Una noche de aquellas

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Era casi la media noche, y caminábamos por una calle solitaria luego de tomarnos unas copas en el bar donde nos conocimos. La ansiedad por llegar a nuestro destino era evidente, pues la conversación en el bar se había puesto muy candente, y las copas ya se habían subido a la cabeza, y nuestras miradas nos delataban cuanto nos deseábamos.

Caminamos unos cuantos metros más, y a la entrada de un callejón con poca luz no lo dude un instante, y sin previo aviso la lleve contra la pared y empecé a besarla con desenfreno, y enseguida ella correspondió de igual manera.

La besaba pausadamente, pero con intensidad. Luego mordí suavemente su labio inferior, y proseguí a bajar a un lado de su cuello besándolo y deslizando mi lengua de abajo hacia arriba acompañando con suaves mordiscos, y sentía su respiración acelerándose sin control.

Mientras devoraba su cuello, mis dedos bajaban una tira de su vestido por su hombro, y baje hasta el para lamerlo y morderlo, y en instantes desnude uno de sus pechos, y empecé a lamer su pezón que ya se encontraba firme y duro como una piedra.

Lo lamía, chupaba y succionaba... ahhhh, empecé a escuchar tenues gemidos, y mientras seguía una de mis manos se metió entre su vestido hasta llegar a su sexo, y por encima de las bragas inicié frotándolo despacio y escuchaba sus jadeos más continuos… ahh ahh ahh...

En segundos sentí sus bragas húmedas, y las hice a un lado para entrar en contacto directo con su sexo y con mis dedos índice y medio los introduje y mientras lamia, chupaba y mordía su pezón mis dedos empezaban a entrar y salir aumentando el ritmo paulatinamente.

Su respiración cada vez era más pesada, sus uñas se clavaron en mi espalda y jadeaba un poco más desesperada. Mis dedos cada vez entraban y salían más a prisa, mi lengua no paraba de castigar su pezón, y al instante su respiración se entrecortó y estalló en delirio impulsando sus caderas desesperadas hacia mis dedos… ahhh ahh ahh... gemía sin parar, y yo no me detuve hasta dejarla totalmente saciada.

A los segundos el sonido de una sirena nos alertó, y rápidamente saque mi mano de entre su vestido, y ella subió la tira de su vestido hábilmente guardando su pecho.

Fueron minutos de una adrenalina increíble y sonriendo seguimos en camino a nuestro destino sabiendo que la noche aún era larga, y esto apenas había sido el comienzo.


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