La caida de un paypig II

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Andrés fue trasladado al pabellón 7-B, conocido como "El Matadero". Allí no había reglas, solo machos con cadena perpetua, tatuajes hasta el cuello y pollas que no habían visto un culo virgen en años. Cuando entró, todavía con la jaulita rosa visible bajo el uniforme naranja roto, los lobos lo olieron al instante.

La primera noche fue brutal. Lo arrastraron a una celda oscura. Cinco o seis lo rodearon. Le arrancaron la ropa. La jaulita rosa brilló bajo la luz tenue. Risas guturales.

—Mira este maricón con candadito… parece una putita de barrio.

Le quitaron el candado a la fuerza, a mordiscos. Pero no para liberarlo: para follarlo sin piedad. Lo pusieron en cuatro, le metieron la cara contra el piso sucio. Uno tras otro. Pollas gruesas, sin condón, sin lubricante más que saliva y sangre. Andrés gritaba al principio, luego solo gemía como la zorra rota que era. Cada embestida le recordaba a Viper: "Esto es lo que mereces, pig. Tu culo siempre fue mío para prestarlo".

Viper recibía los videos por un canal privado. Veía a su ex-pay pig siendo sodomizado en grupo: uno en la boca, dos en el culo al mismo tiempo, manos apretándole las tetas falsas que se había hecho crecer con hormonas baratas para complacerla. Veía cómo lo llenaban de semen, cómo lo obligaban a tragar, cómo lo marcaban con tatuajes caseros: "Propiedad de Viper" en la nalga derecha, "Puta de pabellón" en el pecho.

Ella se masturbaba viéndolo. Se corría fuerte cada vez que veía a Andrés llorando mientras otro preso le susurraba: "Tu ama te vendió, perra. Ahora eres nuestra".

Pasaron los meses. Andrés ya no era persona. Era el agujero oficial del pabellón. Lo usaban para apuestas, para castigos, para desahogo. Dormía en el suelo, cubierto de semen seco, con la jaulita de vuelta (los presos se la volvieron a poner como trofeo). Viper nunca lo sacó. Solo enviaba mensajes al guardia: "Más duro. Quiero que se rompa del todo".

Un día, en su celda de lujo, Viper abrió el último video: Andrés de rodillas, rodeado de 8 machos, pidiendo más polla mientras repetía con voz quebrada:

—Gracias, Diosa Viper… gracias por arruinarme… soy tu faggot sissy pig para siempre… Ella sonrió, apagó el teléfono y transfirió unos billetes más al guardia.

—Manténganlo vivo. Su ruina me divierte demasiado. Fin.

La Ruina en la Calle: El Esclavo de la Mugre

Viper no esperó mucho. Con el dinero que Andrés le había enviado durante años (y el que seguía llegando de sus "amigos" en el pabellón), sobornó a quien tenía que sobornar. Un juez corrupto, un abogado de mierda y un par de guardias. En menos de un año, Andrés salió de la cárcel de Libertad. Pero no como un hombre libre. Viper lo esperó en la puerta, en un auto negro con vidrios polarizados, vestida con su corsé de cuero y tacones altos, el strap-on guardado en el maletero por si acaso.

—Bienvenido al infierno real, pay pig —dijo ella con una sonrisa fría mientras lo metía en el asiento trasero—. Ahora me perteneces de verdad.

Lo llevó a un callejón oscuro en el centro de Montevideo. Allí, le quitó todo: la ropa naranja de preso, los zapatos raídos, hasta los calzoncillos. Solo le dejó la jaula de castidad rosa, ahora más apretada con un candado nuevo y reluciente, y un plug enorme metido en el culo, inflado para que no pudiera sacárselo sin llave. Desnudo, expuesto, con el plug estirándolo y la jaula colgando patética entre las piernas.

—Vive en la calle, cerdo. Mendiga. Sobrevive como el sissy faggot que eres. Y envíame fotos diarias de tu degradación, o la llave se pierde para siempre.

Lo empujó fuera del auto y se fue, riendo mientras aceleraba. Andrés se quedó allí, temblando en la noche fría de julio, el plug presionando su próstata con cada paso. Sin dinero, sin ropa, solo su cuerpo marcado por los tatuajes de la cárcel: "Puta de Viper" en el culo, "Toilet Slave" en el pecho.

Se unió a la mugre de las calles: mendigos oliendo a orina rancia, adictos con venas pinchadas buscando la próxima dosis, alcohólicos vomitando en las esquinas, putas con sífilis avanzada, desdentadas y con llagas en la boca ofreciendo mamadas por un peso. Junto a travestis decadentes, con maquillaje corrido, pelucas sucias y cuerpos marcados por años de hormonas baratas y cirugías fallidas. Ellos lo vieron como carne fresca.

Al principio, Andrés mendigaba comida, durmiendo en cartones bajo el viaducto. Pero pronto lo raptaron. Un grupo de esa escoria humana: dos travestis llamados Lola y Trini, con tetas falsas caídas y pollas semi erectas bajo faldas rotas; un adicto flaco con ojos hundidos llamado Ratón; una puta desdentada llamada La Vieja, con sífilis que le comía la piel; y un alcohólico gordo, El Borracho, que olía a vino barato y sudor.

Lo arrastraron a un sótano abandonado, un antro de mugre con colchones podridos y botellas vacías. Lo ataron con cuerdas sucias, la jaula rosa expuesta, el plug aún dentro.

—Miren esta putita fina —rió Lola, la travesti líder, con voz ronca por años de tabaco—. Vamos a romperla hasta lo peor.

Empezó el horror. Primero, ball busting: Ratón y El Borracho le patearon las bolas encerradas en la jaula, riendo mientras Andrés aullaba de dolor. Cada patada enviaba ondas de agonía, pero la jaula no cedía. "¡Grita más, sissy! Viper nos pagó para esto", mentían, aunque Viper solo observaba desde videos que le enviaban.

Luego, piss: Todos se turnaron para mear sobre él. Lola le abrió la boca con dedos sucios y orinó directo en su garganta, caliente y amargo. Trini le meó en la jaula, riendo mientras el líquido goteaba por sus piernas. La Vieja, con su sífilis, le salpicó la cara, obligándolo a tragar o ahogarse.

Scat vino después, lo peor. El Borracho se cagó en un balde viejo y lo usaron como ungüento: untaron mierda fresca en su cuerpo, en su culo alrededor del plug, en su boca. Andrés vomitó, pero lo obligaron a lamer. "¡Come, toilet slave! Eres nuestro retrete humano ahora".

Lo sometieron sin piedad: travestis follando su boca con pollas sucias, adictos metiendo dedos infectados en su culo junto al plug, putas desdentadas mordiendo sus pezones hasta sangrar. Ball busting intercalado con piss en su jaula, scat untado en sus heridas. Lo convirtieron en su esclavo total: limpiando sus culos con la lengua después de que cagaran, bebiendo su orina de botellas, recibiendo patadas en las bolas hasta que se hincharon moradas.

Viper recibía los videos diarios y se pajeaba frenética, Andrés cubierto de lloraba semen seco de la jaula.

Un día, Viper mandó un mensaje: "Buen trabajo, mugre. Manténganlo vivo. Es mi objeto de muchas pajas.


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