunté tratando de no tartamudear por los nervios. Ella volteó, sonrió y dijo “No, vengo tres días a la semana, solo en la tarde porque en la mañana voy a la universidad”. Eso llevó a una conversación de mucho rato y cuando sentí la confianza fui directo al grano, “¿Y siempre vistes así?” Le cuestioné.
Ella suspiró y mientras ajustaba las ligas de encaje en sus medias me explicó: “El señor Luis me ofreció el doble si usaba este uniforme, dice que le alegra la vista”. Antes de que le respondiera me dijo: “Su padre es un caballero inofensivo y respetuoso. En casa hago mis labores casi sin ropa, aquí estoy igual de cómoda, me pagan bien y no me importa que me miren, en realidad ya noté que usted también está disfrutando la vista”.
Me paré, me disculpé y le dije “Está bien, pensé que estaba pasando otra cosa entre ustedes”. Ella se acercó a mí y dijo “Me gustan los hombres mayores, cómo usted señor Raúl, no cómo el señor Luis”. Lo dijo de una manera tan seductora que me hizo lanzarme hacia ella, la tomé por la cintura e intenté besarla. Ella hizo su cabeza a un lado y dijo “No, primero tiene que ganarse el derecho a besar mi boca, inténtelo”.
No sé qué estaba pasando, con qué tipo de mujer me había topado, mi excitación fue de mínimo a máximo en un segundo, mi miembro ya estaba totalmente duro, pero ¿Cómo se gana un beso?. Con mis manos en su cintura, sin dejar de mirarla a sus ojos, fui acariciando hasta llegar a sus pechos, ella sonreía, dándome a entender que eso era lo que quería. Solté un botón de su blusa y no me detuvo, solté el resto y pude ver su impactante par de tetas, firmes y redondas, lamí sus areolas y pezones color café.
Natalia me hizo a un lado y se dejó caer en el sofá con una naturalidad que me desarmó. Al abrir sus piernas, la ausencia de ropa interior fue un choque eléctrico que me obligó a caer de rodillas. Ella con sus dedos expuso el interior de su vagina para mí, no resistí la urgencia de enterrar mi cabeza entre sus piernas. Pasé mi lengua firmemente por sus labios externos y al llegar a su clítoris sostuvo mi cabello para que me quedara ahí. Mientras mi lengua hacía círculos mis dedos iban dentro de ella. Natalia no ocultaba sus gemidos, en realidad comenzó a gritar cuando mis dedos aumentaron la velocidad. En este punto su cuerpo se derrumbó en un orgasmo y bebí sus jugos con una urgencia que quemaba mi garganta.
“Ahora si puedes besarme” dijo ella y yo, tan obediente, la besé como si mi vida dependiera de ello. Natalia parecía disfrutar el sabor de su coño en mi boca y yo estaba más que feliz de compartirlo con ella. Durante ese apasionado beso de varios minutos ella logró sacar mi pene de mis pantalones, al sentir lo duro que estaba se puso de pie para luego inclinarse sobre un mesón y pedir con una cortesía casi irreal: “Señor Raúl ¿Me lo puede meter, por favor?”.
Me paré detrás de ella, subí su falda para revelar sus jugosos glúteos, los apreté y separé para luego acariciar con mi pene desde su clítoris hasta la entrada, en movimientos repetitivos hasta que la punta se deslizó dentro de ella. Natalia quedó inmóvil, casi aguantando la respiración, esperando el primer empujón.
Lo introduje lentamente, ella apretaba sus puños sintiendo cada centímetro. “Oh señor Raúl, qué rico” fue lo único que dijo antes de volver a interpretar la deliciosa melodía de sus gemidos. Su vagina estaba tan húmeda, tan caliente, tan apretada, no pude evitar un gruñido gutural al sentir como su calor me envolvía, viendo mi sexo perderse una y otra vez en su interior.
Lo estaba haciendo de manera controlada por varios minutos, no quería terminar tan rápido ante semejante mujer, pero terminé tomando con fuerza su cintura y aumentando el ritmo de la penetración. “Si, duro, así me gusta” repetía ella una y otra vez. Con furia seguí rebotando en sus nalgas y cuando empecé respirar agitadamente supe que estaba cerca del límite.
La necesidad de eyacular me hacía gemir casi de manera agonizante. El ritmo brutal de los repetidos choques de nuestros cuerpos hizo que ella acabara nuevamente y verla sucumbir en su orgasmo me llevó peligrosamente al final. Por suerte logré sacarlo a tiempo, pero Natalia no permitiría que ensuciara el piso que acababa de aspirar. Se arrodilló tan rápido que alcanzó a atrapar la cabeza de mi pene entre sus labios y recibir toda mi descarga en su boca.
Quedé anonadado ante la determinación de su mirada, sin pestañear, recibiendo chorro tras chorro y tragando mi espeso semen. Felizmente, con su linda sonrisa, lamió mi pene dejándolo reluciente. Se paró y abrió su boca mostrando que había tragado todo, sin reservas la besé mostrando mi gratitud y deseo por ella.
Cuando recuperamos la respiración, se ofreció a prepararme una limonada. Ambos tomamos un vaso cada uno, sonriendo y conversando en complicidad mientras ella preparaba la cena para mi padre. Me comentó que su turno estaba por terminar, pero podría preparar algo para mí también. Respondí que mejor íbamos a cenar juntos en otro lugar y aceptó.
Al dejar todo preparado se cambió y fuimos a comer. Luego de la cena la llevé a su casa y al llegar me dio su número de teléfono, entre tantas cosas no se lo había pedido, pero estoy seguro de que pronto estaré haciéndole algunas llamadas a la hermosa Natalia.
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