La Odisea de un pay pig III
Por Verga morcilla
Enviado el 24/04/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Había logrado escapar de su cautiverio de los mendigos y execrables escorias que lo tenían secuestrado.
Débil y sin rumbo se vio en la rambla portuaria, era de madrugada, vio un grupo de marineros, de aduana y funcionarios de la policía portuaria fumando y discutiendo en el centro unos bolsones abiertos con unos bloques perfectamente embalados y unos abiertos, en un con un polvo blanco, pensó en un contrabando de harina o azúcar impalpable tal vez clorhidrato de cocaína.
Un guardia lo empuja que haces acá flaco?, el titubeó, uno de los integrantes del grupo de la sustancia blanca se acercó, conoces a este idiota, pregunta el oficial, si dijo el marino en un español horroroso es el puto del cocinero. Están por zarpar, embarquen ya.
Lo llevaron arrastras hasta la cubierta de un buque oxidado y mugriento. Arrodillado quiso hablar pero le metieron una verga en la boca, de vio rodeado de un grupo de morenos pelando la pija y riendo, se desmaya.
El sol le quemó los ojos cuando despertó dentro de un corralito fabricado con pallets estaba amordazado y cubierto de una sustancia blanca, pensó que era crema bronceadora o esperma.
Andrés ya había perdido la cuenta de los días en el "Ebony Terror". El sol le quemaba la piel tatuada, la jaula rosa colgaba hinchada y morada por el ball busting diario, el plug había sido reemplazado por pollas nigerianas una tras otra.
El capitán del barco Olu lo follaba cada noche, subiéndolo como un perro en cuarto patas, de la correa en el cuello que le habían puesto a su camarote, embistiendo con esa polla elefante hasta que Andrés sentía que se partía en dos, semen caliente goteando por sus muslos mientras los marineros lo usaban de urinario colectivo.
Una tarde tormentosa, mientras Andrés estaba atado en cubierta, cubierto de pis seco y scat untado como pintura de guerra, la puerta de la cabina se abrió. Salió Olu, desnudo y sudoroso, polla aún semierecta y brillante. Detrás de él… Viper.
Allí estaba ella, en carne y hueso, no en video. Vestida con un corsé negro ajustado que apenas contenía sus tetas enormes, falda de cuero corta, tacones altos y el collar de tachas que Andrés conocía tan bien. En su mano, la llave de la jaula —la misma que él había soñado durante años. Sonreía con esa crueldad que lo había destruido desde el primer "pay pig".
—Hola, cerdo —dijo con voz ronca, acercándose mientras Olu la abrazaba por detrás, manos enormes apretando sus tetas—. ¿Te sorprende? Soy la esposa de tu capitán. Siempre lo fui.
Olu gruñó una risa profunda, besándole el cuello mientras su polla elefante rozaba la espalda de Viper.
—Mi reina nigeriana —murmuró él—. Ella me contó todo sobre ti desde el primer tributo. Planeamos cada paso: la cárcel, la calle, la mugre, el camión de basura… te trajimos aquí para que seas nuestro juguete compartido.
Viper se agachó frente a Andrés, agarrándole la barbilla con uñas rojas.
—Mientras tú mendigabas con travestis sifilíticas y comías scat de borrachos, yo estaba en la cama con Olu, contándole cómo te rompía la mente. Cada video que enviaban me hacía correrme más fuerte. Ahora estás aquí, en nuestro buque, para servirnos a los dos.
Lo desataron solo para arrastrarlo a la cabina privada del capitán. Allí, Viper y Olu lo usaron como nunca. Primero, ball busting en pareja: Viper pateaba sus bolas encerradas con tacones afilados, Olu las aplastaba con puños enormes. Andrés gritaba, lágrimas mezcladas con piss que Viper le escupía en la cara.
Luego, scat y piss ritual: Viper se sentó en su cara, cagando directo en su boca mientras Olu le follaba el culo con la polla elefante. "Come lo que tu Diosa produce, toilet slave", ordenaba ella, mientras Olu embestía y gemía: "Mi esposa sabe cómo romper putas blancas".
Aisha, la cocinera caníbal lesbiana, entró a la fiesta. Mordió los muslos de Andrés hasta dejar marcas, lamió la sangre mezclada con semen, y luego cagó en un plato para que Andrés lo comiera mientras Viper y Olu follaban frente a él.
Viper montaba la polla monstruosa de su marido, tetas rebotando, mirando a Andrés con desprecio:
—Mírame, cerdo. Esto es lo que nunca tendrás. Solo puedes lamer los restos.
Los marineros dotados entraron en tropel. Viper dirigía la orgía: Andrés como centro, chupando pollas nigerianas mientras Olu lo sodomizaba por detrás y Viper le pisaba las bolas. Piss llovía de todos lados, scat untado en su cuerpo como lubricante, ball busting constante hasta que sus huevos quedaron negros e inútiles.
Al final de la noche, Viper le quitó la jaula… pero no para liberarlo. Le metió un nuevo candado más pequeño, con púas internas que pinchaban cada vez que intentaba endurecerse. Luego, Olu lo tatuó en la frente: "Esposa de Olu – Toilet de Viper".
Viper se inclinó, besándolo en los labios manchados de mierda y semen.
—Nunca escaparás, pig. Este buque es tu cárcel eterna. Sirve a mi marido, come mi scat, bebe nuestro piss, y sufre ball busting diario. Cada puerto nuevo, más degradación. Y yo… yo siempre estaré mirando, corriéndome con tu ruina.
Andrés, destruido del todo, solo pudo susurrar entre sollozos:
—Gracias… Diosa Viper… Capitán Olu… soy su esclavo para siempre…
El buque siguió navegando hacia África, con Andrés como el toilet slave oficial: propiedad compartida de la pareja más perversa del mar.
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