
Va Maruxa a toda prisa, se cruza con una amiga. Le dice: «Tengo prisa, hablaremos otro día».
Al poco la vuelve a ver, esta vez sí se detiene. Se ponen a cotillear, una cosa que entretiene.
Es la típica pregunta: «¿A dónde ibas tan de prisa? Si era un día normal y este día no hay misa».
«Tenía cita en el médico, iba con la hora pegada. Necesitaba un diagnóstico y, además, que me mirara».
«No me digas que estás mala, si estás hecha una rosa. Con un estupendo cuerpo, cada día más hermosa».
«De presencia estoy muy bien, todos dicen: "¡Qué maja!". Lo que me está molestando es lo de la parte baja.
Que unos días me pica y otros días ni lo siento. Es una cosa muy extraña, y no creas que te miento».
El doctor la mandó al ginecólogo, este rápido le dijo: «Olvídate de hacer el amor... ¡puedes fundir el chorizo!».
La miró con mucha ciencia, le hizo una exploración. No tardó ni diez minutos y encontró la solución.
Me preguntó de dónde era, le contesté: «De Padrón». «¡Pues deja de comer pimientos, que unos pican y otros no!».
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