EN LA TRASTIENDA (II)

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
43 visitas

Marcar como relato favorito

EN LA TRASTIENDA (II)

(Continuación)

 

Miré al hombre: no perdía detalle con sus ojos negros.

Su boca se pegó al coño y comenzó a chupar con fruición. Los sonoros chupetazos me producían un intenso placer. Lamió mi joyita tan delicadamente que no hubiera querido otra cosa hasta correrme, pero ella introdujo los cuatro dedos e hizo que se expandiera mi carne regada de néctar vaginal. Los dedos recorrían el pasillo resbaladizo, mientras ella aplicaba a mi clítoris su sabiduría mamatoria. Se notaba su experiencia. El cunnilingus más maravilloso que me habían hecho jamás. Junto ambas. Claudio parecía también muy excitado. Se había abierto el pantalón. Vi cómo se toqueteaba sus bolas y un grueso falo erecto; lo hacía despacio, deleitándose viendo cómo su mujer me comía la almeja goteante, bebiendo mis jugos vaginales, sin perderse detalle cuando su lengua recorría cada milímetro de mis labios y se hundía en la caverna ardiente que reclamaba sus caricias, el serpenteo de la lengua por el clítoris hinchado, violáceo, que deseaba estallar en un galope violento chocando con aquellos labios sáficos de mujer madura y experta.

Ella metía su lengua en mi coño y ahora daba vueltas con los dedos a mi capullito. Él amasaba el glande colorado. Yo observaba su pajeo también experto, como entreabría el agujero del cipote tieso y vertical, trazaba círculos sobre la corona salida del glande. La cabeza de ella subía y bajaba mientras chupaba mi vulva. Su saliva resbalaba desde la entrada de mi chocho hasta el otro agujerito radial... Yo deseaba mas5; lo deseaba todo y ella lo sabía, como supo desde el principio que quería ser suya; que mis pezones se pusieron erectos al desear que los ticase, los ofllizcase, los besara y los chupara, igual que mi coño hambriento de placer.

Lo supo. Sí, y me abrí al máximo cuando su dedo acarició el borde prieto, las líneas perpendiculares de mi ojete mojado por la mezcla de saliva y mi propio flujo. El dedo escarbó sinuoso y suave, salió y entró antes de hundirse completamente con un movimiento en espiral dentro de mi ojito del culo. Lo sentía acariciando por dentro, besando a cada salida y entrada, combinado por el chupeteo de mi capullito..., sus dedos cepillando mi felpudito rizado y espeso. 

Ya no pude más y empecé a gemir cuando noté que me llegaba el clímax y cuando me vine entre sus caricias y besos a mi almejita chorreante rugí de gusto. Me convulsioné una docena de veces y acodada en la mesa seguí contemplando a mi masturbadora con la falda subida, la braga echada a un lado y pajeándose enérgicamente...lo mismo que su hombre. La pija tiesa y su glande grueso, sus dedos apresando la tranca venosa, el brillo del mástil con la piel relampagueando y aquella abertura circular que aparecía y desaparecía entre sus dedos.

De repente ella sacó su dedo de mi dilatado agujero anal, dio un último beso a mi coñito y bajó la mirada a su propio coño, a su piel blanca y rasurada, a los labios colgantes, gruesos. Se abrió el cáliz y pude ver un gran fruto rizado y brillante. Sus dedos lo frotaban en rotaciones cada vez más veloces... Y pareció que más que un gemido fue un llanto contenido lo que brotó de su boca abierta cuando se corrió. En aquel momento preciso Claudio aulló y un torrente lácteo trazó un arco que cayó salpicando en parte el cabello de ella y unas gotas calientes me salpicaron el vientre. La cúspide de aquella polla grande expulsaba un torrente de esperma espeso, una y otra vez se vertía y resbalaba entre los dedos del hombre.

Ella se giró hacia el lado, donde Claudio continuaba con los labios convulsionantes y la verga entiendo un río de leche a sacudidas, se abocó al sexo y lamió el semen de los dedos de él para terminar metiéndose en la boca todo el pollón de su compañero. Sus mejillas reflejaban los movimientos de succión. Él se estremecía; había soltado la polla que estaba casi completamente dentro de la boca de ella. Segundos después, ella sacó la polla y mostró su lengua con una cala de esperma. Sin dejar de mirarle tragó sonoramente la cremosa muestra masculina y repasó con la punta de la lengua los labios carmesíes ya bastante despuntados.

Yo extenuada me dejé caer boca arriba. Ellos ya de pie me observaban tumbada, desnuda y satisfecha. La mujer se recolocó la braguita sobre toda la superficie de la vulva. Así, depilada completamente, con sus labios salidos y atractivos parecía un coño juvenil. Él se bajó los pantalones y se metió el falo, todavía empalmado y con una gotita como una pequeña cúpula translúcida en el grueso capullo. Yo bajé de la mesa notando como la humedad mojaba mi entremuslo, y me puse la braguita y el sostén.

—¿Ha sido placentero?

Asentí sonriendo. Ella se bajó la falda.

—Nosotros lo venimos haciendo desde tu edad —miró a su pareja—... más o menos. Aprendimos a dejar los prejuicios morales y a dejar que fluyesen nuestros instintos sin los límites que nos imbuyeron desde la infancia.

—La experiencia —respondí con franqueza— ha sido genial, formidable, y quiero repetirla.

—Háblalo con tu pareja —intervino Claudio.

—¿Francisco?... No, él no sale del coito en la postura del misionero; incluso dudo que tenga fantasías sexuales.

—Podemos quedar los tres, cuando te parezca.

Entonces me acordé:

—Dentro de dos semanas Paco se va con su grupo ciclista al sur... ¿podemos vernos en mi casa?

Ella sonrió, abrazó a su hombre y dijo:

—Con la condición de que la próxima invirtamos los papeles.

Terminé de vestirme y cuando salimos del cuarto les dije:

—Lo iba a proponer yo..., porque me quedé con las ganas

(Fin)


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

ElevoPress - Servicio de mantenimiento WordPress Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed