LA NECESIDAD DE LAS PASIONES

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A pesar de la visión timorata de la vida que inocula culturalmente nuestra sociedad tradicional, incluso los reaccionarios ceden a las parcelas de la necesidad, aunque sea casi siempre velada hipócritamente por la insaciable búsqueda del beneficio económico.

De ahí, que no importe a los apóstoles de la moralidad impuesta mostrar ejemplos de comportamientos transgresores..., siempre que "acaben mal" y todo sea reconducido al "buen camino" de la emotiva vida familiar o, por contra, al ocaso del padecimiento del audaz transgresor.

Y sin embargo, una y otra vez resucita el inevitablemente antagónico complemento del modelo de vida tradicional familiar: el dominio de los impulsos y las pasiones rupturistas, que luchan y se enfrentan al molde de vida preconcebido y fatalista de la visión social dictada por las consideraciones de las conveniencias.

¿Qué puede hacer la fuerza de la represión frente a la potencia intrínseca de las necesidades hormonales de nuestra especie, de los individuos que componen la sociedad y buscan consciente e inconscientemente la felicidad sin dudar en demoler las barreras impuestas por el filisteísmo reaccionario?

Los eslabones de la cadena de la fuerza son de tipo económico. Ante las limitaciones que impone la dificultad para conseguir y mantener la capacidad de obtener los medios de vida necesarios, las chispas liberadoras del fuego de la vida verdadera se presentan bajo el temible nombre de amor sexual.

El auténtico escenario natural de la vida de los homo sapiens en todas las culturas, que constituye el legado de la escritura, la escultura, la música, la pintura y las artes no es otro que mostrar al desnudo la necesidad de las pasiones si no se quiere hacer transcurrido por la vida como espectros sin substancia. Es precisamente en ese territorio (en el debate entre "lo prohibido" y lo deseado) donde la persona se autentifica, porque las pasiones, los deseos, las pulsiones, no son accidentales ni una "desviación" del orden establecido, sino la materia de la experiencia vital en todo su esplendor. El negarlo, tan sólo las desplaza o las entierra llevando a la destrucción del flujo vital de las personas.

Nuestra historia íntima y personal es un pulso constante entre norma e impulso, entre seguridad y el vértigo de lo que podría ser un cambio, y en ese pulso, quienes eligen vivir plenamente no eligen el camino cómodo, pero sí el único que te permite sentir, aunque sea por instantes que estamos vivos y somos libres


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