EL RESTAURANTE DE MARINA 1
Por franciscomiralles
Enviado el 21/04/2026, clasificado en Cuentos
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A mediados del siglo XX en la calle principal del pueblo marítimo del litoral catalán llamado El Masnou, que estaba frente a la vía del ferrocaril que daba a una playa con un plateado mar, había un popular restaurante en el que yo había ido con mi familia a almorzar en varias ocasiones de nombre "EL CARAVEL" que su fama se debía tanto al abundante menú que servían (tres platos) como al módico precio del mismo.
Dicho lugar cuyo comedor era una estancia de aspecto bastante rústica, algo destartalada; con unas largas mesas para varios comensales, la cual comunicaba con un patio trasero en el que había los lavabos, estaba regentado por una mujer de cierta edad vestida de negro que había enviudado hacía tres años y su avispada hija Marina, que se trataba de una joven delgada, de piel blanca puesto que como mucha gente de aquel municipio en verano apenas iba a la playa. Y a veces, si las dueñas del local no tenían demasiado trabajo se entretenían hablando un poco con algunos clientes asiduos.
- Este es un pueblo bastante pintoresco, que tiene la ventaja de estar cerca de Barcelona - le comentaba un comensal de mediana edad a Marina mientras ésta le servía el segundo plato.
- Es un pueblo esencialmente marinero..Yo recuerdo que cuando era pequeña, mi padre que fue el que fundó este restaurante, me llevaba muchas mañanas a la playa para ver llegar a los pescadores que regresaban en sus barcas con sus mercancías; y muchos de ellos venían a desayunar en nuestro restaurante. Eran amigos de la casa y todos nos conocíamos - le respondió Marina con cierta nostalgia.
Marina y su madre solían trabajar a destajo las fiestas señaladas y muchos fines de semana; pero los demás días laborales había veces que apenas tenían clientes; sólo unos pocos habitantes del pueblo, y algunos funcionarios del Ayuntamiento.
- Los domingos es cuando hacemos más recaudación - le dijo Marina a su madre.
- Sí. Los trabajos que dependen del público tienen estos altibajos. Hay veces que te matas trabajando y en cambio,en otras ocasiones te mueres de aburrimiento- le respondió su madre quejumbrosa-. Un día, cuando yo me vaya de este mundo ¿qué será de este restaurante tan querido en este pueblo y que lo levantamos entre tu padre y yo? - se dijo para sí la madre de la chica en un tono plañidero.
- ¡Calle, madre, calle! No me gusta que diga esas cosas - la reprendió la hija.
Se acercaba el verano, y a principios del mismo llegó el día de San Pedro que por ser el patrón del pueblo era fiesta oficial. Y además de un solemne acto religioso en la iglesia de la villa se organizaban diversos eventos lúdicos, como por ejemplo conciertos al aire libre, fuegos artificiales en la playa, o diversos juegos populares y por supuesto baile por la noche en el patio del Casino de la localidad.
Como era de esperar Marina asistió aquella noche de San Pedro al baile del Casino en compañía de unas viejas amigas. Mas no se imaginaba que allí congeniara con un joven alto, fuerte y decido; dos años mayor que ella llamado Anselmo Fábregas que trajaba de jefe del personal de cocina en un restaurante de la Barceloneta, el cual trató a Marina como si la conociera de toda la vida; pues se notaba que anhelaba compañía femenina dado que él vivía solo en un piso del pueblo vecino de El Masnou. Tanto fue así que aquel joven rondaba continuamente a Marina y ambos empezaron a salir juntos con regularidad, hasta. que por fin se enamoraron y decidieron formar una pareja estable..
- Madre. Le he de decir una cosa - le anunció Marina a la fueña de El CARAVEL-
-¿Si? ¿qué me tienes que decir? - inquirió la madre espectante.
- Tengo novio. Se llama Anselmo, y trabaja en un restaurante de la Barceloneta.
- ¡ Vaya! Mira que bien. Pero tú tienes que mirar si este chico es honrado y trabajador como lo fue tu padre - le respondió su madre muy seria.
- Claro que lo es, madre.
Anselmo y Marina se casaron al cabo de un año de haberse conocido en la iglesia del pueblo, y el hombre dejó su trabajo en el restaurante de la Barceloneta para dedicarse por entero al CARAVEL.
Mas aquello para las dos mujeres significó un problema.
Anselmo prefirió centrarse en la administración del restaurante; pero había ocasiones en las que su mujer Marina al regresar a su casa tras una agotadora jornada de trabajo sirviendo comidas, se lo encontraba echado en el sofá con la mirada perdida en un punto indefinido; era como si él se fijara en un horizonte vital inexistente; utópico. Y esto a Marina la sacaba de quicio.
- ¡Ay, ay...! Tu marido es un gandúl. Parece que no le gusta trabajar - la pinchaba su madre cada dos por tres mientras lavaban los platos.
- ¡Calle madre! El trabaja de otra forma - replicaba Marina sin ninguna convicción puesto que ella pensaba lo mismo que su progenitora.
Un día en que Marina llegó a su casa más cansada y de más malhumor que de costumbre, al ver a su marido una vez más sentado en un sillón con su ensimismada mirada, ella estalló.
-¡Ya está bien de hacer el ganso, chico! ¡Con el cuento de administrar el restaurante, te pegas la gran vida mientras que nosotras trabajamos como burras! ¿Es que no te gusta este trabajo? Si sigues así, nuestro matrimonio se va a pique. - le avisó ella con indignación.
CONTINÚA
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