El motor del tiempo
Entonces no sabía que sus ojos curiosos buscaban en sus pies el mundo. Tampoco que sus delicados dedos podían tensar el arco medieval del verano, montar con serenidad virginal, ser el marca libros de los párrafos de los que mis ojos hicieran mineral de plata, ni que su mirada escrutadora cruzaría la altura meridiana hasta llegar a mi costa espumosa.
«El motor del Universo», recitaron sus dedos incrustándose en el pecho herido para embravecer el corazón dormido. «Despierta, hechicera: soy tu maga». ¡Oh, qué lindo invertirse en los papeles y rotar los nombres para asirme a tu grupa fantástica y recorrer contigo los anaqueles polvorientos de nuestros sueños!
Y un temor aniquila mis sentidos, cruje mis huesos: ¿Y si ella no hubiera llegado está vez a tiempo? Porque desde siempre y para siempre nos esperaba el movimiento traslaticio..., pero ¿y si esta vez ya no hubiera más "tiempo"?
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