El conflicto y la lucha
En un interesante diálogo de su novela El árbol de la ciencia, Pio Baroja* opone dos visiones. Mientras el personaje de Iturrioz considera "que la vida es una lucha constante, una cacería cruel en que nos vemos devorando los unos a los otros", su sobrino, Andrés Hurtado sostiene que la concepción de la lucha por la vida no es otra cosa que un mero concepto antropomórfico. Esto hace que el tío haya de matizar su opinión, y así:
• en la mente humana toda relación que produce un vencedor y un vencido es conceptualizado por nuestra idea como conflicto, y todo conflicto es expresado con la palabra lucha; por tanto la idea de lucha por la vida obedece a un fondo: nuestra forma de entender un conflicto, que no es otra cosa que una relación;
• la conclusión moral ante el conflicto carece de fundamento en la naturaleza exterior al ser humano: salvo en un sentido relativo, no existe ni lucha ni justicia. Tan sólo un proceso biológico en que los seres van apoderándose de la energía, con el fin de crecimiento y transmisión de su herencia, en medio de los obstáculos objetivos del medio exterior;
• aquello que llamamos justicia no es sino lo que nos conviene, "un interés utilitario", por más que también sea parte constitutiva de nuestra manera de entender el mundo: "una tendencia que existe en nosotros";
• la naturaleza del homo sapiens y sus instintos básicos pueden transformarse, por más que se necesite un largo lapso temporal ("muchos siglos", dice Iturrioz).
Lo que no deja de sorprender es que tales opiniones no conduzcan al tío de Andrés Hurtado más que a una conclusión contemplativa y estática ("serena", "indiferente"), por lo cual el sobrino descubre los límites exculpatorios de la filosofía de su pariente: "le convence a uno de que lo mejor es no hacer nada" porque, al final del camino, el tío termina aceptando la visión circular y repetitiva de las secuencias históricas del mundo natural. ¿Acaso no es este un perfecto dibujo del cinismo?
Otra conclusión más coherente sería que para interactuar positivamente con el mundo natural no hay otro camino que derribar las barreras de toda filosofía que nos encierre en la conformista visión fatalista y conduzca a la acción. ¿No afirma también Iturrioz que "en el fondo todo es destruir, todo es crear"?
Aunque, también sería recomendable el desprecio ante una visión del mundo tan estéril como lo es el gesto final de Andrés, quien "ya no quiso atender a Iturrioz".
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* Pío Baroja, El árbol de la ciencia, segunda parte, capítulo IX.
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