Póker Negro parte diez " Academia "
Por Teulfelsaugen
Enviado el 05/05/2026, clasificado en Intriga / suspense
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London School of Economics and Political Science, Londres noviembre del 2.000 17:30 hrs
La tarde caía sobre Londres con una neblina grisácea que se filtraba por los ventanales góticos de la universidad. El profesor Bradford O’Ryan caminaba a paso veloz hacia su despacho, con la mente dividida entre la importancia del simposio sobre "Algoritmos de Predicción Financiera" y el rostro de la joven que había conocido en el pub la noche anterior, al estar el pub cerca de la escuela pensó que quizás ella estudiaba ahí así que pregunto por el alumnado sobre ella pero nadie le pudo dar una respuesta inclusive mandó a sus asistentes a investigar sobre su paradero pero nada, llegando a su despacho encuentran a sus asistentes que tomaban los recursos técnicos y partían al aula magna, tomó su carpeta donde estaban sus apuntes, al salir de su despacho y dirigirse hacia el Aula Magna, el profesor atravesó el corredor de los antiguos laboratorios. Fue entonces cuando la vio.
Al final del largo pasillo, bajo la luz mortecina de una lámpara parpadeante, una silueta castaña caminaba con paso ligero. Llevaba un abrigo de lana oscuro y una bufanda con los colores de la escuela que le cubría parte del rostro, pero el movimiento de su cabello y su postura eran inconfundibles. Era ella.
—¡es ella! —gritó O’Ryan, olvidando su decoro académico.
La figura se detuvo un segundo, giró levemente la cabeza —lo suficiente para que O'Ryan viera el destello de sus ojos castaños bajo esos anteojos ópticos — y luego dobló por la esquina que conducía a la biblioteca de manuscritos antiguos.
O’Ryan corrió, esquivando a un grupo de alumnos que salían de clase, al doblar la esquina, el pasillo estaba desierto, solo el sonido de una puerta cerrándose a lo lejos rompía el silencio. Bárbara Schaffer vestida como Sarah Taylor atravesó la biblioteca donde solo había cinco estudiantes, el académico entró a la biblioteca pero los estrechos corredores y galerías fueron como un laberinto en eso lo llaman —¡Profesor O'Ryan! ¡Ahí está! —su asistente lo alcanzó, jadeando.— El decano ya está en el podio. El simposio debe empezar ahora, todo el sector financiero de la City está esperando su exposición sobre las vulnerabilidades del mercado.
O’Ryan miró el pasillo vacío por última vez, con el corazón latiéndole con fuerza.
En el otro lado de la universidad tras el escenario del simposio Marcus el otro asistente de O'Ryan estaba sentado en una mesa con un computador IBM trabajaba a contra tiempo para tener la presentación lista, detrás del telón aparece Sarah Taylor resbalando con la tela mira a Marcus ,ajusta los lentes hacia el puente de su nariz, lo mira y le sonríe pero luego se va, Marcus la reconoció “ la chica que Bradford O'Ryan buscaba” ¡ espera ven quiero hablar contigo! Sarah se acerca pero tropezando por un cable cae en la mesa botando los libros y las cosas que estaban en el escritorio ¡ lo siento ,lo siento! Soy un desastre — dijo Bárbara von voz acelerada y aguda —no te preocupes— dice él asistente y se agacha para recoger las cosas, Bárbara aprovecha para insertar un disquete de 3.5" de alta densidad con carcasa reforzada .El disquete tiene un microchip oculto en el eje de rotación y una antena plana de cobre integrada en la etiqueta, necesita que Marcus haga nada; en cuanto el motor de la disquetera lo hace girar, genera la energía suficiente para activar un transmisor de ráfagas de onda corta. Afuera de la universidad Alfred el contacto del Mossad recibe la señal y la rebota a un satélite de comunicaciones que la envía directo a la central en Tel Aviv, la disquetera empieza a producir el clásico sonido, para distraer a Marcus Bárbara se agacha — te ayudo — y empezó a recoger unos lápices Marcus ve el trasero redondo que se asomaba bajo el abrigo el cual al estar agachada se expandió dejándo su trasero muy marcado, los ojos del asistente quedaron fijos en ella, al levantarse Bárbara ve que el dispositivo terminó su labor se acercó a Marcus lo abrazo — gracias , te pasaste— luego le da un beso en la boca solo lo necesario, barbara extiende el brazo y saca el disquete guardandolo en la manga de la chaqueta se apartó— adiós— y se giró para marcharse ¡ espera! Dijo Marcus ¿ cual es tu nombre? — Sarah Taylor- dicho esto ella se abandono el lugar.
El profesor Bradford O’Ryan estaba sentado en la mesa de honor, flanqueado por eminencias de la economía británica y delegados del Tesoro. Sus manos tamborileaba nerviosas sobre el mantel de terciopelo verde. Sus ojos no dejaban de escanear las filas de asientos, buscando la elegancia fría de la mujer del pub.
De pronto, el pesado portón de roble del Aula Magna emitió un chirrido agudo que cortó el murmullo de la audiencia, todas las cabezas se giraron, incluida la de O’Ryan, en el umbral apareció una joven caminando de espaldas como si abriera el portón con el trasero, parecía desbordada por la vida académica, llevaba unos lentes de montura gruesa ligeramente chuecos sobre el puente de la nariz, el cabello castaño recogido en una coleta desprolija y cargaba dos grandes libros que amenazaba con caerse de sus brazos, se voltea y mira fijamente a O’Ryan y le sonríe ocultando la mirada mostrando timidez, justo antes de entrar en la fila, uno de los libros —un pesado ejemplar de Cálculo Estocástico— se le resbaló de las manos y golpeó el suelo de madera con un estruendo seco.
—¡Oh, lo siento! ¡Perdón! —susurró ella, atropelladamente, mientras se agachaba de forma torpe para recogerlo, chocando accidentalmente con el maletín de un invitado de la primera fila.
O’Ryan la observó fijamente. Era ella, pero... ¿cómo podía ser ella? Esa chica parecía una estudiante de primer año perdida en su propio pánico. Sin embargo, cuando "Sarah" finalmente encontró un asiento vacío en la tercera fila, justo en el ángulo de visión del profesor, se acomodó los lentes y levantó la vista, por un microsegundo, Bárbara Schaffer dejó de lado su papel de estudiante torpe y clavó sus ojos en los de O’Ryan, no hubo miedo, solo una sonrisa leve, casi imperceptible, que decía: "Te tengo".
Inmediatamente después, volvió a su farsa, abriendo un cuaderno y buscando un bolígrafo en su bolso con movimientos erráticos.
—Bienvenido, profesor O’Ryan —anunció el decano por el micrófono—. El estrado es suyo.
Bradford se puso de pie, con las piernas sintiéndose como gelatina. Bárbara había logrado su objetivo: anclar la atención del profesor en ella, durante toda su exposición, O’Ryan no miraría a los delegados de la FED presentes ni a los inversores de la City; hablaría exclusivamente para la chica de los lentes chuecos, tratando de impresionarla, de descifrar quién era realmente.
Bárbara, mientras tanto, miro fijamente a O’Ryan quien no le quitaba los ojos de encima la cacería de datos había comenzado, y el profesor O'Ryan estaba demasiado fascinado por Sarah como para notar que le robarían el Código de las tarjetas del Póker Negro frente a sus propios ojos.
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