La Prêta : las vueltas del destino capitulo final

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Habían pasado más dos años, Andrea se fue con Juan, se casaron y tuvieron un matrimonio de oro, luna de miel en cruceros y en el caribe, arrendaron un departamento en Ñuñoa y malgastaron el dinero en lujos, pensando que el nuevo empleo se Juan le daría una vida se ensueño, Andrea se retiró de la carrera de admiración de empresas y se empezó a preparar para estudiar ingeniería comercial con el dinero de su esposo, pero la empresa minera norteamericana se fusionó con una empresa Noruega y por llevar poco tiempo Juan y otros fueron despedidos, la burbuja de oro de reventó y quedaron en la miseria, de un departamento en Ñuñoa  terminaron en un departamento ubicada en avenida Santa Rosa con avenida San gregorio Juan de operario de un computador en el cargo de supervisor paso a trabajar como operario en la empresa Fruna y Andrea cómo vendedora en la misma empresa ganando los dos el sueldo mínimo, el Chevrolet Camaro después de pasar por mecánicos baratos terminó destartalado en el patio de tierra oxidándose. 

 

Claudio y Susana cargaron sus sueños en el foodstruck y se instalaron en Valdivia, dónde el verde de la selva valdiviana y la honestidad del sur los recibieron con los brazos abiertos. empezaron de “ menos uno” pasaron frío y hambre, de día trabajaban en una cafetería él en la cocina y ella de garzona, compraron el terreno donde estaba una vieja y destartalada cabaña pequeña y de apoco el patio de la casucha se llenó de tablas, bigas y sacos de cemento, ella en la tarde continuaba sus estudio qué empezó en Santiago ahora continuó en la sede local y de noche hacia las cuentas del foostruck que Claudio trabajaba después de la cafetería, y los dias libre trabajaban remodelando la cabaña.El  frío y la lluvia mojaban y calaba los huesos, a base de sándwich y café tibio de un termo qué compartían, con una sonrisa y el abrigo de su amor sincero era la fuerza para seguir luchando por sus sueños. Una tarde de intensa lluvia llegó un crítico gastronómico y chef " Jean Phillipe Marseaux " quie hizo una parada en el Foodstrucke, solo tomó un caldo caliente y quedo impresionado igual que la mirada de Susana quien también lo reconoció,  el crítico pidió una especialidad y Claudio le sirvió la ensalada Susana al probarlo elogio tanto el plato como el talento de Claudio, meses después en su programa hablo de la alta gastronomía en un foodstruck en Chile  y la fama se disparo y de toda Europa y américa venían a comer al carrito de Claudio.

Pasado los dos años 

En una esquina privilegiada cerca del río, en la antigua pequeña y destartalada  cabaña abrieron "La Prêta". Era un restaurante pequeño, de madera nativa y ventanales grandes que dejaban entrar la luz grisácea del sur, pero su alma era inmensa. La fama de la mano de Claudio corrió como pólvora por la región. Turistas y locales hacían filas eternas bajo el paraguas solo para probar un bocado de su cocina.

La inauguración fue un evento que Valdivia no olvidaría. El alcalde, concejales y figuras de la zona reservaron mesas con semanas de antelación. Susana, impecable, con su título de Administradora de Empresas recién obtenido, manejaba el salón con una elegancia que dejaba mudos a los presentes. Ya no era la mujer inestable que huía de Coquimbo; era la arquitecta de un imperio compartido.

Mientras en el sur descorchaban champaña, en un pequeño departamento de la periferia de Santiago, la oscuridad era total. Andrea miraba la televisión con los ojos hundidos,  su cabello negro azabache que al tenerlo suelto destellaba vida y en una trenza que enamoraba al hombre que quiso darle un gran futuro juntos,  ahora estaba opaco desordenado, sus ojos que brillaban con destellos de luceros ahora estaban apagados encima de ojeras y la sonrisa que cautivó a Claudio a base de cosquillas y actos de amor sinceros en el pasado ahora estaba cerrada y su rostro que irradiaba una luz blanca diafana ahora parecia una vela derretida y el peso de un embarazo avanzado que la mantenia atado a un " pobretón". La ambición le había jugado la peor de las bromas Él ya no era el galán del norte; era un hombre amargado que despreciaba a la mujer que tenía al lado. Andrea se dio cuenta de que estaba atrapada. Había roto el pacto del liceo de 1999 no para ser independiente, sino para depender de un hombre que ahora la hundía en la miseria.

 

El salón de "La Prêta" en Valdivia brillaba bajo las luces cálidas de la inauguración. Susana se movía entre las mesas con una seguridad magnética. Vestía un diseño exclusivo color marengo, ajustado con elegancia, que resaltaba sus curvas con una sobriedad empoderada. Su maquillaje era suave, pero sus labios rojos gritaban triunfo; ya no era la mujer derrotada sino la dueña de su destino.

En la cocina, Claudio vestía su chaqueta de chef blanca, impecable, radiante. Sus ojos azules reflejaban la calma de quien ha vencido al mundo, de pronto, el primer acorde de sintetizador de "Livin' on a Prayer" empezó a sonar en la radio de la cocina. Claudio se detuvo, miró a su equipo y ordenó con una sonrisa:

—¡Suban el volumen! ¡Que suene en todo el restaurante!

Cuando el estribillo estalló, Claudio salió al salón. Tomó a Susana de la cintura y, ante la mirada de los comensales y las cámaras de la prensa nacional que la entrevistaban empezaron a bailar. No era un baile de salón, era un festejo de guerreros. Se abrazaron y se besaron con la misma fuerza de aquella noche de grasa y sudor en el foodstruck.

.—¡Apaga esa tontera! —le gritó Juan a Andrea desde la cocina, con una voz cargada de odio y frustración.

 

—¡Miren esto! —decía la periodista del despacho en vivo—. Una pareja que empezó de cero, que venció a la pobreza y al destino. Hoy son el ejemplo máximo de superación en la región.

 

Andrea guardó silencio, apretando el control remoto. En la pantalla, vio a Claudio abrazando a Susana frente a las cámaras de la prensa nacional vio la mirada de admiración de Susana, la misma que ella alguna vez tuvo y cambió por un Chevrolet Camaro y un futuro próspero que ya no existía. apagó la pantalla. La oscuridad de la habitación se volvió total, rota solo por el llanto silencioso de una mujer que descubrió, demasiado tarde, que la verdadera pobreza no es la falta de dinero, sino la falta de lealtad.

En Valdivia, el brindis continuaba. El pacto de 1999 se había cumplido, pero solo para quien tuvo el valor de amar el proceso, y no solo el resultado.

FIN

 


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