LA DESAPARICIÓN DE UNA POETISA 2 (FINAL)

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A Marta Gisbert el corazón le dio un vuelco. Sin pretenderlo había encontrado el ridículo pañuelo del primo de Lidia en aquel lugar y enseguida se lo enseñó a su marido.

- ¿Ves, ves como yo tenía razón? Aquí hay gato encerrado. Esto es una prueba que pueda tener que ver con el asesinato de Javier. Y el primo de Lidia quizás esté implicado en el asunto - le dijo Marta con  gran excitación-. Habrá que llevarlo a la policía.

- A mi tampoco me gusta nada este asunto - dijo Noé.

Cuando Marta Gisbert estaba a punto de ir a la policía autónoma, recibió en su móvil el mensaje de Lidia Bosch. Tenían que verse en secreto en un recóndito piso de Montgat, que es una población muy cercana del pueblo del litoral cataláb donde residían. La poetisa le contaría a su amiga lo que le había sucedido.

Marta cogió su coche y se dirigió al lugar indicado. Cuando estuvo frente a Lidia en un destartalado y sórdido piso de un inmueble bastante antiguo pudo percatarse de que la angelical expresión que siempre había mostrado su amiga ante los demás había desaparecido por completo y en su lugar tenía una mirada dura y huidiza con un destello cruel en los ojos; así como su voz había adquiido un tono metálico, carente de afectividad. No parecía la dulce Lidia que todos conocían.

- ¡Lidia, Lidia! Tus padres sufren mucho por ti - se atrevió a decir Marta.

- ¡Mis queridos padres! Estos viven de ilusión. Son unos pazgüatos que no quieren ver la realidad del mundo - dijo ella con sarcasmo-. Quiero que se olviden de mi, porque yo tengo mi propia vida.

- ¿A qué te refieres?

- Sí. Tú tienes un trabajo, y las cosas te van bien. ¿Pero no te has enterado de que los jóvenes van de culo con un trabajo temporal y cobrando un sueldo de miseria que no les permite vivir como es debido; en un piso decente? 

- Sí. Lo sé.

- Mis padres hablan del bien y del mal. Pero con esta mierda de vida que han creado los mayores, a  no ser que seas un pobre diablo no se puede hacer casi nada. Sigues siendo un pobre de solemnidad; y solo los políticos viven bien a costa nuestra. ¿De donde crees que he sacado el dinero para pagarme la edición del libro que he escrito, y hacer la vida holgada que ahora tengo? - dijo Lidia con una sonrisa cada vez más cínica.

Marta permanecía en silencio.

- Pues yo te lo voy a decir. Vendo droga. Hago de "camello" y gano muy buen sueldo. Con mi trabajo en la empresa de Marketing apenas ganaba para vivir como yo quería.

- Pero Lidia. Esto es un delito.

- Sí. ¿Y qué? ¿Es que no sabes que vivimos en una sociedad hipócrita en la que hasta muchos políticos se drogan?

- Esto no justifica nada - Tras una pausa Marta decidió pisar el acelerador-. ¿Quién ha asesinado a tu amigo Javier? Seguro que ha sido tu primo. ¿No es así? porque yo no creo que tu seas capaz de matar a nadie y menos a tu amigo y confidente de toda la vida - apuntó ella pensando en el ridículo pañuelo que había encontrado en aquel terreno.

En aquel momento se abrió la puerta de una habitación y salió el presuntuoso primo de Lidia con un martillo en la mano como si se dispusiera a golpear a Marta en cualquier instante.

- Exacto, señorita. .A aquel niñato lo maté yo - confesó el primo de Lidia-. Él vino aquí, se puso muy pesado con Lidia tratando de convencerla para que dejase el "mal camino", y nos amenazó con denunciarnos a la policía. No tuve más remedio que eliminarlo. Luego llevé el cadáver a aquel lugar, y se me debió de caer el pañuelo del bolsillo. Pero como veo que tu también nos quieres denunciar, siento decirte que también debo acabar contigo.

Y a Marta empezaron a temblarle las piernas de miedo. Sin embargo lo que ellos no sabían era que Noé, al apercibirse de que su mujer Marta se iba a meter en la boca del lobo al ir a entrevistarse con Lidia, se apresuró a informar a la policía, y ésta había segudo con discrección a Marta. Y cuando aquel sujeto iba a golpear a la joven, irrumpió la policía autónoma en el piso impidiendo un nuevo crimen. Así que detuvieron tanto a Lidia como a su primo, y cuando todo hubo pasado, Marta le dijo a su marido:

- El hecho dee que uno sea un poeta, no quiere decir que se sea buena persona. Una cosa es tener habilidad para hacer una obra de Arte, y otra es la vida que dicha persona pueda llevar.

- Sí. Eso mismo digo yo - corraboró Noe.

                                                                   FRANCISCO MIRALLES PÉREZ

 


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