Bajo el sol del mediodia
Por RoSade
Enviado el 14/04/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Me gusta llegar temprano a la playa, coger un buen sitio y darme el primer baño de la mañana. Dejo el bolso en la arena, estiro la toalla y me siento a contemplar el mar.
Acabo de llegar a la playa. Me bajo del autobús y ahora voy por el paseo hasta el final de este. Me adentro entre las dunas en dirección a la orilla.
"Cogí el bote del bronceador y me lo puse por los hombros y brazos, seguidamente por el vientre y las piernas."
Cogí el bote del bronceador y me lo puse por los hombros y brazos, seguidamente por el vientre y las piernas.
La playa está muy concurrida al ser domingo. La gente pasea por la arena desnuda, sin complejos ante la mirada de todos.
Después de estar un rato tomando el sol, me decido a meterme en el agua. Camino deprisa para no quemarme los pies.
Por fin encuentro un sitio donde estar cerca de la orilla. Dejo mi mochila sobre la arena y, tras clavar la sombrilla, me dispongo a desnudarme.
Me meto en el agua echándome primero por los hombros y el cuello, me zambullo, nado un buen rato, miro dónde he dejado mis cosas y salgo.
De pie frente al mar, siento la brisa cómo acaricia mi piel, calentada por el sol.
Me siento en la esterilla y dejo que el sol seque mi cuerpo. Abro el bolso y busco mis gafas de sol y me las coloco.
Cerca de mí hay una mujer que, a pesar de llevar unas gafas de sol, me resulta familiar, pero no logro saber quién es.
Me estiro del todo, sintiendo cómo el sol calienta mi cuerpo.
Me quedo mirándola intentando averiguar quién es, mientras observo su precioso cuerpo broncearse.
Con las gafas puestas puedo ver a la gente. Enfrente de mí hay un hombre de unos 40 años, la verdad es que no está nada mal.
De repente descubro que es la vecina que vive en mi calle y un fuerte nerviosismo inunda mi cuerpo.
Me pongo boca abajo para observarlo mucho mejor, tiene un cuerpo atlético, pero sin pasarse. Está sentado y mirando hacia donde estoy yo.
Creo que se ha dado cuenta de quién soy y me mira disimulando, vuelta de espaldas.
Me suena de haberlo visto por el barrio. Me doy la vuelta, tengo la boca seca, saco una pequeña botella de agua y bebo un sorbo, dejando caer un poco por mi pecho.
Verla beber me excita y una erección asoma entre mi entrepierna, fruto del deseo.
Sigo con la botella y ahora me la echo por el vientre, dejando que el agua caiga por mi coño, paso mi mano por él y lo masajeo con suavidad.
No puedo creer lo que veo, se está acariciando el coño delante de mí. Estoy muy excitado, aunque avergonzado por si llamo la atención.
Sé que me está mirando, me pongo de lado para que vea cómo me toco. Meto un dedo y lo saco, llevándomelo a la boca, y lo chupo sin apartar la mirada.
No sé cómo reaccionar, la situación me ha pillado por sorpresa y no sé qué hacer. Lo que sí sé es que estoy muy excitado y así se lo demuestro con mi descomunal erección.
Abrí las piernas del todo, acariciaba mi clítoris y un gemido salió de mi boca.
Como una reacción a mi deseo y llevado por el instinto, me masajeo la polla mientras no dejo de mirarla.
Me chupé el labio inferior, ahora me sobaba los pechos. Me puse de cara mirándolo a él con las piernas dobladas.
Ajenos a las miradas de los demás, los dos nos masajeábamos como si fuese un contacto telepático muy intenso.
Abrí del todo las piernas para que viera bien mi coño, introduje un dedo y mi movimiento de cadera lo decía todo, cada vez mis gemidos eran más frecuentes y continuos.
Notaba cómo el sudor me caía por la frente sin saber si era del sol o de aquella calentura que me asfixiaba de ver cómo se tocaba.
No dejaba de mirarlo cómo se masturbaba, me daba fuerte pues quería tener un orgasmo ya. A los pocos minutos tuve un orgasmo brutal, un gemido largo y un grito de placer; durante unos segundos no dejé de suspirar.
Noto cómo un gran chorro de semen sale por mi polla al mismo tiempo que ahogo un gemido.
Me tumbé en la esterilla para descansar.
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