Medidas de emergencia - Parte II
Por Carol178
Enviado el 27/04/2026, clasificado en Adultos / eróticos
39 visitas

Parte II de Medidas de Emergencia
La segunda escena fue diferente, más planeada, pero peor para mí en lo personal. Era una supuesta 'cámara escondida' en un gimnasio falso que armaron en un local alquilado. Yo fingía ser una clienta nueva, y mi 'instructor' era un inmigrante negro de unos 45 años, grandote, con músculos de gimnasio y piel oscura brillante de sudor. Se llamaba algo así como Mamadú, con voz grave y acento que no supe identificar. Empezamos con estiramientos: él me tocaba las piernas, subiendo las manos por mis muslos cortos, y yo sentía su erección presionando contra mi culo cuando me ayudaba a agacharme. 'Relájate, Isabel', me dijo, pero sus ojos decían otra cosa. Pronto, la cámara 'escondida' capturó cómo me quitaba la camiseta de deporte, exponiendo mis pezones oscuros y duros. Me besó el cuello, mordisqueando, mientras sus manos grandes amasaban mis tetas, pellizcando los pezones hasta que dolió un poco. Yo respondí, bajándole los shorts, y ¡Dios!, su polla era enorme, gruesa como mi muñeca, venosa y negra, apuntando al techo. Me arrodillé y traté de chuparla, pero apenas cabía en mi boca. Lamí el tronco, succioné la cabeza hinchada, sintiendo el sabor salado de su prepucio. Él gruñó, agarrándome el pelo, y me folló la boca despacio, entrando y saliendo, babas goteando por mi mentón.
Luego me levantó como si nada, poniéndome contra la pared de espejos del gym. Me quitó las mallas, exponiendo mi coño depilado, mojado a pesar de todo. Empujó su verga contra mis labios vaginales, frotando la cabeza enorme arriba y abajo, lubricándome con mis jugos. 'Vas a disfrutar esto', murmuró, y entró de golpe. Dolor, puro dolor al principio. Era demasiado grande; sentí que me partía en dos, mis paredes estirándose al límite. Grité, pero el guion pedía gemidos de placer, así que lo convertí en un aullido erótico. Empezó a follarme fuerte, sus caderas chocando con las mías, la polla hundiéndose hasta el fondo, golpeando mi cérvix con cada embestida. Yo me aferraba a sus hombros anchos, mis uñas clavándose en su piel, mientras él me levantaba una pierna para ir más profundo. Sudábamos, el aire olía a sexo y esfuerzo. Cambiamos: me puso en el suelo, sobre una colchoneta, y me montó en misionero, sus bolas pesadas golpeando mi culo con cada empujón. '¡Más duro!', fingí pedir, pero en realidad rogaba internamente que terminara. Su verga me rozaba el clítoris con cada salida, enviando chispas de placer mezclado con ardor. Me volteó a cuatro patas, agarrándome las caderas, y me sodomizó el coño desde atrás, su vientre contra mi espalda, follándome como un animal. Sentí sus dedos en mi ano, presionando, pero no entró. Finalmente, se corrió dentro, un chorro caliente y abundante que me llenó, goteando por mis muslos cuando sacó. Me dolió dos días después, caminando con las piernas separadas. No me gustó, la verdad; era demasiado, y él era profesional, pero frío. En la web, se ve intenso, y mi perfil en IAFD lo lista como 'interracial gym fuck'. Gané otros 500 euros, pero juré no repetir con alguien así.
La tercera fue la mejor, la que casi disfruté de verdad. Era una escena normal, en un hotelito de Madrid, con luces suaves y una cama grande. El chico era español, de 24 años, guapo como un modelo, con pelo oscuro, ojos verdes y cuerpo atlético sin exagerar. Se llamaba Miguel, y desde que nos presentaron, bromeamos. '¿Nerviosa, peruana?', me dijo riendo, y yo le contesté: 'Tú verás si aguantas el ritmo andino'. Empezamos en la ducha, el agua caliente cayendo sobre nosotros. Me enjabonó las tetas, frotando los pezones con sus palmas, y yo le lavé la polla, que se endureció rápido en mi mano, mediana pero perfecta, curvada un poco. La chupé bajo el chorro, agua mezclándose con mi saliva, lamiendo desde la base hasta la punta, metiéndomela hasta la garganta mientras él gemía y me acariciaba el pelo mojado. 'Eres una diosa', dijo, y nos reíamos cada vez que su pene húmedo se me resbalaba de la boca.
Salimos a la cama, secándonos a medias. Me acostó boca arriba y me comió el coño, su lengua lamiendo mis labios, chupando el clítoris con succión suave, metiendo dos dedos dentro para curvarlos contra mi punto G. Gemí de verdad esta vez, arqueando la espalda, mis jugos cubriéndole la barbilla. '¡Sigue, chiquito!', le pedí, y él rio: '¿Chiquito? Ya verás'. Me penetró en misionero, su polla deslizándose fácil en mi coño húmedo, embistiendo lento al principio, construyendo ritmo. Sus caderas giraban, rozando todo dentro de mí, y yo envolví mis piernas alrededor de su cintura, clavándole las uñas en la espalda. Cambiamos a vaquera: me subí encima, cabalgándolo, mis tetas rebotando mientras subía y bajaba, su verga golpeando profundo. Reíamos cuando perdía el equilibrio, y él me agarraba el culo para guiarme. '¡Más rápido, Isabel!', bromeó, y aceleré, sintiendo el orgasmo venir, mis paredes contrayéndose alrededor de él.
Luego, a cuatro patas: me folló desde atrás, una mano en mi cadera, la otra pellizcando mi clítoris, embestidas fuertes que me hacían jadear. '¡Me encanta tu culo peruano!', dijo, y yo respondí: '¡Y tu polla española!'. Nos volteamos a cucharita, él detrás, metiendo despacio mientras me besaba el cuello, su mano masajeando mis tetas. Terminamos con él encima otra vez, acelerando hasta correrse en mi barriga, chorros blancos calientes salpicando mi piel. Yo llegué al clímax justo después, temblando bajo él. Duró una hora, llena de risas y placer real. En la web, es mi favorita, titulada algo como 'hot latina with young stud'. Los 500 euros finales me salvaron, pagué deudas y envié dinero a mi hija.
Ahora, miro mi perfil en IAFD y me siento como una actriz de verdad, una estrella del porno con tres escenas bajo el brazo. Pero el miedo persiste. Mi hija es lista, siempre usa internet; ¿y si ve a su mamá gimiendo en videos? ¿O mi familia en Perú, escandalizados? Por eso no he firmado más contratos. La productora me ha llamado dos veces, pero he dicho que no. Madrid es dura, pero este secreto me pesa. Tal vez algún día cuente todo a mi hija, o quizás siga como un sueño loco que me sacó del pozo temporalmente. ¿Quién sabe? La vida es impredecible.
Fin.
Comentarios
COMENTAR









¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales