Denunciar relato
Decidí ser isla a merced de las olas,
ese lugar desconocido del que solo se habla entre susurros,
refugio de naufragios en medio de las tormentas situando sobre mi el ojo del huracán.
Y contra todo pronóstico, el mar supo tallar mis acantilados y ofrecerme tesoros de los que pocas personas tienen noticia,
no como ofrenda, sino en depósito para su protección, hasta que el nuevo día en calma y con un radiante sol surgiendo en el horizonte les permita continuar su viaje.
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