Parte 1:Apartamento compartido

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Había alquilado un apartamento por unos días en la playa. Al entrar, dejé la maleta en el dormitorio y, de pronto, escuché desde el baño el sonido del agua cayendo.

Una vez duchado, me sequé con la toalla y salí al comedor. Me gusta pasearme desnudo por la casa.

De repente, una mujer apareció en el salón y se detuvo en seco al verme.

Me sorprendí al verla y, avergonzado, me tapé los genitales con las manos. —¿Quién es usted y qué hace aquí? —pregunto.

—Seguro que la agencia se ha confundido. Voy a llamar —dijo ella.

Habló con la chica y esta le informó que no quedaban más apartamentos libres y que tendría que compartirlo. Por las molestias, le regalaba tres días más gratis.

Él la veía hablar por el móvil, incómodo por estar desnudo, y estuvo a punto de irse. Pero esperó a que terminara, incapaz de moverse.

No estaba de acuerdo, pero no tuvo más remedio que aceptarlo. Se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro.

—Habrá sido una equivocación. Este apartamento lo reservé yo —dijo ella.

Sí, pero no queda ninguno libre. Será mejor que se vista —dijo ella.

Sí… creo que será lo mejor —respondió él—. Voy para el aseo.

El apartamento era encantador: pequeño, con una cocina americana que daba al salón, un sofá cama, una habitación de matrimonio y un baño.

Ya enrollado una toalla a la cintura, salí del aseo. —¿Quiere tomar algo? —pregunté.

—Antes dejemos las cosas claras —dijo ella con firmeza—: usted dormirá en el sofá y yo en el dormitorio.

—Podemos dormir los dos en la cama —propuso él—. Es una cama de matrimonio. Tenemos espacio de sobra para dormir.

—¿Qué se ha creído? ¡Ni loca me voy a acostar con un extraño! —exclamó ella, indignada.

—Solo lo decía por estar más cómodos los dos —respondió él, algo avergonzado.

—Me lo pensaré —respondió ella con un suspiro—. Ya no iban a ser las vacaciones que yo esperaba.

—Si quiere darse una ducha y luego organizar sus cosas… —dijo ella, suavizando un poco el tono.

—Como quiera. Yo tomaré un poco de aire en el balcón. Desde allí se siente la brisa del mar —dijo él.

Sí, le avisaré —respondió ella.

Cogí la maleta y la puse encima de la cama. Saqué todas mis cosas, cogí mi toalla, mi gel y me dirigí al baño. Eché el pestillo.

Me desnudé, abrí el grifo de la ducha y dejé que el agua cayera sobre mi cuerpo. Estuve bastante rato bajo el chorro. Después, me puse el albornoz y salí. Me giro antes de entrar al dormitorio y te veo en el balcón. Me pongo unos short cortos y una camiseta.

Entro en el comedor y me quito la toalla.

Salgo del cuarto y digo: "Ahora si me tomaría ese café ". Me quedo parada en medio del comedor al verte otra vez desnudo.

Veo tu sorpresa y sonrío-Me  gusta ir desnudo por la casa, si no te importa.

Pero no está solo, estoy yo-digo.

-Puedes ir desnuda... así no nos incomodaremos ninguno de los dos.

Me acerco a la cocina y me preparo un café, sin hacerle caso.

Voy a la cocina.-Perdona si te ofendí ... no lo decía en serio.

Cuando me tome ese café, quiero echarme un rato: este viaje ha sido muy largo y pesado. Echo el café en una taza y, mientras bebo, miro por el borde de la taza. Tiene un cuerpo atlético. Para tener más de cuarenta años, está muy bien.

Lo comprendo -dijo el. Veo como me miras con disimulo y una leve sonrisa aparece en mis comisuras de los labios.


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