El Pasajero en el Tiempo

Por
Enviado el , clasificado en Ciencia ficción
33 visitas

Marcar como relato favorito

 

**Título: "El Pasajero en el Tiempo"**

En un rincòn del vasto universo, donde las estrellas titilaban como faros lejanos,  la oscuridad se adueñaba de cada rincón, un hombre contemplaba el infinito a través de un ventanal que se asemejaba a un ojo abierto al abismo. Siempre había pensado que el tiempo era un inmenso compás, girando alrededor de un punto fijo, un eje vital que definía su existencia. Sin embargo, ahora, como el único sobreviviente de una tripulación marcada por la soledad, aquella metáfora se tornaba más sombría.

La nave, un artefacto brillante en medio del vacío, se había convertido en una prisión. Sus compañeros, enfermos sin diagnóstico evidente, habían caído en un profundo estado de melancolía. La ausencia de gravedad había despojado sus cuerpos de peso, pero no así de la carga que llevaban en el alma. Recordar la Tierra se volvió un veneno lento; el anhelo por sus seres queridos les había consumido, convirtiéndolos en sombras de lo que eran. Mientras sus corazones se quebraban, él se aferró a la esperanza, imaginando mil maneras de regresar.

 

Hacia un año luz de velocidad media, se dio cuenta de que la Tierra había envejecido siglos. El eco de risas familiares se desvanecía en el aire frío de la nave, y la idea de que nunca volvería a ver sus rostros lo empujó a la desesperación. En un último acto de valentía, decidió arriesgarlo todo. Convocando el poder de la estrella solar más cercana, amplificó la energía, esperando que una singularidad emergiera, creando un agujero de gusano que lo condujera de regreso al punto de inicio.

 

El momento llegó, un ruido ensordecedor reverberó en la nave, seguido de una explosión que la lanzó al infinito. Perdió el conocimiento mientras la nave giraba como un asteroide fuera de control, pero en su interior latía una chispa de posibilidades. Cuando despertó, la luz del sol lo deslumbró. Miró por el ventanal y, sumido en una mezcla de incredulidad y asombro, vio el azul vibrante de su planeta. Había regresado.

 

Su reloj marcaba horas y días antes de su partida. Se sentía como un niño que despierta de una pesadilla, con la oportunidad de corregir los errores que lo llevaron a aquel viaje desgarrador. Un torrente de emociones lo inundó; la melancolía que había consumido a su tripulación era, en efecto, una enfermedad incurable, un mal del alma que nadie podía diagnosticar ni curar. A medida que descendía hacia la Tierra, comprendió que no era solo el deseo de regresar lo que lo mantenía vivo, sino la necesidad eterna de conectar con aquello que amaba.

 

Al aterrizar, se embriagó con el aire familiar y el calor del sol que tocaba su piel. Todo estaba intacto, como si el tiempo nada hubiera robado. Su corazón palpitaba al pensar en encontrarse nuevamente con su familia. Esa segunda oportunidad era un regalo del destino, una lección sobre los lazos que trascienden el tiempo y el espacio. En su travesía, aprendió que, incluso ante la vastedad incierta del universo, hay cosas que son más poderosas que la distancia: el amor, la memoria y el inquebrantable deseo de volver a casa.

 

Así, el pasajero en el tiempo se convirtió en el mensajero de aquello que nunca se pierde: la esperanza eterna de regresar a los brazos de quienes realmente importan.

                                                                           **FIN**


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed