
Sor María, nuestra monja, es una monja moderna; abrió un tajo en su hábito para lucir una pierna.
Esa abertura en la falda fue una idea genial: refrescaba en verano el pecado original.
Fue de las primeras monjas que aprendió a conducir; se compró una motocicleta solo para presumir.
Invitó un día a salir a su amiga Sor Virtudes; fueron a darse un garbeo y conocer multitudes.
Al pasar frente a un radar, les sacaron una foto. El guardia quedó perplejo: ¡dos monjas en una moto!
Cantando iban las dos una estupenda canción, cuando las manda parar el guardia de circulación.
Todo lo tienen en regla, revisiones al día. ¡Viajar dos monjas en moto no es ninguna herejía!
—Sujétense bien el casco, vayan con precaución; que la carretera es brava y hay mucha circulación.
—Gracias por sus consejos, nada nos pasará; va el Señor con nosotras y Él nos protegerá.
—¿Viajar tres en una moto? ¡No lo puedo perdonar! Eso infringe el reglamento y las tengo que multar.
Doscientos euros de multa, según lo estipulado, y dos puntos del carnet por llevarlo "camuflado".
Comentarios
COMENTAR









¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales