Póker Negro parte trece " la Leona de Tel Aviv "
Por Teulfelsaugen
Enviado el 15/05/2026, clasificado en Intriga / suspense
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Capítulo trece: La Leona de Tel Aviv
Despacho del Profesor Bradford O'Ryan. Noviembre del 2.000.
Bárbara deja el vaso de whisky a medio terminar sobre el escritorio de roble. Mira a Bradford, que ahora está entrando en una fase de sueño profundo del que no despertará en al menos cuatro horas, cuando lo haga, su memoria será un agujero negro; pensará que el whisky era demasiado fuerte o que su corazón le jugó una mala pasada ante la belleza de Sarah.
Bárbara se pone su abrigo con calma, se limpia el labial tóxico y colocándose otra capa del labial ciruela intenso le besa el cuello y la comisura del labio , se acerca a la puerta pero un pensamiento la detiene y no sale del despacho, mira a Bradford, que ronca levemente en el sillón, y se dirige a su computadora — ¿ la clave del computador? Se escucha un silencio pero la voz pesada del académico se dedprende — katetis 69— los dedos vuelan sobre el teclado, usando la clave que le extrajo al profesor.
Entra al servidor de la Facultad de Teología, en la pantalla aparece escrito en la parte superior de la ventana de MS-DOS se leía en letras verdes: DIRECTORY: /PROJECT_JERICHO/CORE_H7_V.2.0. -------Ahí está: el archivo "Proyecto Jericó"-- Pero cuando terminó de descargarlo y llevárselo, Bárbara toma una decisión táctica agresiva,
introduce un comando de borrado seguro / DoD 5220.22-M/ No solo borra el archivo, sino que sobrescribe el sector del disco duro siete veces con datos aleatorios. El respaldo de la Séptima Ecuación en la universidad deja de existir físicamente.crea un archivo falso con el mismo nombre, pero protegido por un cifrado que, al intentar ser roto, enviará un rastro de IP falso directamente a los servidores de Poseidón., Bárbara se asegura de que el despacho luzca como una escena de seducción que terminó en un desmayo etílico, acomoda la corbata de Bradford y deja otra marca de labial en el borde de su copa de whisky.
Abre un poco la ventana para que el aire frío de la noche limpie el rastro de su perfume
Al salir al pasillo, ya no es la agente letal, vuelve a encoger los hombros, baja la mirada y se pone sus anteojos de "Sarah", cruza el campus desierto, sintiendo la adrenalina bajar, pero su mente ya está en Berlín.
Su contacto la intercepta a la salida de la universidad — Langley esta rodeando el sector, dirígete al hotel caminando, interceptaton la señal satelital, dame el disquete llevaré la información del computador a un recolector —
Hotel San Giles, cerca de Oxford Street.
Bárbara regresó a su habitación del hotel con una sonrisa triunfal. Había sido una noche productiva, el profesor O’Ryan, bajo el efecto de una conversación cuidadosamente guiada y un toque casi imperceptible de su labial neurotóxico, le había revelado las coordenadas de un servidor con el proyecto Jericó, era su primera operación exitosa, mañana volaría a Suecia para interceptar a Miguel Ángel Linares y dar fin a su misión, enntró en la habitación 412 y cerró la puerta con llave, se quitó los tacones, suspirando de alivio, y caminó hacia el minibar, necesitaba agua, entonces, el instinto que Isolda había intentado despertar en ella gritó una advertencia, el aire en la habitación estaba demasiado quieto, el olor a perfume barato del hotel había sido reemplazado por un aroma sutil a sudor y metal.
Bárbara se giró justo cuando una sombra se desprendía de la oscuridad del baño.
—No se mueva, señorita Sarah Taylor —dijo una voz con un acento estadounidense impecable.
Un hombre alto, vestido de civil pero con la postura inconfundible de un operativo, le apuntaba con una pistola con silenciador, detrás de él, un segundo agente salió del armario, sosteniendo unas esposas de plástico.
—Langley quiere hablar con usted sobre lo que el profesor O'Ryan le dijo esta noche —dijo el primer agente, avanzando.
Bárbara sintió pánico, paralizarla por un microsegundo. La CIA. ¿Cómo la habían encontrado? ¿Había sido que estaban en la conferencia y la vieron con O'Ryan? La adolescente en su interior quería gritar, rendirse, llorar, pero entonces, el adiestramiento del Mossad tomó el control de su cuerpo. Isolda había dicho: "Cuando el miedo llegue, conviértelo en acción".
El segundo agente se acercó para sujetarle las manos. Fue su error, con un movimiento fluido y explosivo de Krav Maga, Bárbara desvió el brazo del agente hacia afuera, rompiendo su agarre, antes de que pudiera reaccionar, ella clavó la palma de su mano en la barbilla del hombre, haciéndole chasquear los dientes y enviándolo al suelo, aturdido.
El primer agente, sorprendido por la velocidad de la "cadete", intentó apuntar, pero Bárbara ya se estaba moviendo, se agachó, esquivando una supuesta bala, y barrió las piernas del hombre con una patada circular, el cayó con estrépito sobre la mesa de café, soltando el arma.
Bárbara se abalanzó sobre él, inmovilizando el brazo contra la espalda en una llave dolorosa, el hombre jadeó, luchando por soltarse.
—¡Hija de...! —bramó él.
Bárbara, con la respiración entrecortada pero con una frialdad que no sabía que poseía, sacó el lápiz labial transparente de su bolso con su mano libre. Se aplicó una capa rápida sobre sus propios labios, se inclinó sobre el agente, acercando su rostro al de él.
—Vas a decirme la verdad —susurró ella, y lo besó.
Contó mentalmente: uno, dos, tres, cuatro... Separó sus labios de los de él justo antes de que la parálisis cognitiva fuera permanente, los ojos del agente de la CIA se volvieron vidriosos, su resistencia desapareció bajo el efecto de la neurotoxina derivada de toxinas marinas.
—El Póker Negro... —preguntó Bárbara, su voz firme ahora—. ¿que sabe la CIA?
— todo el juego de Poseidón —confesó el agente, su voz monótona y arrastrada—. Son cinco tarjetas de acceso físico. Poseidón tiene tres. Nosotros tenemos una... en una base segura en Frankfurt. Estamos buscando la tarjeta madre, se cree que la solución de la novena ecuación de Gurdensen es la única forma de sincronizar las cinco tarjetas para el control total de la red financiera global.
Bárbara sintió un escalofrío. Langley estaba muy adelantado en la información del Póker Negro
—¿Qué sabe la CIA sobre Miguel Ángel Linares? —insistió ella.
—Creemos que Gundensen le dejó una clave oculta en un libro o lugar secreto, un patrón lógico, tenemos un equipo en Estocolmo listo para secuestrar esta noche, van a llevarlo a una blacksite para interrogarlo, Bárbara soltó al agente, que se desplomó en el suelo, inconsciente y sin memoria de la confesión, ella se puso de pie, se puso botines, limpiándose los labios con el dorso de la manga del abrigo, la adolescente había desaparecido, la mirada que ahora tenía era la de una cazadora, miró su reloj, el equipo de la CIA ya debía estar moviéndose en Estocolmo, ella había perdido tiempo valioso.
Bárbara se colocó una chaqueta negra blindada, su bolso Louis Vuitton dónde estaba su cuchillo y recogió la Glock 23, verificó el cargador y salió de la habitación del hotel, dejando a los dos agentes de la CIA neutralizados. Ya no era una cadete inexperta. Era la agente Schaffer y tenía un periodista que rescatar antes de que la CIA se lo arrebate.
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