Mi amiga Rosario me visita para que hospede a su hijo en mi casa. 4
Por roberto8
Enviado el 20/04/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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El viernes por la mañana llegó mi amiga Rosario a casa.
-Qué bueno que hayas podido venir temprano, para poder disfrutar juntas toda la mañana, le dije.
Nos empezamos a comer a besos y a magrearnos sin parar por todo el cuerpo, sobre todo nuestras tetas y culos. Ella traía una falda corta y venía sin bragas y sujetador. Luego se quitó el vestido y nos sentamos completamente desnudas a tomar un café, siguiendo con las caricias y algún pico entre sorbo y sorbo.
-Suéltame un poquito de leche, le dije mientras le chupaba una teta con la boca de café, riéndonos las dos.
Le conté que había hablado con su hijo de la información sobre sexo que me pidió. Se le pusieron los ojos como platos, y me preguntó que tal había ido.
-Fenomenal, atendió de maravilla a toda la información que le transmití, y colaboró perfectamente, si tengo que ponerle nota sería de sobresaliente.
-No me lo puedo creer, como ha cambiado mi Raúl, la verdad que haces maravillas, me dijo.
-Comenzamos la clase práctica poniendo un preservativo a un plátano, y continuamos con todo lo necesario para el conocimiento y el aprendizaje necesario que un joven de su edad debe tener sobre sexo.
- ¿Que hicieron, cuéntame?, me preguntó ansiosa.
No sé si te molestará, pero tú hijo está más que preparado, y lo comprobé en mi propio cuerpo. Acabamos en mi cama practicando toda la noche.
-Me parece sorprendente que mi Raúl haya sido capaz, y además de forma tan satisfactoria según me cuentas.
- Puedo decirte que nos comimos a besos por todo el cuerpo, y que su polla probó todos mis agujeros. Tuve varios orgasmos durante la noche y él también se corrió en mi boca, mi culo, mi vagina y sobre mis tetas.
-Tócame, para que veas lo mojada que me has puesto con lo que me estás contando de mi Raúl.
Tengo que confesarte que él es hijo de una anterior relación de mi marido, soy su madrasta desde hace 8 años, que regresó a vivir con su padre y conmigo, pues antes vivía con su madre en La Habana.
Desde hace dos meses lo miro de forma diferente. Fue tras la fiesta de boda de una tía de Raúl, que su padre y él llegaron borrachos. Llevé a su padre a la cama donde quedó tieso y a Raúl al baño, pues se había vomitado. Le quité su ropa y con dificultad lo introduje en la bañera. En el recorrido entre la puerta de la casa y el baño decía que me quería, entre palabras inconexas y toqueteos a mi culo. Estuve enjabonándole todo su cuerpo, mientras él se había quedado dormido, apoyando su cabeza en el borde de la bañera, donde le puse una toalla a modo de almohada. Estuve un rato enjabonando sus genitales, y al ponerse erecta su polla ya no pude despegar mi mano, sino que la estuve masajeando hasta que llegó a correrse y su leche salpicó mi brazo y mi cara. Nuevamente enjaboné sus genitales y aclaré bien todo su cuerpo con la ducha. Yo también entré en la bañera como pude para ducharme de los restos de vomitada, alcohol y esperma de Raúl. Tras secarme yo, lo sequé a él y desnudos los dos, con mucha dificultad lo llevé a rastras a su cama, continuaba sin despertarse del todo y balbuceando algunas palabras que no entendía, salvo "me gusta tu culo". Le puse en la cama y lo tapé con el edredón. Antes de salir de su habitación estuve jugando con mi lengua y la suya y dejé que su mano tocara mi culo, ahora ya sin ropa por medio. Era la primera y única vez que eso pasaba, no ha vuelto a ocurrir. Pero ahora me fijo más en su entrepierna, para ver si la tiene empalmada o no, y cuando no está su padre me visto algo más ligera de ropa, para provocarlo un poco, y me encanta que mis acciones hagan crecer su bulto bajo el pantalón.
-No tendrías que cortarte nada, pues no es hijo tuyo de sangre. Podrías probar más veces a tocarlo y disfrutarlo, le dije. -Aún estoy indecisa, me dijo, pero espero que sea él quien lo intente. No desaprovecho ocasión para un beso en las mejillas, que procuro acercarlo a sus labios, un roce al cruzarnos, y algunas bromas que nos hacen ser más cómplices. Tras comer nos fuimos a la cama, para el último revolcón antes de que llegue Raúl.
Rosario estaba comiéndome el coño mientras yo me amasaba las tetas y vi tras de la puerta, que estaba un poco entreabierta, a Raúl. Me quedé paralizada, no sabía que decir ni hacer. Hoy vino antes de la hora habitual, seguramente se quedó sin comer. Nuestras miradas se cruzaron y pude ver como él se abría la cremallera, sacaba su polla y comenzaba a masturbarse viéndonos. Esa escena me calentó aún más y tiré de mis pezones alcanzando un nuevo orgasmo. Le dije a Rosario que se pusiera un antifaz que le acerqué, para darle más morbo a la situación. Raúl se había quedado desnudo y le indiqué con la mano que entrara, en silencio. Se acercó, se arrodilló en el suelo tras su madrasta, agarró sus caderas y comenzó a acariciar su culo, y a darle palmadas cada vez más fuertes. Ella intentó rodarse el antifaz y mirar hacia atrás, pero yo no se lo permití, agarrando fuerte su cabeza, no dejando que se destapara los ojos y apretándola contra mi coño.
- Sigue chupando perra, que eres una perra y tu misión ahora solo es meter tu lengua en mi vagina y mi clítoris para darme placer, le dije.
Rosario estaba aturdida y aunque sospechaba que podría ser su hijastro, y estaba más caliente por ello, no lo sabía con seguridad.
Raúl se acercó a mí y pude agarrar su polla con mi mano y frotarla un poco antes de llevarla a mi boca. La estuve chupando hasta que se corrió, tragándome toda su lechada, que me supo a gloria. Raúl salió de la habitación y se fue de la casa. Llegó mucho más tarde, diciéndonos que había tenido un examen. Y yo le dije a ella que tengo un buen vecino, a quien le he dado la llave de mi piso, que a veces viene a mi casa y que pronto se lo presentaré.
Al llegar a la casa, un rato después, me pude percatar que Raúl y su madrastra se besaron y abrazaron un poco más cariñosos que de costumbre. Mientras Rosario fue al baño le di un fuerte morreo a Raúl, agarré fuerte su polla a través del pantalón y le conté el cuento del vecino. Antes de salir Rosario del baño fui yo también. Ella estaba sin bragas lavándose. Me agaché y pasé mi lengua por su coño. Ya lo tienes bien limpio, le dije. Ella apretó mi cabeza contra su pubis y me dijo que su estancia en mi casa era un regalo de pura lujuria y disfrute.
-Nunca olvidaré los días que paso en tu casa, son pura felicidad, me dijo.
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