EN EL ROMPEOLAS Y BAJO EL VIENTO
Por Eunoia
Enviado el 17/04/2026, clasificado en Amor / Románticos
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Era bella la vista. Las revueltas y enardecidas olas, con sus altas crestas que rugian, se hundían sumergidas por el bravío viento en ondas que salpicaban metros de altura, recortadas sus espumas retadoras sobre el cielo hosco y de un gris nocturno, habían sido apaciguadas casi de repente. La serenidad volvía a remansar la planicie del mar; retornaba su placidez habitual, el cántico lento, el beso de las lenguas simultáneas e incesantes, con su ondulada linea imprevisible.
Allí, apoyado en la negra balaustrada repintada groseramente, Horacio sacó la fotografía y acarició con su mirada su sonrisa timida, la risa de aquellos labios de líneas seguras, que ahora ya tenían sonido, un certero acento, el tono reposado de la meseta superior. Ya no sólo le hablaban los ojos sabios, el cabello castaño, los dedos sosteniendo los palillos, la inclinación del torso y su querida y sencilla forma de vestir: la melodía manaba de su garganta, brotaba por aquellos labios sensuales. Lo que ahora eran sílabas tiernas, majestuosas tildes y pausas espaciadas eran encadenadas gotas embriagadoras como la uva en sazón: era la deseada voz ya constituida en moléculas de su ser más profundo.
Cuando planeó la blanca vela doble recortando los instantes, él se conmovió enteramente y sintió la seda de su cuerpo levantarse sobre la piel embelesada. Deseando ser eco, sombra, un solo filamento de su cuerpo: latir con ella, sentir sus ríos interiores, oírla susurrar secretos cuando llega el instante de su desvanecimiento...................................
y la tarde siguió en esa primavera tan fecunda, que desgranaba sus párrafos en sus oídos con cada beso revuelto en el rompeolas y bajo el viento.
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