Mi niñera Doris y su primer trío (1)
Por Gonzalo41
Enviado el 14/04/2026, clasificado en Adultos / eróticos
260 visitas
Le había propuesto lo de hacer un trío HMH o MHM y como fue siempre su postura, jamás se negó y entusiasta lo promovió, no se pudo con otra minita, todas mis conocidas eran conocidas de mi mujer y Doris no conocía a nadie en la Capital. Sería con otro hombre, propuse a mi compadre, que era ya conocido y sabía de mis aventuras, muchos años atrás, en unas vacaciones, tuvimos sexo con un par de amigas, todos juntos y revueltos, el problema o más bien mi problema era el tamaño de la verga de mi compadre, era enorme y generalmente asustaba a la adversaria, comenté esto con Doris acordando que no entregaría su culito y si no estaba cómoda no habría problema.
Organicé nuestro encuentro con mucho detalle, mi partner vivía sólo en un departamento cómodo, espacioso y porque no decirlo, lujoso y ubicado en un sector adinerado de la ciudad, nos juntaríamos un viernes de tarde-noche hasta el otro día más o menos a la misma hora cuando salía el bus de Doris para su casa en el campo. Ese viernes ella tomaba sus días de descanso, mi señora la llevó a tomar el colectivo a la ciudad, yo saldría al menos una hora después para asistir a un asado de amigos de la universidad con invitación a dormir evitando el manejo en mal estado de intemperancia y almuerzo con piscina al día siguiente, todo estaba coordinado, mi niña me esperaría en el Mall, donde compraríamos comida y bebestibles, además de un buen regalito para Doris de parte de mi compadre. Terminamos las compras, nos dirigimos al auto sin aguantar las ganas de algo rapidito, para liberar un poco de ansiedad y stress, al llegar al departamento de mi compadre, no sé si Doris o el dueño de casa estaba más entusiasmado, nos esperaba y recibió a Doris efusivamente, ella evidentemente nerviosa se reía de las tonteras que hacía o decía mi compadre, como siempre, traté de poner orden y organizar el encuentro, nos esperaba con una tabla de quesos y fiambres, y los quisiéramos beber, no sin antes invitar a nuestra invitada a conocer el departamento, dejar sus cosas en el dormitorio y comenzar a tirar las manos, como siempre había querido, Doris se haría de rogar y resistiría esos embates, como lo habíamos preparado y finalmente se dejaría tocar y besar, para comenzar a calentar el ambiente. Mientras tanto, encendí tv y computador, puse música. una porno, abrí una chela para mí, acomodándome en el bergere de la sala, esperando pacientemente que terminara el recorrido de la casa o lo que fuera, un par de canciones y Doris aparece algo desordenada, chascona y agitada, se sienta en mi regazo, escondiendo la mirada, enterrada en mi cuello, nuestro anfitrión ya prendido avisa que tomará un ducha, preguntando, ¿me acompañan?, aún no, es viernes y quiero relajarme de la semana de pega, Doris sobre mi regazo, estaba realmente nerviosa, ya estábamos de acuerdo en lo que haríamos, ella quería salir de sus dudas respecto del tamaño de la verga de mi socio y cuando estuviera en la ducha, iría a espiarlo, mostrándose impactada por el tamaño de ese pene, para poner incómodo al tercero en discordia, al terminar su ducha y regresar a la sala vestía una polera bien ceñida y un bóxer de algodón que dejaba ver la silueta de su espléndido aparato, le hice una señas a mi partner, para que se acercara y exhibiera su altivo instrumento, mi musa seguía impactada con la visión y seguramente se le hacía agua la boca, comimos, bebimos, escuchamos música y vimos porno y como siempre, para mí la ducha era lo primero, sin decir palabra, mi cómplice siguió mis pasos. La ducha era amplia, pero no lo suficiente para tener entre 3 personas, mi compadre se limitó a observar y masturbarse desde la puerta, al ver como Doris se enfrentaba al sexo, dejando claro que no tenía pudores y menos vergüenza, comencé mi tarea, besos, caricias y calentura por doquier, después de unos minutos, otra señal y mi compadre que estaba seco, envolvió a Doris en una gran toallón, la alzó en sus brazos, para depositarla delicadamente en su cama, comenzando a dirigir las acciones, ya estábamos de acuerdo y la pauta trataríamos de seguirla.
Me alejé en ese momento y disfruté de la vista, mi compadre sin darle siquiera oportunidad y como por arte de magia la despojó de la toalla que la envolvía, comenzando su mejor trabajo de lengua, por todos lados, delante, atrás, tetitas, recuerden que Doris mide 1.50 mts. y mi amigo casi 2 metros, en esos momentos, ya la verga gigante de mi compadre, se escapaba por todos lados de su bóxer, pedí una pausa, obediente mi amigo, recordó el plan, accedió al instante, se retiró delicadamente, en pelotas quedó, dejando ver su humanidad, entera y de gran tamaño, al menos 16 cms. en reposo y más de 20 cms. erecto.
Abracé a Doris y le pregunté, como se sentía, ¿estás bien, quieres seguir?, todas sus respuestas fueron afirmativas, la besé apasionadamente, y los 3 nos miramos en complicidad máxima, jacuzzi pregunté, yo lo preparo, dijo mi socio. Quedamos recostados conversando y comentando respecto de la gran herramienta de mi compadre, al regresar del jacuzzi, pidió mi permiso, tomó la mano de Doris y ésta lo siguió sin oposición, el agua caliente y la espuma, hicieron lo suyo, mi compadre debía darle un orgasmo, con su lengua juguetona y así lo hizo, chupaba y lamía por todos lados, Doris parecía una muñeca de trapo entre sus brazos, yo lo los observaba y entretanto cruzaba mi mirada con la de ella, estaba extasiada, asustada, incrédula, como pidiendo ayuda. Mis ojos decían, tranquila aquí estoy, al rato terminaron su primer enfrentamiento y la cara de ambos era de placer al máximo.
Envueltos en sus toallas se tendieron en la cama sin decir palabra, unos segundos, he interrumpí ese silencio, algo para tomar y me hice lugar entre ellos en la cama y comencé la conversa, ¿y como estuvo?, mi compadre siempre hablador, no decía nada, Doris, estaba roja de calentura o vergüenza, a mí me encantó, dije y las risas de ambos relajaron el ambiente.
La charla comenzó, Doris, interrogaba a mi amigo, nunca habían tenido esta cercanía, se estaban conociendo, ellos conversaban y yo empecé mi labor, mi compadre sabía que tenía sólo un límite, tenía vedado el agujero pequeño, ese era sólo mío, además su pene era tan grande, que podía causar gran daño en ese traserito.
Ellos charlaban y yo chupaba sus tetitas turgentes y sus pezones rosados, los cuales se iban endureciendo rápidamente, basta de cháchara, vamos compadre, a lo que vinimos, cada uno con una misión dar placer, sin esperar recompensa.
Acomodamos a nuestra muñequita de guatita al borde de cama, me enfoqué en sus muslos y traserito, mi partner solicitó una mamada en retribución a sus trabajos de lengua y así continuamos.
Comentarios
COMENTAR









¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales