Póker Negro parte catorce " Luces de Estocolmo "
Por Teulfelsaugen
Enviado el 19/05/2026, clasificado en Intriga / suspense
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Aeropuerto de Arlanda, Estocolmo.
Bárbara no esperó al vuelo de las siete de la mañana, usando una mezcla de encanto juvenil y una técnica de persuasión que rozaba la hipnosis, convenció al supervisor de la aerolínea de que su "emergencia familiar" requería un asiento en el último vuelo nocturno, se embarcó con una sonrisa inocente, sabiendo que su Glock 23 y el pico de cuervo viajaban seguras en un compartimento oculto de su bolso Louis Vuitton, diseñado con polímeros que burlaban los escáneres de densidad estándar.
Al aterrizar en el frío cortante de Estocolmo, el aire sueco le pinchó la piel como agujas de hielo, caminó hacia la fila de taxis con paso firme, pero antes de llegar, un Mercedes negro se detuvo frente a ella, el conductor, un hombre de rostro curtido y ojos que no parpadeaban, bajó la ventanilla y soltó una frase corta en hebreo:
—“El desierto no olvida la lluvia”—
Bárbara reconoció el santo y seña, subió al asiento del copiloto de un salto, el hombre arrancó antes de que ella cerrara la puerta.
—Se me informó que acababas de salir del aeropuerto —gruñó el contacto, su voz cargada de una furia contenida—. ¡Deberías haber viajado a las siete de la mañana! ¡Se le dijo más de una vez que acate las órdenes, cadete!
Bárbara no se encogió. La adrenalina de Londres seguía fluyendo por sus venas.
—La CIA me localizó en mi hotel, me emboscaron —soltó ella, mirando fijamente la carretera—. Pero me liberé, y no solo eso, logré sacarles información bajo presión, el Póker Negro, la CIA tiene una de las tarjetas en Frankfurt y buscan la tarjeta madre que esta en Berlín ¡estan mas adelantados que nosotros!
El contacto frenó en un semáforo y la miró con incredulidad.
—Deberías haberle dicho eso a Alfred, tu contacto en Londres, antes de desaparecer.
—No había tiempo, deje un mensaje para él en recepción—replicó Bárbara, ajustándose la chaqueta reforzada—. Eso no es todo. La CIA tiene un equipo operativo aquí, en Estocolmo, van a secuestrar al periodista chileno, Miguel Ángel Linares, creen que él tiene la clave para activar las tarjetas. ¿Dónde está ahora?
El contacto guardó silencio un segundo, procesando que la "novata" acababa de desmantelar una célula de la CIA ella sola.
—Está terminando su conferencia en la Universidad de Estocolmo —dijo el hombre, acelerando el motor—. Si la CIA ya está en posición, tenemos menos de diez minutos para llegar antes de que lo metan en una camioneta y lo borren del mapa— dijo el contacto.
Bárbara sacó su Glock del compartimento secreto del bolso Louis Vuitton y verificó la recámara. El metal estaba frío, pero su mano no temblaba.
—Entonces pise el acelerador —sentenció ella —.No he venido desde Tel Aviv para dejar que los americanos se queden con el único hombre que puede encontrar el dicho código de Fernanda Gundensen—
El Mercedes vuela por las calles de Estocolmo hacia la universidad, Bárbara llega justo cuando Miguel Ángel sale por la puerta trasera del aula magna, buscando su coche, sin saber que tres hombres de la CIA lo están rodeando en las sombras del estacionamiento.
Concepción, noviembre del 2.000
El trato hacia los periodistas cambió, ya en la noche cenaban en un pequeño restaurante, Miguel Ángel pidió un arroz con carne al jugo y puré con pollo arvejado pidió Andrés, con unas cervezas los tres de Langley estaban en una mesa unos metros más cercano a la puerta mirando hacia ella. Los dos periodistas conversaban.
— ¿no se te ocurre dónde tu novia pudo haber guardado información? Miguel Ángel estaba más concentrado en una chica vestida con minifalda negra, chaqueta negra de cuero y cabello ondulado teñido de rubio al escuchar a su amigo miró a su plato pensando, luego miró a su colega — mi ex asistente Francisco Carrasco me dijo que Fernanda casi siempre estaba cerca de los logos de la valquirias de su fundación y ahora que lo dices en todos sus oficinas estan los mismos logos— Andrés lo miró golpeando el tenedor en el plato— ¿dices que tiene algo oculto tras los logos? Miguel Ángel acercó la cara donde su amigo— cuando se reunieron Fernanda y Emilia, Francisco me dijo que ya había activado la ecuación número siete y ese mes paso más tiempo en las oficinas— dijo Miguel Ángel, se levantó y caminó hacia los agentes, —quiero saber a que nombre están los inmuebles de Fernanda y Fundación Walkirias— los agentes se miran entre ellos y luego miran a Miguel Ángel.
Estocolmo, Suecia. Estacionamiento de la Universidad.
Bárbara irrumpió en el aula magna, pero solo encontró el eco de las últimas risas y el olor a café frío, corrió hacia el ventanal y sus ojos de halcón escanearon el estacionamiento, allí estaba, un Volvo gris plata, reconoció la patente del informe que había memorizado en el vuelo, el motor rugió y el vehículo de Miguel Ángel salió a toda prisa hacia la salida trasera.
—¡Maldición! —masculló.
Miró a su alrededor buscando el Mercedes de su contacto, pero no lo vio, no había tiempo para esperar, sus ojos se fijaron en una motocicleta Husqvarna estacionada cerca de la facultad de ingeniería. Sin dudarlo, sacó el cuchillo pico de cuervo de su bolso, forzó el encendido con la destreza que solo una cadete rebelde poseería y arrancó, dejando una estela de humo en el aire gélido, siguió al Volvo a través del laberinto de calles adoquinadas, a lo lejos, vio aparecer una furgoneta negra con los vidrios polarizados: la CIA, estaban cerrando el cerco sobre Miguel Ángel, Bárbara aceleró, sintiendo el viento helado golpearle el rostro, lista para interceptar a los americanos, pero justo cuando iba a cruzarse en el camino de la furgoneta, el Mercedes negro de su contacto apareció de la nada, cerrándole el paso a la moto y obligándola a frenar en seco con un chirrido de neumáticos. El contacto bajó la ventanilla, su rostro era una máscara de piedra.
—¡Sube al auto, Schaffer! ¡Ahora! —ordenó el hombre.
Bárbara tiró la moto al suelo y entró al Mercedes, furiosa, señalando hacia el Volvo de Miguel Ángel que se alejaba escoltado por la CIA.
—¡Lo tienen! ¡Están a punto de secuestrarlo y tú me detienes! —gritó ella, golpeando el tablero—. ¡Mi misión es capturar al periodista!
El contacto aceleró en dirección contraria, alejándose de la escena del secuestro con una calma exasperante.
—Tu misión ha cambiado, Bárbara —dijo el hombre, sin mirarla—. Órdenes directas de Tel Aviv, acaban de confirmar que la información que extrajiste de Bradford es correcta ¡ felicidades! Ahora debes ir a Berlín
—¿Y Miguel Ángel? —preguntó ella, con la respiración entrecortada y los ojos fijos en el espejo retrovisor.
—Si la CIA lo tiene, lo mantendrán vivo. Por ahora nosotros vamos a Berlín, si queremos ganar este juego, tenemos que interceptar esa tarjeta antes de que llegue a manos de Poseidón o de la CIA
Bárbara se hundió en el asiento, apretando la Glock 23 contra su costado, sentía la impotencia quemándole la garganta, había fallado en interceptar al periodista y ahora el Mossad la enviaba de vuelta a su país natal.
—Berlín... —susurró ella, mirando cómo las luces de Estocolmo se desvanecen—
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